Revistiendo el TDAH

Para la correcta comprensión de este artículo es necesario la lectura previa de los siguientes:

https://colectivorienta.wordpress.com/2019/10/28/desnudando-el-tdah-i-trastorno-psicologico-o-ejemplo-de-neurodiversidad/

Desnudando el TDAH II. El enfoque relacional. ¿ Son posibles las categorías amigables?

Respetado José Boyano:

Siento la necesidad de responder tu ensayo desmontando algunas partes y argumentando porque, desde mi punto de vista, es un ensayo parcialmente fallido. Y digo fallido, no erróneo, por partir de unas premisas erróneas, aunque su argumentación no lo es, o no lo sería si no fuese porque buena parte de sus premisas están basadas tan solo en estigmas sociales.

Me gustaría felicitarte antes de todo por tu ensayo, a pesar de las partes en las que disentiremos. Es un ensayo muy bien escrito, donde se denota conocimiento del tema, sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno y una gran capacidad empática con los demás. Espero que no recibas esto como un ataque, ya que lejos de la batalla, realmente me ha gustado y ha sido eso lo que me ha llevado a escribir mi réplica exponiendo mis argumentos para intentar convencerte de esas premisas fallidas.

¿Qué premisas fallidas son esas? Son varias pero vayamos punto por punto.

1º: La polémica

En realidad, todo este problema, el del Señor Marino, el de los negacionistas, el de los antipsiquiatras, el de los “farmamafias” y el de los antietiquetas, vienen del mismo núcleo común: el estigma.

Ese estigma que hace unos siglos pesaba sobre la salud dermatológica, hoy pesa sobre la salud mental. De ahí viene la palabra estigma, de cuando por tener llagas en la piel, te quemaban en la hoguera y los leprosos eran confinados y aislados de los demás.

Hoy en día, todos asumimos que no existe nadie que no tenga cientos de patologías, enfermedades, síndromes y trastornos en la piel. Todos sabemos que tenemos verrugas, manchas solares, granos, lunares, varices, etc. Sin embargo, es más difícil aceptar que tenemos exactamente lo mismo pero, además de en la piel y en todo nuestro cuerpo, en nuestra mente.

Asumir que no existe nadie sano mentalmente es difícil de asumir, pero asumir que uno mismo es un trastornado mental hace que se nos erice la piel solo pensarlo. Sin ni siquiera comprender qué quiere decir ser un trastornado mental, solo oírlo, se nos despierta algo defensivo por dentro. ¿Esto es un insulto? ¿Es algo terrible que no debo aceptar?

Lo cierto es que es más simple de lo que parece. Le tengo un miedo atroz a las arañas, aracnofobia…. Y, con eso, es suficiente para decir que soy un trastornado mental.

Pensar que un diagnóstico clínico es una etiqueta que te «embute» es como pensar que tener un diagnóstico de soriasis, te «embute». No me refiero a tener soriasis, eso ya lo tenías, sino a que alguien le ponga un nombre y te diga «eso que tienes es soriasis».

Es importante tener nombres para el pensamiento pero igual de importante es tener claras sus definiciones:

• Patológico: Todo lo que provoque dolencias o sufrimiento en las personas.

• Síndrome: Conjunto de signos y síntomas que se correlacionan entre ellos pero que no tienen una etiología clara. Otra forma de definirlo sería: Constructo inventado para nominar un patrón humano.

• Enfermedad: Entidad clínica bien definida, con etiología identificada y que provoca un daño, menoscabo o sufrimiento al individuo independientemente del ambiente.

• Salud: Estado hipotético de ausencia de enfermedad.

• Trastorno: Desadaptación de un individuo a un medio.

• Trastorno mental: Desadaptación de un individuo a un medio relacionado con sus procesos mentales.

• Normalidad: Que se ajusta a los valores medios de la población referencial.

• Diversidad: Variabilidad dentro de una curva normal en la población referencial.

