¡Y se armó el Belén!

Es curioso el sentido que se le otorga a esta frase hecha (montarse un follón, un lío) que contrasta con la imagen de paz, tranquilidad y amor que socialmente se nos intenta transmitir en estas fechas navideñas en las que abundan las reuniones familiares. Y es que para mi esta frase ,que nace del caos de las representaciones del belén populares, refleja muy bien la realidad de muchas familias en esta época del año: prisas por aquí, estrés por allá, la desgana de algunos, las malas caras de otros, los reencuentros, los desencuentros, las risas, las discusiones… es decir, la otra cara de la Navidad.

Hay familias de todo tipo y cada uno tiene la suya, la que le ha tocado. En ocasiones, la propia familia puede coincidir con la que uno elegiría si esto fuese posible, pero en muchas otras no es así. Hay para quien estas fechas suponen un compromiso ineludible del que les gustaría poder prescindir, pero no pueden, y para quien la Navidad es la época perfecta, esa en la que se reúnen con personas a las que quieren y no ven tan a menudo como desearían.

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Pensemos en una familia ficticia, esa en la que “cenar en familia “se convierte en una regla inquebrantable que nadie se atreve a romper, esa de la que pocos disfrutan pero en la que todos tratan de mantener la apariencia de “todo está bien”. Una familia con obligatoriedad del disfrute y negación de la emoción ajena (“deberías estar más animado”) y con una comunicación, en general, negativa y contradictoria (”con esa cara no te queremos aquí”, pero pobre de ti si no vienes…). Esa familia en la que siempre hay culpables para todo, llegando a tener un chivo expiatorio sobre el que cargar las culpas y liberar así la conciencia del resto. Una familia para la que las reuniones son un engorroso trámite por el que deben pasar y que saben, con casi total seguridad, que acabará en conflicto.

¿Os hacéis una idea?

Pues bien, desde la terapia familiar sistémica podemos clasificar este tipo de familia dentro de uno de dos grandes grupos: familias sanas o funcionales y familias disfuncionales. En las primeras existe un clima emocional positivo, en la que los diferentes miembros de la familia se dan apoyo y sostén emocional; la comunicación entre ellos es clara y directa, sin dobles intenciones, tienen un sentimiento común (un “nosotros”), pero fomentan la autonomía e independencia de cada una de las personas, comprendiendo además, que el proceso dentro del ciclo vital de la familia sana es irse disolviendo. En las familias disfuncionales, en cambio, el clima emocional es sofocante e intolerable, nunca se valida al otro y no se consienten determinadas emociones, la comunicación entre los miembros está perturbada, es confusa, con mensajes paradójicos y contradictorios, existen mitos rígidos y secretos familiares, coaliciones entre miembros, parentalizaciones y otros modelos de relación tóxicos, además la autonomía de cada individuo es baja, dificultándose su desarrollo personal.

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Podréis intuir que aquellas familias en las que con mayor probabilidad se producirán situaciones de tensión emocional, discusiones y conflictos durante cualquier reunión, será en las familias disfuncionales. Es más, en estas familias si se producen discordias, derivarán en grandes conflictos que pueden terminar con la ruptura de la unidad familiar o suponer el punto y final de dichas reuniones. Por otra parte, hay que señalar que en las familias sanas también pueden producirse polémicas, ya que los diferentes puntos de vista, la individuación e la independencia de ideas son algunas de las características que se fomentan en ellas, pero en estos casos, las familias sanas serán capaces de resolver la situación, restituir el clima emocional, tender al equilibrio y la validación de la opinión de cada uno de sus miembros.

La familia es el grupo social básico en todas las culturas y el primer sistema que conocemos, en el que nos educamos y del que aprendemos. La forma de actuar, de relacionarnos y de comunicarnos en nuestra familia nos influirá durante toda la vida, de tal manera que para un individuo cambiar esta pauta supone un gran esfuerzo, pero no es imposible.

Quizás estas fechas sean el momento perfecto para observar y reflexionar: ¿Cómo es mi familia?

Nuria Mumary Farto
Psicóloga y terapeuta familiar

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