Trastorno Explosivo Intermitente, kamikaze involuntario

Trastorno Explosivo Intermitente (TEI), kamikaze involuntario

Hola lectora/lector/visualizador en diagonal de palabras en negrita en artículos. Hoy voy a tratar de explicaros lo que he aprendido acerca del TEI, el Trastorno Explosivo Intermitente y para ello antes de nada os hablaré del proceso de selección del título del artículo.

Ante las preguntas

“¿Qué es lo primero que me viene a la mente al pensar en el TEI? ¿Cómo lo explico de manera que la gente no se quede con lo más vistoso y estigmatizante del trastorno?”

Las primeras dos palabras que se me ocurrieron fueron “desesperación” y “kamikaze”. Si no hubiese utilizado como filtro esa segunda pregunta, lo primero que me vendría a la cabeza al pensar en el TEI sería “Explosión” y lo segundo “Agresividad”, y además las habría puesto en negrita.

Para los que no lo conozcáis de nada, el Trastorno Explosivo Intermitente (TEI) es un trastorno caracterizado por explosiones de agresividad normalmente desproporcionada al estresor que las produjo, explosiones que pueden ir desde insultos hasta daños a objetos o personas, y que no persiguen una intención, es decir, no explotan “para algo”, simplemente explotan, con gran descontrol. Otra característica es que de estas explosiones se especifica que producen “marcado malestar”, aunque yo suelo toparme más a menudo en consulta con que producen “desesperación”.

Kamikaze

Ahora, antes de hablar de esa desesperación, hablemos de por qué “kamikaze”. La estrategia bélica del kamikaze es el emplear todo lo que tienes, tu propia vida, en una forma extrema de violencia para asegurar la supervivencia de tu país, ejercito, etc. Ya de por sí, sacrificar la propia vida parece una medida desesperada para lograr la subsistencia, pero lo que realmente me llevó a combinar ambos términos fue la siguiente reflexión. Imaginad que en lugar de ser un señor japonés de la segunda guerra mundial que se sube a un avión dispuesto a arrojarse contra un destructor norteamericano por su patriotismo o afán beligerante, sois un señor japonés, puede que habitualmente muy gentil y amable y con ningún deseo de dañar a nadie, que siente que aumenta un poquito su estrés y…

… de repente se despierta entre los restos calcinados de un avión, rodeado de destrucción que probablemente ha generado él. Probablemente os sentiríais como la mayoría de mis pacientes, desorientados, culpables y desesperados por no saber qué ha ocurrido, por qué no teníais ningún control sobre vuestra conducta y por qué por más que os prometéis que nunca volverá a ocurrir (porque ¡Vosotros no sois así!), vuelve a ocurrir.

trastorno explosivo intermitente, kamikaze

El que pensase en una estrategia violenta que lo sacrifica todo, no es casualidad tampoco. Una de las cosas que he podido aprender del Trastorno Explosivo Intermitente (TEI), es que habitualmente se da en personas con un historial traumático, muchas veces relacionado con la violencia en su entorno. Cuando se produce una experiencia en la que un cerebro, sobre todo si es el cerebro de un niño, percibe que está en riesgo la propia supervivencia, pueden activarse muchas y variadas respuestas para superarlo, pero que esencialmente emergen de tres básicas, instintivas, ataque, huida o bloqueo. El cerebro con Trastorno Explosivo Intermitente podría decirse que ha optado por emplear una cantidad desmesurada de la opción “ataque”, sin contención, sin pensar en el después, solo en sobrevivir al ahora.

El problema es que tanto el sujeto como su entorno suelen no conocer cómo funciona esto de los traumas o disparadores traumáticos, y tienden a hacer juicios de las explosiones en base al “sentido común” y el presente más inmediato, es decir “a esta edad ya no debería hacer estas cosas”, “no puede ponerse así por esto”, “con todo lo que hacemos por él”, “con todo lo que hacen por mí (que mierda de hijo soy)”, etc.

Pero el Trastorno Explosivo Intermitente no funciona exclusivamente en relación al estresor que lo haya disparado en el momento, es un trastorno que mantiene el cerebro en permanente estado de supervivencia, a puntito de “darlo todo por sobrevivir”, porque los traumas sin tratar de su interior siguen mandando señales de forma permanente de “Explota para salvarte”.

Si fuese una gacela que cree que la hierba que come siempre esconde leones, ante el mínimo movimiento de la misma con el viento, echaría a correr, pero en el caso del TEI, se trata de un animal herido, que debe emplear toda la energía de la que dispone para atacar, pues su cerebro cree que de ello depende su vida, cada vez.

