¿Qué es ser débil? Entendiéndolo desde el acoso escolar

¿Qué es ser débil?

El acoso escolar es un evento traumático bastante importante y que afecta considerablemente a la experiencia vital. En primer lugar, la persona considera que las «bromas» de los compañeros solo son «bromas», pero poco a poco dichas bromas van escalando hasta provocar un daño emocional, psicológico e, incluso, físico. La persona agredida vive altos niveles de estrés, ya que su mundo, la clase, sus iguales, están en su contra sin saber muy bien el motivo. En muchas ocasiones ese niño ve que nadie se da cuenta de las agresiones y se siente solo ante esas amenazas. Debido a esa percepción de soledad, es difícil buscar ayuda en algún adulto de referencia (ser el chivato), tanto por miedo a su reacción (que no les crean o que los culpen) como por resignación («esto es lo que me ha tocado vivir»). En los casos que sienten que tienen a alguien a su alrededor, el daño emocional recibido es menor, ya que la sensación de percibir que hay alguien que les entiende, siente y protege hace sentir que se sienta importante y válido.

Cuando una persona sufre acoso escolar, es muy probable que tenga secuelas traumáticas.

Los tipos de acoso son muy variados y las respuestas automáticas que puede tener la víctima también. En general, suelen ser respuestas de miedo intenso ante la percepción de vulnerabilidad en situaciones como ver a alguno de los agresores, salir a la calle y mostrar una excesiva suspicacia con las personas. Además, buscarán signos de alarma en la conducta no verbal de los otros, se mostrarán sumisos con las personas, minimizarán la importancia de los ataques, se apuntarán al gimnasio o a alguna arte marcial para creer que se pueden defender, etc. Subyacente a todas estas conductas, está la sensación de estar en peligro constante.

Una vez ha pasado cierto tiempo, el acoso escolar suele cesar porque se van los acosadores principales, se cambia de colegio/instituto o la persona termina o abandona los estudios. En ese momento, cuando la situación está más calmada, supuestamente la persona podría sentirse como antes, como si no hubiera pasado. Pero pasó. Y, aunque hay gente que lo olvida (defensa que complica la integración del evento), gran parte de la gente recuerda esos eventos como un recuerdo desagradable, viéndose a sí mismos cómo eran, lo que hicieron, lo que no hicieron…En definitiva, sintiéndose débiles. Sienten culpa porque se dejaron hacer eso y porque no fueron lo suficientemente fuertes para superar la situación.

Pero ¿cómo un niño puede ser «fuerte» cuando le acosan? ¿Qué es ser fuerte?

Si intentamos buscar definiciones de ser fuerte por internet, encontramos que se trata de una persona que no tiene miedo, que aguanta mucho en las situaciones, aunque estén perdidas, y sigue luchando. La concepción de fuerte como un autoconcepto bueno y deseado ha estado y sigue estando muy establecido en nuestra sociedad y nuestra cultura. Por ello, esta concepción de ser fuerte está muy instaurada en nuestro cerebro, buscamos ser fuertes a toda costa y, por lo tanto, huimos de ser débiles.

En la RAE (Real Academia Española) también está reflejada esta idolatración del ser fuerte, la cual la define como «una persona con gran resistencia, robusto, firme, animoso, buena salud». Esta concepción de la fortaleza la podríamos relacionar con la figura de los héroes de las leyendas. Un héroe es una persona que, ante una adversidad, va para adelante, aunque la situación esté perdida, sin huir e, incluso, morir por una causa mayor y mantener una moralidad y honor. Esta figura del héroe, las normas morales y sociales de esta índole son antinaturales y generadoras de traumas.

Siguiendo con el ejemplo, una persona que ha sido acosada está constantemente sintiéndose débil, pero quiere sentirse fuerte. Pero ¿de qué huye? ¿Qué es ser débil?

La definición de débil de la RAE es «persona que tiene poco vigor o poca fuerza o resistencia, flojedad de ánimo que cede fácilmente ante la insistencia o el afecto y deficiente moral». Leyendo esta definición, es normal que las personas no queramos ser débiles. Pero, si nos paramos a pensar bien, la persona que sufrió acoso, ¿fue débil? La respuesta es no.

Entender la sensación de debilidad es complejo si nos centramos en nuestra experiencia como humanos, debido a que vivimos en una sociedad que nos influye para construir nuestras normas sociales y personales. Por ello, a fin de poder explicar por qué en ese momento no éramos débiles ni que tampoco teníamos que ser fuertes, vamos a ilustrarlo con el mundo animal, porque, tanto ellos como nosotros, tenemos que responder al segundo en diferentes situaciones sociales, sin tener tiempo para pensar, analizar y resolver una situación. Estos automatismos tan instintivos que tenemos son para protegernos y poder sobrevivir. La diferencia entre los animales y nosotros es que en el mundo animal no hay normas sociales que dicten cómo «deberían» actuar y «qué» deberían hacer.

