Pantallas, ¿amigas o enemigas de los hiperactivos?

Buscando noticias sobre el mundo del TDAH, hoy me encontré con esta noticia que, aunque es un poco antigua, no deja de ser un problema con los que se encuentran los padres día tras día.

A mucha gente le sorprende que un niño que está diagnosticado por Déficit de Atención e Hiperactividad le des una televisión, un móvil o una consola con su mando y pueda pasarse, literalmente, horas sentado en una misma posición y mostrando una atención sorprendente, tanta que aunque lo llames mil veces para cenar no mueva ni un músculo.

Para un padre o madre normal y corriente que no le gusten los videojuegos o no esté muy puesto en las nuevas tecnologías, cuando ve a su hijo jugar podría estar viendo en la televisión algo como esto:

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Muchos colores y muchas cosas en movimiento. Nada más. Para un niño con TDAH (o sin él) lo que está viendo podría ser algo parecido a esto:

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Poneos durante un momento en su lugar. Tú, un personaje con poderes o habilidades especiales en un mundo fantástico, donde cada pocos segundos voy recibiendo refuerzos positivos que me dicen lo bien que lo estoy haciendo, donde tengo estímulos constantes en forma de enemigos, saltos, puzzles,… y aún por encima, cada poco recibo recompensas, ¡Una vida!, ¡Acabo de conseguir la puntuación más alta, y además me la publican en internet! Y a todo esto, le sumamos que puedo jugar con amigos y que ni siquiera tienen que estar conmigo ya que se puede jugar por internet. ¿Quién no querría todo esto? Yo firmo.

Cuando un niño con TDAH está jugando lo que ocurre es que se encuentra dentro de su franja de actividad emocional y su atención sostenida en la pantalla. Las personas tenemos una zona de actividad emocional en la que trabajamos bien. Si nosotros nos encontramos por encima de esa zona es cuando aparece la ansiedad y cuando nos encontramos por debajo, aburrimiento y sueño. En las personas con TDAH, la zona de actividad emocional es mucho más estrecha. Muchas veces, cuando vemos a un niño moviéndose estando sentado haciendo los deberes o en clase en realidad lo que está haciendo es intentando llegar a esa zona. Cuando todos los estímulos te los proporciona el propio videojuego ya sea a través de refuerzos positivos por coger monedas, subiendo de nivel, matando enemigos o consiguiendo premios y además a muy corto plazo, estos niños no tienen necesidad de moverse ya que se encuentran en la zona de actividad emocional. Tened en cuenta viendo la imagen anterior, que esa escena puede transcurrir en cinco segundos. Imaginaros todo eso durante horas.

El problema es que, mientras ellos están jugando durante horas, en la vida paralela a la suya suceden cosas. Hay deberes que hacer, actividades que realizar o salir a la calle con los amigos o a hacer deporte.

A día de hoy, es muy común que muchos niños y adolescentes tengan su propio ordenador, su propia consola o su propio móvil. E incluso, a veces las tres cosas. Cuando ellos tienen acceso ilimitado a todo esto y se encuentran en su propia habitación fuera de un control externo que les limite, es cuando aparecen los problemas.

A día de hoy tenemos a nuestra disposición herramientas que nos ayudan a mitigar estos problemas. Incluso las propias videoconsolas permiten limitar el uso a través de códigos o, en caso de ordenadores y móviles, con programas de control parental de los que hablaremos en profundidad en el futuro.

Manuel Peña

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