Terrores nocturnos y pesadillas

Terrores nocturnos y pesadillas

El sueño es una parte muy importante de nuestra vida al ser una función vital necesaria para poder vivir y funcionar correctamente. Cuando dormimos, podemos sentirnos descansados y con energía, es decir, hemos dormido con una buena calidad de sueño. En cambio, si seguimos cansados tras el sueño es que éste es de baja calidad.

Es por esto que la calidad del sueño es algo que influye de manera importante en nuestro bienestar. Por un lado, debido a que a día de hoy se sabe que es en la fase de sueño profundo cuando nuestro cerebro procesa los acontecimientos y emociones vividos durante el día. Por otro lado, cuando dormimos poco, o nuestra calidad del sueño es mala, tenemos la sensación de no haber descansado, lo que afecta a diferentes áreas de nuestra vida. Solemos comer más y peor, eligiendo alimentos procesados, también estamos más irritables y de peor humor (ya que nuestro cuerpo genera una mayor cantidad de cortisol, la hormona del estrés) y estamos más fatigados. Todo esto suele afectar a cómo nos relacionamos y a la dinámica familiar.

Por ello, es lógico que una de las preocupaciones relacionadas con la infancia es la hora de dormir y qué sucede por la noche. Es en ese momento cuando algunos miedos suelen tomar protagonismo, por ejemplo, el miedo a la oscuridad, que hace que los niños demanden dormir con la luz encendida o que alguien se quede con ellos hasta que se queden dormidos. Asimismo, entre los problemas del sueño es habitual encontrar en los niños la aparición de pesadillas y de terrores nocturnos.

Si bien estos problemas son normativos y en la mayoría de casos no puede considerarse un trastorno, siempre es mejor consultar cada caso con un especialista, ya que hay que tener en cuenta que el descanso puede verse afectado, así como la calidad de vida. La falta de descanso puede hacer que los niños estén más irritables, que les cueste prestar atención en el colegio y pueden aparecer más miedos asociados al contenido del sueño.

Tanto las pesadillas como los terrores nocturnos forman parte de lo que denominamos parasomnias, que hace referencia a alteraciones involuntarias del ritmo de sueño, que aparecen principalmente en la infancia y que mejoran e incluso desaparecen con el paso del tiempo.

Pero, ¿cómo podemos diferenciar una pesadilla de un terror nocturno? ¿Qué podemos hacer si ocurren?

Pesadillas

¿Qué son? Podemos definir las pesadillas como sueños de contenido desagradable que producen en los niños una reacción de miedo y angustia. Suelen durar más de 10 minutos. Tras una pesadilla, el niño suele despertarse asustado, a veces llorando, pero orientado, sabiendo dónde se encuentra. Algo que caracteriza a las pesadillas es que habitualmente sí se recuerda lo que se ha soñado.

Que las pesadillas ocurran de forma esporádica es natural. Su contenido suele estar relacionado con lo que ha sucedido durante el día y con la importancia y atención que damos a las cosas que nos preocupan y dan miedo. Suelen darse principalmente alrededor de los 6 años, aunque en ocasiones pueden aparecer en edades más tempranas.

¿Qué podemos hacer ante una pesadilla? Lo primero es acudir ante la llamada del niño, con una actitud calmada, tanto en el lenguaje corporal como en la voz, e intentar calmarle. No es necesario preguntarle el contenido del sueño salvo que sea él a quien le apetezca compartirlo, ya que podemos aumentar la sensación de miedo y angustia. Sin embargo, si vemos que necesita hablar de ello y contárnoslo, escuchamos.

Es importante evitar frases que minimicen e invaliden su malestar tales como:

“no es para tanto” o “de eso no hay que tener miedo”, pero sí podemos usar frases que le aporten seguridad y que le recuerden que ahora está a salvo, como: “estoy aquí contigo”, “aquí estas seguro”, “era un sueño, no está ocurriendo de verdad”.

Además, para ayudar a disminuir la sensación de miedo, una vez haya acabado de contárnoslo, podemos ridiculizar el contenido, hacerlo gracioso. Es importante no hacerlo cuando nos lo esté contando, porque invalidaríamos su miedo, siempre es mejor hacerlo cuando el niño esté un poco más calmado. Por ejemplo, si estaba soñando con un león, podemos imaginar cómo le pondríamos un lazo, le pintaríamos las uñas de rosa y los labios de rojo, incluso podemos imaginarnos al león hablando con la voz del Pato Donald e imitarle juntos.

Posteriormente, podemos ofrecerle un vaso de agua y un peluche o muñeco que le transmita seguridad para volver a quedarse dormido. También podemos quedarnos con él un rato si así nos lo pide.

Terrores nocturnos

¿Qué son? Son sueños de contenido mucho más terrorífico que las pesadillas y que el niño vive como reales. Se caracterizan porque aparecen en el niño conductas como gritar e intentar defenderse, también puede dar la sensación de que está despierto. Además, a veces suelen ir acompañados de sudoración, respiración entrecortada y taquicardias. Dichos episodios pueden llegar a durar hasta casi una hora, sin embargo, normalmente suelen durar alrededor de 10 minutos. Cuando el niño se despierta, suele estar desorientado, sin saber dónde está y sin recordar lo que estaba soñando. Muchas veces, al despertarse lo hacen gritando y se puede ver el gesto de terror en su cara.

Su contenido provoca en el niño mucha más angustia y miedo que las pesadillas. Al igual que ocurre con las pesadillas, que aparezcan de forma esporádica es normal. Suelen aparecen alrededor de los 4 años y hasta los 12. Cuando suelen aparecer más es a los 7 años. Remiten en la adolescencia.

Los terrores nocturnos suelen tener más probabilidad de producirse cuando el niño se va a la cama estando extremadamente cansado, así como en períodos de estrés y de fiebre. Al contrario que las pesadillas, no suelen estar relacionados con lo acontecido durante el día.

¿Qué podemos hacer? Es importante tener en cuenta que, con ese nivel de agitación, si nos acercamos podemos llevarnos un golpe no intencionado por su parte. Es mejor no despertarle, ya que está viviendo una percepción de amenaza muy grande con un despertar desorientado, por lo que si provocamos ese despertar sin que el terror nocturno haya terminado podemos empeorar su malestar. Sin embargo, sí que podemos quedarnos cerca, recordemos que suelen durar unos 10 minutos, vigilando que no se haga daño mientras se mueve. Una vez que se despierte es mejor actuar con cautela, ver si quiere que nos acerquemos y mostrar un lenguaje verbal y no verbal calmado y empático. Al estar desorientado, podemos explicarle que se encuentra en casa a salvo, sin olvidar que no recordará lo que estaba soñando pero que al estar tan asustado tendrá dificultad para calmarse.

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