¿TDAH?¡Automatízate!

¿TDAH? ¡Automatízate!

Si ya estás visualizándote con partes robóticas en el cuerpo… eres un poco friki, lo cual está estupendo, pero debatir la cibernética no es el objetivo del artículo. Hoy os escribo para hablar de una característica menos conocida del trastorno por déficit de atención e hiperactividad, la rigidez mental.

Normalmente, según con qué TDAH se ha topado cada uno, ha ido asociando las siglas a conductas como

“uy sí, es muy despistada, tiene la cabeza llena de pájaros” o “este no para quieto desde que se levanta hasta que se duerme… y a veces hasta dormido se menea”.

Es normal que estas sean las características más observadas, primero porque son más evidentes y segundo porque ya van asociadas al logotipo del club TDAH, pero os aseguro que quien convive con, o es miembro de la asociación nacional de despistados, tiene muchos puntos en el carnet de la Real Academia de “esto se hace así siempre”.

Nuestro cerebro, quizá conocedor del problema que tenemos las personas con este trastorno respecto a nuestra pobre memoria de trabajo, tiende a establecer un orden dentro del aparente caos.

No, no me refiero a cuando decimos saber con exactitud donde están nuestros calcetines en medio de una bola de ropa sobre una silla, sino a esa tendencia a dejar siempre la ropa en la misma silla, con el mismo gesto, en el mismo contexto, del mismo modo en que siempre dejamos la toalla en el mismo rincón del baño o ponemos el cuchillo con nocilla encima del bote “porque luego lo vamos a usar”.

No es casualidad que haya elegido todo ejemplos que parecen susceptibles de mejoría, soy así de astuto y pretendo endosaros ahora la terminología rimbombante: ¡Estrategia Compensatoria de la Automatización! (el nombre también es susceptible de mejoría).

El caso es que una persona con TDAH tiene dificultades para modificar una conducta a la que está acostumbrada, lo cual de primeras parece un inconveniente, pero ojo, he dicho “dificultades”, no “imposibilidad”, por lo que leyendo esto con mentalidad constructiva podría traducirlo a “en potencia, una persona con TDAH tiene la capacidad de adquirir lentamente conductas adaptativas y no abandonarlas fácilmente”. ¿A que suena mejor?

Si tendemos a olvidarnos de compromisos, a perder cosas, a desconectar de una tarea, a cambiar de una actividad a otra por falta de motivación… etc. Pero también tendemos a adquirir costumbres rígidas, esto hay que aprovecharlo.

En muchas ocasiones, ya hemos empezado a hacerlo, por ejemplo, guardando siempre la cartera en el bolsillo derecho y las llaves en el izquierdo, dejando el paraguas en el florero que hay junto al ascensor para verlo al salir o colocando el salero siempre a la izquierda de la pimienta para no confundirlo con el azucarero, (que no sé por qué tantas veces los compramos igual).

Pero estas soluciones aún no están implementadas al nivel que busco. Lo que realmente mola es primero ser consciente de cómo funcionamos, cosa que en muchas ocasiones no podemos observar por nosotros mismos y necesitamos que un observador en quien confiemos o un experto nos lo describa tal que así:

“Xabi, tú no te has dado cuenta, pero cada vez que quiero sentarme a ver una serie contigo, no vas a buscar lo que sea que quieras beber o comer hasta que le doy al botón de Play” (este ejemplo es totalmente ficticio y toda similitud con mi la realidad es mera coincidencia).

Cuando tenemos localizadas esas conductas que nos traen problemas, o simplemente queremos aprovechar esa rigidez para lograr algún objetivo, toca diseñar

La Automatización.

Para esto nos serviremos de protocolos, indicios, apoyos visuales, ayuda de algún control externo, recompensas, castigos… lo que sea con el objetivo de Repetir, Repetir y Repetir la conducta, hasta que no hacerla nos suponga un esfuerzo mayor que hacerla.

Trataré de hacer un ejemplo que englobe varias herramientas.

Digamos que a un psicólogo (super ficticio) con TDAH se le olvida siempre anotar en su libreta cuando dijo que sería la próxima cita con un paciente, suponiendo un engorro organizativo para su equipo siempre que se le requiere que lo recuerde a posteriori. Bien, este psicólogo podría no darse cuenta de que esto no funciona y que lo está repitiendo día tras día hasta que un compañero de trabajo, un superior, o ambos, le llamen la atención sobre el asunto y sus implicaciones.

Llegados a este punto, el atractivo y locuaz psicólogo ficticio tiene dos opciones, seguir con su estrategia de “seguro que me acuerdo o alguien se acuerda si lo digo en voz alta” y generar trabajo innecesario y estrés a sí mismo y/o a su entorno, o emplear todos sus conocimientos para:

Determinar en base a su conocimiento del TDAH que el mejor momento para anotar en la libreta la próxima cita es inmediatamente después de decirlo en voz alta, antes de que cualquier otro estímulo lleve su tren de pensamiento en otra dirección. Que es posible que se olvide de anotar esto en la libreta, aunque haya hecho firme propósito de recordarlo, por lo que debería anotárselo en un apoyo visual como un post-it y situar este en un lugar al que mire habitualmente incluso cuando se distrae, como la pantalla del móvil o del ordenador. Que podría habituarse al papelito y dejar de verlo por completo, u olvidarse de escribirlo o pegarlo en el lugar que pretendía, por lo que mejor hacerlo de inmediato y además avisar a alguien de la jugada, un control externo deseado y que esté dispuesto a asumir temporalmente una tarea de apoyo, en este caso, mirarme mirar fijamente al psicólogo ficticio y decirle “¿Has puesto eso en la libreta?”, para que cuando todo lo demás falle, vaya corriendo a llevar a cabo la tarea.

Si además el psicólogo, el observador o mejor ambos, refuerzan positivamente el éxito en la conducta, estupentástico. Ese “bien, me acordé” o “bien hecho”, hacen que la automatización cuente además con un condicionamiento, ya que sentir cualquier tipo de satisfacción o placer al realizar una conducta, incrementa las posibilidades de repetirla. En general esa última vía, la del refuerzo positivo explícito, es la guay y molona por excelencia, pero en el caso del TDAH, el simple hecho de repetir algo, si cree su cerebro que “siempre se hace así”, ya provoca cierto refuerzo, si además cree/siente que “es la forma más cómoda o rápida de hacerlo”, o “la que requiere menos esfuerzo, la más eficiente”, ya no veas cómo le gusta a nuestra cabeza resistirse a dejar de hacerlo.

Así que, no seáis como psicólogo ficticio, sed como psicólogo ficticio con estrategias compensatorias.

Xabier Pensado

Psicólogo en Unidad Focus

 

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