Si tú supieses lo que yo sé, no harías lo que yo hice

“La sabiduría no es comunicativa. La sabiduría que un sabio intenta comunicar suena siempre a necedad. Se pueden transmitir los conocimientos pero la sabiduría no.”

 Hermann Hesse, Siddhartha

Esta cita de Hesse viene a relatar el día a día de las preocupaciones parentales desde que el mundo es mundo. Digo día, pero quizá podríamos hablar de minutos, pues la preocupación de madres y padres acerca del porvenir de sus hijos a menudo es incesante: la importancia de los estudios, de una dieta sana y equilibrada, hacer deporte, hacer amistades de calidad, alejarse de las drogas y cuidarse de las relaciones sexuales de riesgo.

Traduzcamos esto al lenguaje diario: no toca un libro ni que la maten, no come más que porquerías, mover no mueve más que los dedos con el móvil, encima para escribirse con ese, que todos sabemos de quién es hijo y cómo acabo el hermano, total, que no le mira mas que a los shorts esos que se pone, qué vergüenza si me viese a mi mi madre con ellos cuando tenía su edad, no sabe cómo son los chicos.

father-656734_640

La paradoja de todo esto es que la mayoría de los adultos con hijos sobrevivieron a todo ello mejor o peor, pero por alguna razón, generación tras generación, creen que su progenie jamás será capaz de pasar las pruebas que la vida les puso a ellos y esquivar las trampas que ellos lograron esquivar. En mayor o menor medida los adultos de hoy fueron jóvenes que se sentían incomprendidos por sus padres, oprimidos y controlados. Son adultos que en su momento pensaron “papá no tiene ni idea”, “no me va a pasar nada!”, “sé cuidarme solo”, “sabré yo si me lo sé o no me lo sé lo que entra en el examen”. Pero claro, las cosas han cambiado, el prisma es más amplio cuando se llega a padre, de repente todo aquello que el propio padre decía cobra sentido y lo anterior queda despojado de veracidad.

De adultos hemos pasado penurias o nos hemos llevado alegrías y en base a esa experiencia tratamos de pavimentar la carretera que habrán de recorrer nuestros hijos para que logren mejores resultados que nosotros, para que sufran menos o sufran donde y cuando se debe sufrir para luego “acabar bien”. Esto está bien, teóricamente válido, suena genial lo de transmitir lo aprendido para evitar errores, entonces…

¿Por qué siempre ha habido tantos conflictos en los hogares?

Mi teoría es que eso se debe al formato de la transmisión. Hasta hoy en día, la norma histórica ha sido la firmeza, el “porque lo digo yo, que soy tu padre”, un formato que no tiene en cuenta demasiado a menudo las emociones del propio niño y se basa en simplemente presentar escrito en piedra lo que el progenitor considera La Verdad a seguir. Esto por suerte va cambiando con cada generación, porque los nuevos padres aunque beben de y repiten su propia educación, siempre añaden un pequeño “esto a mis hijos yo no se lo haré”, lo cual hace que no sigamos en la edad media en todo, aunque aún no la hayamos abandonado lo suficiente. Para evitar esos choques generacionales y permitir la transmisión de aprendizajes, yo invito a todo el mundo a adoptar unas pocas premisas:

Aceptar quién soy y por qué llegué aquí

Aceptar quién es mi hija y qué no sabe pero sí siente, y qué considera que sabe

Validar su realidad, sus emociones y modo de ver la vida

Ofrecer mi versión del mundo, desde la cercanía, con afecto y claridad, sin miedo.

O dicho en una metáfora informática:

Copiar archivo a la carpeta pero conservar ambos archivos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *