Sentirnos queridos

El vínculo afectivo es el lazo que nos une a todo. Es una gomita que se instala entre “yo” y todas las cosas que hay en mi entorno, desde mi mano hasta la biología pasando por supuesto por la familia y todas y cada una de las personas que de un modo u otro se han relacionado contigo.
Se pueden generar malos vínculos, pero siempre se vincula cuando hay relación. Desde un ángulo las emociones se pueden definir como mecanismos de un cuerpo para forzarlo a vincular y así relacionarse.

Después de todo, LA VIDA se define en 3 funciones: nutrición, relación y reproducción.

Este lazo que sirve para relacionarnos; tiene diversas propiedades: elasticidad, resistencia, durabilidad, resiliencia, flexibilidad… etc. El tamaño de este lazo es lo que comúnmente llamamos amor; quizás la palabra amor haya sido deteriorada o infravalorada a nivel lingüístico por siglos de romanticistas, idílicos o por la confusión con el enamoramiento o el deseo. Pero el hecho es que nos bombardean constantemente con libros, películas y sobre todo canciones que hablan casi exclusivamente de esa acepción limitada del amor. La pregunta no sería sexo o amor, ya que el sexo o cualquier interacción por mínima que sea se sustenta en el amor. Las personas tenemos tanta necesidad de amar que cuando los seres queridos no nos nutren en su totalidad vinculamos con objetos, desde el recuerdo de un familiar difunto hasta un número en tu cuenta corriente, vinculamos con seres inertes; así como vinculamos con creencias, ideologías y sueños.

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Sentimos amor cada vez que sentimos una emoción. Detrás de cada una de ellas está el amor, huimos por amor a uno mismo, arriesgamos amando a otros y cada acción responde siempre a nuestros lazos afectivos.

Por todo esto creo que todos los humanos estamos incompletos y no me refiero a un poquito incompletos, sino a tremendamente vacíos. En el 99% del tiempo no somos conscientes por que hacemos las cosas, que pensamos y porque sentimos. De hecho ni siquiera sabemos verbalizar que sentimos. Este vacío se mide en sufrimiento y no hablo de dolor, sino de sufrimiento. Lo que nos condiciona radicalmente, es la razón
Los profesionales más expertos en emoción no se ponen de acuerdo en un modelo que explique cuantas y cuáles son las emociones, la teoría más extendida es que existen 6 emociones principales: la alegría, la tristeza, miedo, ira, asco y sorpresa. Otros autores sin embargo piensan que la sorpresa no es en sí una emoción, sino una intensidad de la misma, así como la calma. Según estas teorías las emociones secundarias, son combinaciones de las primarias.

A mi parecer estos modelos son muy poco consistentes, no soy ningún experto en emociones y quizás no tenga suficiente criterio, sin embargo a mí me sigue pareciendo muy incompleta. Es un modelo unidireccional en 3 ejes, cuando habitualmente las cosas son multidimensionales y graduales. Los humanos tendemos a simplificar acontecimientos dicotomizándolos, es decir polarizándolos en dos extremos como sí o no, como blanco o negro, gay o hetero. No obstante la realidad es gradual y habitualmente tiene más de un eje (el color de la piel, el grosor de los labios, el tipo de nariz) y todas las combinaciones son posibles con que algunas más probables y los humanos categorizan esa probabilidad. Por ejemplo en la sexualidad encontramos además del eje “el género que me atrae” existen el eje del género me siento hombre o me siento mujer. Así como el eje de la virilidad, rudeza, amaneramiento y un largo etc.

Frente a esto nuestra mente existen unos esteorotipos (la loca, el oso, y nos ceñimos a ellos para simplificar.

Cuando las personas no nos sentimos queridas, útiles para los demás e importantes buscamos desesperadamente llenar nuestro vacío, ya sea apegándonos al futbol club Barcelona, a una creencia hasta una droga, pasando un programa de televisión, Dios y la moda otoño-invierno. Claro que habitualmente el vacío no se llena, y por el contrario generamos una nueva necesidad, que al no saciar nuestra verdadera necesidad.

Por todo esto creo que es importante que las personas nos preguntemos de vez en cuando que amamos realmente, que cosas amamos realmente y que cosas utilizamos para tapar los agujeros del desamor.

¿Amas a tu hijo o a sus notas? ¿Amas a tu amigo o a su lealtad? ¿Amas a tu pareja o temes la soledad? ¿Amas a tus padres o amas sus cuidados? Sobre todo la pregunta más importante: ¿Te amas? ¿por qué?

 

Javier Estévez

Psicólogo y psicopedagogo especializado en TDAH

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