Dadas las definiciones, la normalidad y lo patológico no son antónimos, como intenta hacernos pensar el Sr. Marino. Las cosas no son o normales o insanas. Aunque en ocasiones, lo atípico se vuelva trastornante, por el mero hecho de que el mundo está construido para la mayoría de la población. No vamos a hacer todas las puertas de 3 metros, porque un pequeño porcentaje mida 3 metros. Por lo tanto, medir 3 metros es trastornante para ese individuo; así que, si mides 3 metros, eres un trastornado físico.

Las entidades clínicas no son cajones estancos, en las que uno entra y ya. De hecho, las personas suelen estar en muchas cajas a la vez. Podemos ser pelirrojos, altos y feos al mismo tiempo, al igual que podemos tener TDAH, Trastorno Negativista Desafiante y Trastorno del Lenguaje de manera simultánea. Las «etiquetas», como las llamas, no son otra cosa que adjetivos que resumen una definición como «pelirrojo». Pero ¿ser pelirrojo es normal? No, de hecho, es bastante más raro que ser TDAH. Entonces… ¿es patológico ser pelirrojo? Obviamente no, es solo una forma de nacer que, en este caso, no interfiere en tu adaptación al medio en el que vives, al menos en Europa, pero que en otras partes del mundo, podría ser trastornante, como lo es ser albino en África

La polémica del TDAH está dividida en dos puntos de vista:

• Los que explican lo que ocurre actualmente como una patologización de la normalidad.

• Los que lo consideran una normalización de la patología.

Así, los que dicen que estamos patologizando la normalidad dicen:

«Las espinillas son normales, no hay que intervenir sobre ellas. No hay que enriquecer a las farmacéuticas ni exponernos a productos químicos para deshacernos de ellas. No tenemos bases biológicas para demostrar su existencia como entidad clínica, ya que son, en realidad, normales.»

Y los que dicen que estamos normalizando la patología dicen:

«Las espinillas son normales pero duelen. Sabemos cómo intervenir eficazmente sobre ellas, tenemos unas cremas, seguras y eficaces, y no tiene sentido dejar que los adolescentes sufran sin sentido. Además, en algunos casos, estas espinillas se infectan y nos llenan de comorbilidades, llegando en algunos casos a gangrenarse, a generar daños emocionales, a crear traumas por tener la cara hecha un pan y a disminuir la autoestima y el bienestar de nuestros adolescentes.»

2º: Los fármacos y la energía atencional

De este punto, solo tocaré por encima dos puntos, ya que has hecho una acertada descripción del problema de los niños en las escuelas.

El primer punto no es exactamente un problema energético, sino de activación.

La hiperactividad surge del intento del individuo de poder atender. Si estuviéramos en una clase tediosísima, en la que un hombre habla a cámara lenta, pero motivados por atender, porque de ello depende nuestra aceptación social, necesitaríamos estrategias de activación para no dormirnos. Nos moveríamos en la silla, nos frotaríamos la cara o nos levantaríamos. Todas esas conductas son las que hacen los chicos hiperactivos para poder atender a un estímulo que para ellos es insuficiente. Cuando los estímulos son potentes, no tienen dificultades para atender, como no tienen dificultades cuando hiperfocalizan en sus centros de interés. Es por eso que se dan estimulantes para aumentar la intensidad basal de los estímulos y que lo tediosísimo se vuelva tan solo tedioso.

– El segundo es que la medicación no es una jaula donde metemos a los chicos, sino una correa para poder controlar a su pequeña y primitiva bestia.

Todos tenemos una, pero algunos tienen más facilidades para domarla, para «autocontrolarse», mientras que otros no se ven capaces y, al final, hacen un montón de cosas que, en realidad, no querían hacer. La medicación no hace que uno haga lo que los demás quieran, para eso está la burundanga. La medicación hace que uno haga lo que uno ha decidido que iba a hacer pero que, al no tener suficiente fuerza de voluntad, no puede. Decir fuerza de voluntad es como decir habilidades de domesticación para nuestra pequeña y primitiva bestia interior. También se conoce como inteligencia ejecutiva o función ejecutiva.