Las reacciones a la explosión

Ante sus explosiones, los TEI suelen reaccionar de formas distintas. Algunos lloran desconsolados, otros actúan como si nada hubiese ocurrido, aunque lo recuerden, incluso empleando el humor de forma inapropiada y otros, no recuerdan lo sucedido.

Rara vez, por no decir nunca, lo justifican, precisamente por algo característico del trastorno, la reacción no suele ser proporcionada, es decir, podría pasar que en una ocasión algo terrible les ocurriese ante lo cual reaccionar así sería esperable o incluso adecuado, pero por lo general las explosiones son precedidas por motivos pequeños en comparación, pero claro, es porque El Motivo de la explosión sigue siendo aquel o aquellos que generaron el trastorno en primer lugar, los traumas de detrás, no las anécdotas del ahora.

En ocasiones la desconexión entre la persona y su conducta llega a tal punto que ni siquiera recuerdan haberla llevado a cabo, sintiéndose aún más desesperados al tener que enfrentar las consecuencias, los reproches, los castigos, de algo que no han vivido y, sobre todo, que no habrían elegido vivir así si hubiesen tenido elección, como ese señor japonés que sigue desconsolado sobre la cubierta en el barco que imaginasteis.

Si os sirve, vamos a retocar la historia del señor japonés, imaginad que la destrucción y la desorientación ya no es en el barco enemigo, sino en su casa, siendo adolescente, y de hecho vive en España, donde le adoptaron tras ser abandonado por una familia en la que sufría malos tratos. Sus padres no comprenden por qué acaban de ver cómo rompía la tele de un puñetazo, gritado presa de la cólera todos los insultos del diccionario y luego, tras emprenderla a patadas con el sofá, ha roto a llorar desconsolado, “solo” porque ha leído un mensaje en el móvil.

Las anécdotas como esta son cientos de miles en miles de familias, la sensación de impotencia de todos los miembros de la familia es infinita, unos porque por más que se esfuercen no logran que “él se controle” y los otros, porque por más que se esfuercen, no logran controlarse.

Si has leído esto y te ha sonado de algo, puede que conozcas a alguien con este trastorno o quizá uno parecido que a veces se confunde o solapa, como el Trastorno Negativista Desafiante (clic aquí para leer algo sobre TND), si es así, dile que pregunte a las personas adecuadas, que busque ayuda, dale un camino a seguir, porque al final lo peor del trastorno no es romper la tele de un puñetazo, ni insultar descontrolado a tu madre, es la desesperación de no saber por qué lo haces ni si podrás hacer algo para remediarlo.

Anexo técnico

Os adjunto este “Anexo técnico” para que tengáis una referencia sobre los criterios diagnósticos que manejan los psicólogos, pero os dejo también la frase típica de la tele “no lo hagáis en casa”, en el sentido de que estos criterios requieren una base de conocimientos, las interpretaciones que hagáis de ellos no debéis tomároslas más que en un sentido orientativo, contactad siempre con un profesional para una verdadera evaluación.

Los criterios DSM 5 para el diagnóstico del Trastorno Explosivo intermitente son:

Criterios diagnósticos:

  • Arrebatos recurrentes en el comportamiento que reflejan una falta de control de los impulsos de agresividad, manifestada por un de los siguientes aspectos:
  1.         a) Agresión verbal (berrinches, pataletas, disputas verbales, peleas…) o agresión física contra la propiedad    (pública o privada), animales u otra personas, en promedio de 2/semana, durante un periodo de 3 meses.
  2.         b) 3 arrebatos en el comportamiento que provoquen daños o destrucción de la propiedad o agresión física con    lesiones a animales u otras personas, sucedidos en los últimos 12 meses.
  • Sin previo aviso: Los arrebatos propios del TEI presentan un inicio rápido y sin avisar.
  • Magnitud desproporcionada: la agresividad expresada durante los arrebatos recurrentes es bastante desproporcionada con respecto la provocación o cualquier factor estresante psicosocial desencadenante.
  • NO existe intencionalidad: Los arrebatos agresivos recurrentes no son premeditados (es decir, son impulsivos o provocados por la ira), ni persiguen ningún objetivo tangible (por ejemplo: dinero, poder, intimidación…):
  • Impacto negativo: Los arrebatos agresivos recurrentes provocan un gran malestar en la persona que los padece, alteran su rendimiento laboral-académico y/o sus relaciones personales (pareja, familia, amigos…) o tienen consecuencias económica o legales (detección, multas, retirada de permisos…).
  • El individuo debe ser mayor de 6 años o un grado de desarrollo equivalente.

Xabier Pensado, psicólogo en Unidad Focus

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