Una historia, un pasado, una adopción ¿y después?

Las diferentes situaciones que hemos vivido nos influyen en la forma de hacer las cosas y de comportarnos, es nuestra mochila, donde vamos guardando las experiencias positivas y negativas. En el caso de la adopción, muchas de estas experiencias no son buenas.

Es difícil hablar de adopción en términos generales, ya que cada niño es único y, sobre todo, más allá de sus características propias, la historia vivida por cada uno de ellos es diferente.

Todos los niños adoptados tienen algo en común, han sufrido la separación de su familia de origen e, independientemente de cuales sean los motivos por los que esto ha sucedido, en algún momento se han encontrado en situación de abandono.

El propio abandono se considera una experiencia de maltrato, y como tal, introduce una distorsión en las relaciones emocionales básicas afectando a diferentes niveles del desarrollo infantil, tales como el funcionamiento cognitivo, el desarrollo social y emocional, y también el rendimiento escolar. El sentimiento de abandono que se produce habitualmente en los niños adoptados, es algo que deben aceptar y con lo que deben aprender a convivir durante toda su vida, ya que no es algo que desaparezca con la adopción, y vivir con ese sentimiento no es fácil.

Además del abandono, existen otra serie de circunstancias que algunos niños adoptados han vivido a edades muy tempranas como experiencias de malos tratos o abusos, negligencias en los cuidados y todo tipo de carencias. Son niños que han vivido por tanto, grandes inseguridades, miedos y amenazas que les han dejado una profunda huella y que además, no terminan con la adopción. Por ejemplo, tras la llegada al hogar los niños deben vincularse a sus nuevos padres con los que pasarán el resto de sus vidas, vinculación que se verá influida por las experiencias previas que tengan en las relaciones interpersonales y con sus figuras de apego anteriores. En el entorno social también pueden encontrarse con situaciones de estigmatización por su raza, color o por el simple hecho de ser adoptados. También tienen muchos frentes a los que deben adaptarse: el área escolar, lenguaje, costumbres…., que generan más miedo, incertidumbre y presión.

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La presencia de estas situaciones novedosas y generadoras de inseguridad, sumadas a las dificultades en la regulación emocional y desarrollo social que antes comentaba, hacen que algunos de los niños procedentes de adopción, tanto nacional como internacional, desarrollen comportamientos como mecanismos adaptativos que, aunque en algún momento fueron funcionales, actualmente ya no lo son y dan lugar a nuevos problemas sociales, familiares y de aprendizaje.

Al llegar a la adolescencia a todo esto se le suma una gran dificultad, construir su identidad. Si esto ya es un complejo proceso en cualquier chico, imaginaros en aquel que tiene vacíos en su historia, recuerdos negativos y experiencias traumáticas tempranas. Vuelven las preguntas, las dudas, los miedos… ¡Cuánto se remueve!

Muchas familias se preguntan “que pasa?, ¡si se lo he dado todo…!”.

Para intentar comprenderlo imaginaros un iceberg, lo que está a la vista y más llama la atención son las conductas disruptivas, los malos comportamientos, sin embargo, algo que hay que tener en cuenta con aquellas personas que han sufrido experiencias negativas tempranas es que al fondo, hundido bajo la superficie, hay todo un mundo de emociones y experiencias que son las que pueden haber provocado dicho comportamiento y, de hecho, mantenerlo.

Os invito a ver un video que creo que refleja muy bien a lo que me refiero y puede ayudar a entenderlo. Es muy real y tan duro como cierto.

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