3º: El enfoque racional

Entiendo tu razonamiento pero es aplicable a todos los trastornos mentales. Si todos aceptamos las conductas de los demás, no les generaran un problema. Es decir, si permitimos a esos pobres ancianos que se masturben en el metro, sin ofendernos, no les generaremos un problema, pero lo cierto es que eso no va a pasar. Ni tampoco permitiremos como sociedad muchas otras cosas. Al menos, no hasta dentro de muchas generaciones y, mientras tanto, las personas con trastornos seguirán sufriendo. Uno de nuestros objetivos es cambiar la sociedad y el sistema educativo para conseguir un mundo mejor. Cierto. Pero tan cierto como que mientras lo hacemos, debemos minimizar el sufrimiento de las personas que no verán tales cambios.

Otra premisa errónea es decir que el diagnóstico culpabiliza al individuo. Precisamente, el mayor objetivo de los diagnósticos consiste en la desculpabilización:

«Esto que te pasa, no te pasa porque quieres que pase, porque no te esfuerzas lo suficiente, ni porque seas malo, tonto o vago. Te pasa por que tienes Tr XX. De ahora en adelante, cuando alguien te acuse o culpabilice por algo que no has hecho por voluntad, sino de algo que tu Tr XX te ha llevado a hacer, puedes sacar tu escudo y decir: “No. Eso no es cierto, lo que me pasa es que tengo TXX y, por eso, he hecho lo que he hecho”.»

El diagnóstico es un escudo que te defiende. Solo las personas estigmatizadas y estigmatizantes podrían verlo como una flecha porque creen que tener un trastorno, estar loco o mal de la cabeza, hace del individuo un ser defectuoso. Sin embargo, a esa gente le resultaría muy difícil aceptar que la cordura, al igual que la salud, son términos hipotéticos, es decir, que no existe nadie que esté sano ni cuerdo.
Como decía al principio, todo es tan solo puro estigma. Pondré un ejemplo y cito textualmente:

Cita1

«Se trata de un cambio simple. En lugar de preguntarnos, ¿qué tiene Juan, Asperger o TDAH?, ¿Es Juan un Asperger?, ¿Juan = Asperger…?; en lugar de esto, nos preguntamos: ¿Qué necesidades tiene Juan ahora, en esta etapa? ¿Cómo podemos ayudarle?»

Al huir del término Asperger, lo que estás diciendo es que ser Asperger es algo terrible. Al igual que cuando uno dice «tengo un amigo negrito», lo que está diciendo es que su amigo es «poco negro» porque ser negro es algo terrible, y por no ofender, ya que es ofensivo, aplicamos un eufemismo.

Aplicare la misma racionalización de tu frase a otras entidades nominales:

¿Juan tiene la piel negra? ¿Juan es negro? ¿Juan=negro?
¿Lo que define a Juan es solo ser negro?
¿Juan tiene nacionalidad española? ¿Juan es español? ¿Juan= español?
¿Eso es lo que lo define?
¿Juan tiene homosexualidad? ¿Juan es gay? ¿Juan=gay?
¿Eso es lo que lo define?
¿Juan tiene belleza? ¿Juan es guapo? ¿Juan=guapo? ¿Lo que lo define es solo que es guapo?

Podría hacer lo mismo con todos los adjetivos que existen, ya que las entidades clínicas son eso, adjetivos que definen una serie de características de las personas y que nos ayudan a comunicarnos y explicar por qué Juan hace lo que hace.

Porque que sea uno pelirrojo no inhibe la pregunta «¿Cómo podemos ayudarle?»

Cito textualmente:

Cita 2

«Sorteando las etiquetas clínicas, se evitaría marcar al niño con la letra T, de trastorno. El etiquetado temprano daña la autoestima y contribuye a resaltar los aspectos problemáticos de la conducta, obviando sus potencialidades. La etiqueta suele favorecer la cronificación de las dificultades y lastra las expectativas. La marca, como el tatuaje, mancha la epidermis más tiempo del necesario. A veces, incluso impregna la dermis y cala en las meninges.»

Esto es lo más estigmatizante que he oído de un tiempo a esta parte.

¿Daña la autoestima? ¿Acaso daña la autoestima ser negro, feo, pelirrojo o español?

