La función de las emociones

La función de las emociones

Durante mucho tiempo se ha considerado que la mejor forma de tratar las emociones es eliminándolas porque nos hace más eficaces. Pero, ¿es eso cierto? ¿usar la lógica a la hora de tomar decisiones es mejor que dejarse influir por tus emociones? Más que si es cierto o no, resulta imposible tomar una decisión sin una emoción, ya que las emociones son automáticas, innatas e instantáneas y, por ende, no podemos evitarlas. Esta creencia que eliminándolas es la mejor forma de lidiar con ellas son conceptos que hablamos en un artículo ya publicado: Entendiendo las emociones”.

Pero ahora me gustaría que profundizásemos más en el por qué y para qué de las emociones y que, en próximos artículos, pudiésemos hacer un abordaje de cada una de las emociones básicas en concreto. Porque, al fin y al cabo, es así como facilitaremos la identificación y la gestión emocional.

Según Reeve (1994), las emociones tienen tres funciones principales:

Funciones adaptativas

Las emociones sirven tanto para facilitar conductas apropiadas ante los estímulos que nos puedan aparecer, como para comunicarnos, expresando nuestra reacción afectiva a otros individuos. Las emociones prepararan al organismo para que reaccione de forma eficaz ante las condiciones ambientales, dirige la conducta hacia un objetivo determinado y moviliza la energía necesaria para ello.

Por ejemplo, el miedo tendría tanto una función que favorecería la lucha, la huida o la parálisis corporal defensivas, como una función al comunicarle a otra persona cómo nos sentimos y poder apaciguar una reacción intensa cuando nos agreden.

Funciones sociales

Como ya adelantábamos, una función importante es la de realizar un intercambio informativo, es decir, la de comunicar de forma no verbal. Para ello la expresión emocional permite a los demás predecir el comportamiento que vamos a desarrollar, y viceversa.

Dentro de las funciones sociales podemos destacar varias: nos ayuda a facilitar la interacción social, controlar la conducta de los demás, permitir la comunicación de los estados afectivos y/o promover la conducta prosocial.

Por ejemplo, así como emociones como la alegría favorecen los vínculos sociales, el enfado puede generar respuestas de evitación o confrontación.

Es verdad que la expresión emocional es beneficiosa, tanto porque reduce el trabajo que supone inhibirse, como porque favorece la creación de una red de apoyo social. Sin embargo, la represión emocional también tiene una función adaptativa a nivel social, tanto porque hay ciertas emociones que si las expresásemos sin una adecuada regulación emocional o en un momento inadecuado podrían generar rechazo por parte de los demás, como porque podrían alterar nuestras relaciones sociales alterando la estructura y funcionamiento de ciertos grupos.

Funciones motivacionales

Hay una íntima relación entre emoción y motivación, esta relación se establece gracias a dos características que se encuentran en común tanto en la emoción como en la motivación: la intensidad o energía que se encuentra a nuestra disposición y la capacidad de dirección hacia un objetivo. Así, la emoción correlaciona con la motivación puesto que aporta intensidad y, por lo tanto, energía, que es el sustento de la motivación, y, además, dirige la conducta, es decir, facilita o inhibe el acercamiento del objetivo de la conducta motivada. Pero este proceso también sucede a la inversa, puesto que tanto en toda conducta motivada se producen reacciones emociones, como una emoción puede determinar la aparición de la conducta motivada.

Por ejemplo, la tristeza nos predispone a realizar una determinada conducta y, dependiendo de su intensidad y agrado/desagrado, puede hacer que una persona llore a solas o busque apoyo en otras personas.

Así, además de su triple función, las emociones producen un triple efecto en las personas. Por un lado, generan consecuencias subjetivas, que manifestamos en forma de sentimientos o estados emocionales. Por otro lado, efectos fisiológicos, los cuales se refieren a las alteraciones que esas experiencias provocan en nuestras células, tejidos, órganos u organismo en general. Finalmente, podemos hablar de las emociones como motivadoras de conductas.

Freedman refería lo siguiente

la inteligencia emocional es una forma de reconocer, entender y elegir cómo pensamos, sentimos y actuamos. Forma nuestras interacciones con otras personas y nuestro propio entendimiento. Define cómo y porqué aprendemos; nos permite establecer prioridades; determina la mayoría de nuestras acciones diarias. La investigación sugiere que determina al menos el 80% del éxito en nuestras vidas”.

Es por ello que son tan importantes las emociones para nuestra vida, sin ellas se haría muy complicada la interacción social y seríamos incapaces de adaptarnos al medio, por ende, se reduciría nuestro sentimiento de bienestar.

Entonces, ¿a qué esperamos para empezar a validarlas? Si quieres saber más sobre esto, hablaremos en un próximo artículo sobre identificar y gestionar emociones, además, puedes leer este artículo sobre validar emociones.

Aurora Veiga

Psicóloga

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