¿Qué pasa cuando un alumno necesita ACIS y no disfruta de este derecho?

A través de anteriores publicaciones, se ha descrito más en profundidad: qué es un ACI, en qué consisten las adaptaciones curriculares significativas y las no significativas, a qué medidas tienen derecho los alumnos con NEAE y que la ley educativa respalda; así cómo estas medidas afectan o no a la obtención del título de graduado escolar. Podéis volver a consultarlo en el siguiente enlace

El objetivo de las siguientes líneas será el empatizar y ponernos en la piel de aquellos alumnos con Necesidades educativas de Apoyo Específico (NEAE) a los que no les facilitan la aplicación de estas medidas y, por tanto, les están negando un derecho educativo.

En primer lugar, es importante reconocer quienes son estos alumnos NEAE. Se trata de alumnos cuyas necesidades de aprendizaje son más diversas, por lo que requieren de modificaciones por parte del entorno educativo y una atención educativa que se adapte a estas necesidades y complemente a la atención educativa ordinaria. Estas necesidades de aprendizaje están vinculadas normalmente a trastornos o dificultades en su neurodesarrollo, provocando un desfase significativo, respecto a sus compañeros de curso, en distintas competencias, habilidades y capacidades implicadas en su aprendizaje (por ejemplo: destrezas lectoras, escritoras, competencia matemática, capacidad de comprensión del lenguaje, lenguaje expresivo, capacidades atencionales y ejecutivas, habilidades comunicativas, alta capacidad intelectual,…); de ahí la necesidad de adaptación. Pueden también considerarse
también alumnos NEAE, aquellos que han tenido una incorporación tardía al sistema educativo o cuyas condiciones personales, emocionales o de historia escolar son relevantes e interferien de manera notoria en el desarrollo y adquisición de aprendizajes. Así, un alumno con TDAH, Dislexia, Disgrafía, Discalculia, Trastorno del Lenguaje, Trastorno de Espectro Autista, Depresión, Síndrome o Trastorno del desarrollo, Discapacidad física o intelectual,… es un alumno con derecho a acceder al aprendizaje como cualquiera de sus iguales, y por esto, cuando hay dificultades significativas que interfieren en el desarrollo de su aprendizaje, todos los profesionales de la educación hemos de concentrar nuestros esfuerzos en limitar al máximo los obstáculos y favorecer un aprendizaje seguro, justo y accesible para la persona. Un aprendizaje seguro hace referencia a avanzar en su vida escolar con confianza y seguridad en cada uno de los pasos que la persona va realizando; un aprendizaje accesible favorece esta seguridad en las competencias, habilidades y capacidades, puesto que permite que la persona tenga acceso al aprendizaje de una manera adaptada y con los mismos derechos que sus iguales, siendo así justo.

¿Qué ocurre si soy una foca y lo que evalúan es mi capacidad de trepar el árbol, por el mero hecho de que todos han de pasar por un mismo examen? ¿Qué pensaré? ¿Cómo me sentiré? ¿Seré capaz de rendir? ¿me sentiré seguro?

Cada persona es diferente, y al igual que tenemos nuestra manera de expresarnos, vestirnos o caminar,…también nuestras habilidades a la hora de aprender son diversas. Nuestros puntos débiles y fuertes tienen la peculiaridad de ser los de cada unos. Hemos de ver la diferencia como algo natural, siendo lo “raro” que todos aprendiésemos y pudiésemos comportarnos y evaluarnos del mismo modo. Existen diferencias que son más visibles para la sociedad como, por ejemplo, la ceguera, sordera, discapacidades motoras,… y otras que resultan ser invisibles en muchas ocasiones, como las mencionadas en el párrafo anterior. En relación a esto, planteo:

¿Cómo valoraríamos a un gobierto, institución educativa o centro que se niega a instalar una rampa o ascensor en el colegio a un alumno con tetraplejia? ¿Por qué resulta tan dificil entonces facilitar adaptaciones a otros alumnos que tienen otras dificultades para acceder al aprendizaje?

El hecho de atender o no a la diversidad de nuestros alumnos con las medidas adecuadas tiene un efecto positivo o negativo directo en el alumno.

Además de ponernos en la piel de esta foca que ha de trepar el árbol, podemos empatizar con muchos alumnos que no pueden demostrar lo que saben porque el sistema les limita en el modo de hacerlo. Empaticemos ahora con el caso de un niño con dislexia que le pregunta a su madre

“Mamá, ¿soy tonto?… es que en clase la profe siempre me quita dos puntos porque escribo con muchas
faltas y da igual lo que estudie, al final siempre me suspende por eso”.

O el caso de una adolescente con TDAH que comparte con su hermano:

“¿Por qué no soy tan lista como tú?…siempre soy la última en salir del examen, nunca me da tiempo
a terminarlo y por encima, me despisto y algunas preguntas que sabía las dejo sin hacer y en otras me bloqueo porque no sé cómo poner en ese papel todo lo que tengo en mi cabeza”.

Si intentamos pensar y sentir lo que podrían estar sintiendo estos alumnos en estas situaciones, diríamos: tristeza, frustración, indefensión aprendida, desmotivación, sentimiento de fracaso, inseguridad, ansiedad, bajo autoconcepto escolar, baja autoestima,… Todos ellos son efectos negativos derivados de unas necesidades de aprendizaje ignoradas, no atendidas. Estos son factores emocionales que resultan limitantes y que convierten sus experiencias de aprendizaje en inseguras, injustas e inaccesibles.

Aplicando las medidas adecuadas y las adaptaciones que por sus necesidades se requieran en el entorno escolar, el alumno puede potenciar día a día su aprendizaje con el mismo derecho que sus iguales, y con: motivación, buen autoconcepto escolar, autoestima positivos y seguridad; lo cual impulsa enormemente su aprendizaje en calidad y cantidad. Permitiendo así eliminar obstáculos para conseguir un aprendizaje SEGURO, JUSTO y ACCESIBLE.

Andrea Castro

Logopeda en Unidad Focus

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