Lo que de verdad daña la autoestima es no saber por qué haces lo que haces y que todo el mundo te rechace por ello. Lo que daña la autoestima es que alguien identifique lo que eres, sea negro, pelirrojo o español como algo peyorativo.

Las etiquetas no dañan la autoestima per se, lo hacen cuando alguien las acompaña de una emoción. Como cuando te dicen que eres vago, inquieto, desesperante, traste, «en el fondo es buen niño», «ya no te soporto» y un larguísimo etcétera que cualquiera con TDAH podrá describirte. Que te gasten el nombre y que tus amigos te llamen pesado, eso SÍ daña la autoestima. No por la etiqueta, sino por el rechazo.

¿Cronifica las dificultades?

No las cronifica, las acepta. Y, al aceptarse, deja de sufrir por cambiar todo aquello que no podrá cambiar y se centra en mejorar lo que sí puede mejorar y, sobre todo, en sacarle partido a las cosas que sí se le dan bien. Decir esto, es pensar que la dificultad no es real o que un TEL (trastorno del lenguaje) podrá entender el lenguaje refinado con el que escribes si se esfuerza mucho. Es la mentalidad de la psicología positiva y Mr. Wonderful. Lo siento, pero no es así. El «si quieres, puedes» es mentira. Hasta donde uno puede y no puede llegar ni es dicotómico ni está claramente definido.

Traduciré tu cita 2:

«Sorteando el llamar cojos a los cojos se evitaría marcar al niño como cojo, dañando su autoestima ya que eso contribuye a resaltar los aspectos problemáticos de su cuerpo. Obviando sus potenciales. Decir cojo cronifica la cojera, ya que la persona no se esfuerza en andar correctamente como los demás, aunque le duela hacerlo y lastra las expectativas, ya que nunca se planteará ganar una maratón o ir a una olimpiada (la buena, no la de los paralíticos). Es mejor dejar que piense que no tiene ningún problema en la pierna, para que, aunque le duela, intente caminar como los demás para no destacar, y así quizás logre parecer alguien normal.»

Y continúa:

«En ocasiones, personas de edad muy avanzada todavía atribuyen algún error en su vida cotidiana a su “dislexia”, diagnosticada 50, 55 años atrás. Es decir, hay algo en mí que funciona mal, que me impide ser eficaz. Las dificultades detectadas en la infancia arrojan sombra toda una vida. La sombra del trastorno es alargada, como la del ciprés. Arroja penumbra más allá de la barrera hematoencefálica.»

En ocasiones, personas disléxicas entienden que son y siempre serán disléxicas. Y, por eso, no pudieron superar el sistema educativo basado en la lectoescritura. No es una justificación. Es una realidad. El trauma de no haber podido superar el sistema educativo va con ellos de por vida, y, así, ya tienen dos trastornos, la dislexia y el trauma.

Aquí es donde se demuestra que los diagnósticos son escudos para defenderse de todos aquellos que no saben lo que conlleva una dislexia y una vida con la pesada carga de no haber cumplido las expectativas que otros habían puesto en él, ya que al no entender que tenía dislexia, no supieron ajustarlas a su realidad, ni tampoco poner remedio al mal que le impedía lograr dicha expectativa.

El resto de este apartado, «el enfoque racional» es tan solo prologar la alargada sombra del estigma, que al igual que la del ciprés, es muy alargada. El pensamiento de que un trastorno es un corsé de por vida es un pensamiento simplista de la realidad, como si alguien que se deprime, estuviera condenado a ser depresivo o alguien que ha nacido disléxico, morirá disléxico y no podrá nunca leer y tendrá que fracasar académicamente. Ese pensamiento no se corresponde con la realidad, sino con el miedo de alguien que no comprende la psicopatología de que la persona se «acomode», de tal forma que ese estado pudiera ser de alguna forma cómodo. De pensar que, si le das un nombre, la persona dejará de intentar salir de ahí, como si el intentarlo fuera suficiente porque con o sin el nombre, la persona está pasando por lo mismo. Saber que estoy deprimido no acorta ni alarga mi depresión, pero hace que se lleve de otra forma. Ponerle un nombre me hace conectar, comprender, dejar de pelear contra los molinos de las metas no realistas, para pelear contra en aquellas batallas donde puedo salir victorioso.

