Quid Pro Quo – Convivencia de bunker

Convivencia de bunker (o de nuestra casa durante el confinamiento)

A menudo nos presentan en las películas o series a parejas y familias totalmente harmoniosas. Gente conviviendo de tal manera que incluso las disputas llegan en el momento oportuno del capítulo, y el resto del tiempo sus intereses, aficiones, espacios, parecen simplemente encajar de forma natural. Da la impresión dicotómica, que las familias son u horribles o estupendas y que las segundas, se pasarían la cuarentena hablando de sus vivencias o jugando a juegos que divierten a toda la familia hasta un beso de buenas noches con una sonrisa satisfecha.

El motivo por el que escribo el artículo es para hablaros de la delicada balanza de la convivencia, una en la cual se mide el peso de las concesiones, los pulsos y las exigencias.

Empecemos por lo más evidente. En cuarentena convives por tiempo prolongado en un espacio reducido, renunciando en la mayoría de los casos a tus rutinas, aficiones, distracciones, personas importantes, vías de escape. Además de que vives en la incertidumbre acerca de tu futuro, ya sea “¿Volveré a ir a clase este curso?”, “¿Perderé mi empleo?” o (y esta, aunque no todo el mundo conecta con ella, todos la tienen) “¿Moriré o morirá algún ser querido?”.

Ahí es nada, menudas condiciones para aún por encima tener que lidiar con problemas de convivencia.

Es por esto que, para vivir a gusto en el búnker, deberéis vigilar muy bien en qué exigís y en qué cedéis, por el bien de todos, ya que lograr que todo esté como yo quiero, puede conllevar que algo no esté, mucho tiempo (diría que se multiplica la percepción del mismo en estas condiciones), como ellos quieren. Es decir, si solo amoldamos el búnker (la casa) a nosotros, es probable que estemos obligando a otra persona a sobrellevar estas condiciones ya de por sí extremas con una dificultad añadida.

Imaginad estas situaciones:

Quiero que la casa esté en orden porque me tranquiliza VS Mamá no deja de reñirme y no me deja jugar tranquilo.

Quiero que aprovechemos para que recupere tiempo de estudio VS Solo quiero jugar a la consola.

Se pasa el día teletrabajando y cuando termina quiero que hagamos algo juntos VS Me paso el día teletrabajando y al terminar quiero tiempo para mis aficiones.

Todo el día está en su cuarto y no socializa con la familia VS Quiero estar solo, esta situación me agobia.

 Ahora empecemos el juego, será como un piedra, papel, tijera complejo, pongo ejemplos con las situaciones de antes, en las cuales las cosas no son tan obvias como parece.

Si papá quiere tener la casa ordenada

Exigirá cooperación, si su hijo tiene 20 años, tendrá que elegir ceder y cooperar o aceptar tensión y broncas por parte del padre o luchar en rebeldía si su objetivo último es distanciarse de la autoridad paterna. Si el hijo tiene 6 años, papá tendrá que elegir mantener exigencia o quizá ceder y permitir “distracción y alegría”, porque en el caso contrario igual está pagando el precio “miedo y estrés” en su hijo, que más tarde lamentará más que el desorden.

Si mamá insiste en recuperar tiempo de estudio

Si gasta aquí sus exigencias el tiro le puede salir por la culata si por ejemplo su hija se pasaba el día con la consola para desconectar la ansiedad que siente. Sin embargo, la hija podría estar simplemente aburrida y al no aceptar que mamá ponga el dedo en el platillo de la balanza de “los estudios”, podría salirle a ella el tiro por la culata porque sea a mamá a quién le suba la ansiedad por las nubes y la convivencia se vuelva insufrible a varios niveles.

Si por echar de menos a su hijo o achacarle mala educación porque “vive en una pensión”, los padres eligen presionar para que el chico abandone su guarida, podrían encontrarse que su hijo echa de menos a su novia y apenas piensa en sus padres, porque solo siente rabia e impotencia por no poder verla, y una vez fuera de la cueva podría empezar a desquitarse con todos, a lo cual los padres responderán diciendo que es un mal hijo, distanciándose más aún, cuando quizá tras unos días de soledad al chico podría haberle dado por necesitar a los suyos.

En los casos anteriores reconozco que siempre me inclino a poner la mano en el platillo de las necesidades de los hijos, pero es en parejas de iguales donde el juego está en sus cotas más altas de necesidad de equilibrio. Por la simple razón de que el amor padres – hijos debe ser incondicional de los primeros a los segundos, pero no a la inversa y en las parejas el amor debe ser siempre condicional, por lo que en:

Se pasa el día teletrabajando y cuando termina quiero que hagamos algo juntos VS Me paso el día teletrabajando y al terminar quiero tiempo para mis aficiones.

Entran más que en las anteriores las variables “límites”, “autocuidado” y “cuidado”. Si cualquiera de los dos adopta una postura intransigente podría dañar al otro, pero si adopta una postura sin límites y autocuidado, podría dañarse a sí mismo, lo cual en última instancia daña también la pareja. En situaciones como la anterior se debe medir de forma orgánica el estado de ánimo de ambos y tomar medidas en consecuencia. Quizá hoy el estado de ánimo de uno no permite la conducta que necesita el otro o nunca ser indulgente con uno mismo, impedirá que se generen los “recursos anímicos” que necesita para lidiar con su día a día.

Recordad, que en las cabezas de nuestros ejemplos podría haber frases como:

“Hoy ha sido un día durísimo, necesito un abrazo”

“Le rompería la cara a mi jefe necesito un respiro y calmarme”

“Siempre está pensando en sí mismo/a ¿Y yo qué?”

En esta última reside una de las claves: Ceder o presionar de más, puede generar resentimiento y este puede llevar a tensiones y malestar. El equilibrio se decide de forma distinta en cada caso, es un arte, por lo que cada uno deberá ponderar los pros y contras de sus normas de búnker, solo espero que recordéis que en algunas victorias se esconderá una derrota y en algunas derrotas prepararéis la victoria.

Xabi Pensado, Unidad Focus.

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