Cuando percibimos un peligro, las reacciones tienen que ser rápidas e instintivas para poder sobrevivir. En una pelea también. Si buscamos en internet una pelea entre animales, ya sean perros, gatos, monos, leones, o cualquier otro animal, podremos ver fotos de únicamente dos animales enfrentándose. Las peleas en grupos son difíciles de ver porque no se pueden considerar como tal. Una pelea tiene una premisa básica, se desarrolla porque ambos oponentes atacan, dado que ambos creen que pueden ganar. Si uno no puede ganar, no hay pelea, porque huye o se somete para sobrevivir.

Por ejemplo, cuando se empieza una pelea de 4 contra 1, el que está solo tiene una baja probabilidad de ganar (todos los animales que participan tienen la misma constitución, fuerza, etc.), por lo que es poco probable que esta tenga lugar. El animal que está en inferioridad numérica suele huir, someterse o congelarse para poder sobrevivir, dado que no podría ganar y esto significaría la muerte del individuo; por ello, su cuerpo escoge seguir viviendo. ¿Esta reacción se podría considerar como débil? Espero que la respuesta sea que no, sino no me he expresado adecuadamente.

Cuando se hacen las comparativas con animales y nos imaginamos un mono contra cuatro monos, solemos ver la huida o la congelación como algo normal. En cambio, cuando pasa lo mismo con los humanos, nos vemos débiles, juzgamos lo que hicimos y nos machacamos porque deberíamos habernos defendido; pero no podíamos. Los animales, como no tienen todas las normas sociales y morales de tener que ser fuertes, de estar allí y acabar muriendo por defender una causa, saben y aceptan que la mejor forma de actuar es la que preserve la supervivencia del individuo. Nosotros tenemos el mismo instinto, pero nos juzgamos por ello. Nos juzgamos por una actuación que ni siquiera decidimos. Nuestro instinto actuó de la mejor forma que podía en ese momento para hacer lo que sabe hacer, protegernos.

Por lo tanto, cuando el cuerpo se congela, cuando no sabemos qué hacer, cuando tenemos una conducta sumisa, cuando huimos, es porque necesitamos sobrevivir.

Si la vida es lo más importante que tenemos, ¿por qué nuestra moralidad va en contra de ella? ¿Es más importante ser fuerte que sobrevivir?

Al haber vivido un evento traumático, la sensación de que alguna vez fuimos débiles se mantiene en el tiempo y, muchas veces, nos enfada el habernos sentido así en ese momento, sin entender que fue nuestro sentido de supervivencia el que actuó, que reaccionamos instintivamente, que fue la mejor reacción que nuestro cerebro encontró en ese momento (y quizá la única que tenía). Pensamos que deberíamos haber reaccionado de otra forma, defendernos o, incluso, atacar. Y era imposible, muy probablemente hubiera incrementado los daños emocionales y físicos.

Esta sensación de debilidad no solo aparece en las personas que sufren acoso, también ocurre cuando hay un maltrato físico o emocional, parental y/o de pareja, u otro trauma relacionado con el no haberse podido defender. Las personas suelen ver el evento en el pasado, piensan en cómo deberían haber actuado para no sentirse débiles, para poder verse fuertes para ir hacia adelante. Pero esta forma de pensar es dañina en sí misma, porque genera pasados y futuros alternativos imposibles y antinaturales. No podíamos reaccionar de otra forma, lo hicimos lo mejor que pudimos con los recursos que teníamos.

Uno de los trabajos importantísimos en terapia es que las personas entiendan la sensación de debilidad y se permitan sentirse débiles, en ese y en otros momentos. El objetivo en sí no es ser fuertes y poder superar todas las adversidades, sino conocerse, entenderse, saber cuáles son sus recursos personales y cómo ponerlos en práctica, pedir ayuda cuando se necesite y solo pelear en las luchas que se puedan ganar, permitiéndose huir cuando sea necesario.

En muchas ocasiones, he intentado definir los conceptos de «ser débil» y «ser fuerte». Incluso, he intentado omitir estas palabras por toda la connotación que llevan, pero fracasé en ambas estrategias. Tenemos muy arraigados estos conceptos, algo que, además, nos recuerdan en películas, series, internet, etc. Así que, de momento, mi mejor conclusión sobre este tema es la siguiente: una persona fuerte es aquella que se permite sentirse débil.

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