Si fuera físico, nadie lo dudaría. Si en lugar de algo mental, hablásemos de un cojo, esto no pasaría. Fijaos como suena: «no saber que uno es cojo, ni ponerle esa etiqueta, facilitará que los cojos se esfuercen más por caminar como los demás, incluso que llegasen a aficionarse al atletismo.»

Este es un juego perverso que no es acorde con la realidad de las personas, que no siempre pueden o ni nunca podrán.

4º: El enfoque relacional. Las categorías amigables

Aquí está otra de las premisas erróneas y estigmatizantes: el pensar que la categoría TDAH es una categoría NO amigable.

Además, se da aquí una premisa perversa: postular las dificultades de las personas como algo superable solo con esfuerzo, corroborarlo diciendo que dichas dificultades no son merecedoras de ser reconocidas, ya que, si lo son, «se cronificarán», es decir, si no te esfuerzas, se cronificará. Ninguneamos el problema de alguien, en el caso del TDAH la dificultad para autocontrolarse, es decir, de hacer aquello que deciden hacer. Claro, al final, lo que tenemos es tan solo un problema de aceptación de la realidad del individuo.

El TDAH no es un problema escolar. Es un problema general que afecta a todos los ámbitos de la vida, incluido el conducir. Fingir que no es un problema no reducirá la tasa de muertos en carretera, hará que tu pareja entienda por qué dejas día sí día no, la puerta de casa abierta, los cajones sin cerrar y te olvidas las llaves en la oficina de manera habitual. El problema del TDAH no es el colegio, esa solo es la tortura previa. El verdadero problema viene en la emancipación. Cuanto tienes que hacer la ITV, acordarte de pagar la luz, poner lavadoras y mirar el buzón.

En tu relato, estás minimizando el problema terriblemente. No sé si por buenismo o por autodefensa de la propia integridad, pero son muchos los que sufren al no poder autocontrolarse. Lo cierto es que literariamente está muy bien escrito pero su fondo es aterrador porque, al no comprender la magnitud del problema, un lector confiado podría creérselo y pensar entonces que la culpa es suya, ya que a él le va fatal, cuando se trata solo de «un problema relacional».

Javier Estévez

Psicólogo y psicopedagogo en Unidad Focus

2 thoughts on “Revistiendo el TDAH

  • Buenas tardes he leído el artículo me parece muy interesante, según su experiencia quisiera que me podría ayudar con estas preguntas. 1.- Yo tengo un niño de 2 años y 4 meses quiero saber en que parámetros y signos nos fijamos para valorar o diagnosticar con TDAH 2.- Mi sobrino tiene 13 años , va a primer año del instituto, está diagnosticado con TDAH usted habla que se trata de un problema relacional, como se podría llegar a tratar a estos chicos cuando por más que se esfuerce y estudie sus notas muestran los contrario como ayudarle para que pueda mejorar sus calificaciones ,que tecnicas o métodos se podría utilizar para su mejorar académicamente. 3._ Como ayudarle a mejor su autoestima ya que veo que es muy baja, y a su ves que sociabilice. 4._Como pueden ayudar y colaborar sus padres ( técnicas ) 5.- Como hacer para que el personal Educativo como maestros puedan ayudar y colaborar tanto con el alumno que padece TDAH y con la familia . Sin más reciba mis sinceros agradecimientos, por las molestias a responderme . Geovanna .L.C

    • Nuestro psicólogo y psicopedagogo Javier Estévez da las siguientes respuestas para tus preguntas:

      1) Con 2 años y 4 meses, salvo casos muy exagerados, no es fácil hacer ese diagnostico. Ademas, tampoco es adecuado buscarlo. No se trata de buscar lo que podría pasarle a mi hijo, sino, de actuar según la climatología que si le pasa, y a esa edad… no es habitual que ocurra.

      2) No. No digo que sea un problema relacional, eso es lo que dice el autor del articulo que estoy rebatiendo.

      3) y 4) Terapia y entrenamiento parental.

      5) Lamentablemente no puedo dar una respuesta para esta pregunta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *