Las leyes de la salud mental

Las leyes de la Salud Mental

Introducción:

Hoy nos encontramos con muchas personas que aun necesitando un servicio de salud mental no acuden a él por estigma, por miedo o por desconfianza. Y no siempre, cuando lo hacen, encuentran respuesta a sus demandas, lo que puede provocar que abandonen el intento de mejorar su calidad de vida, o que tengan que recorrer un sinfín de profesionales hasta lograrlo. A este peregrinaje de profesional en profesional le llamamos «la carrera».

De hecho, es relativamente frecuente que las personas que lleguen a la consulta de profesionales especializados como los de Unidad Focus hayan recorrido antes un buen número de profesionales.

No siempre es así y no todo el mundo tiene que pasar por «la carrera». Algunas personas cuyo problema es leve o bien conocido encontrarán soluciones en prácticamente cualquier profesional al que acudan y, si no son soluciones totales, al menos, serán parciales y lo suficientemente aceptables. Pero para las personas cuyos problemas sean más complejos o específicos y no les sea tan sencillo encontrar ayuda eficaz, son para las que van dirigidas las leyes de la salud mental a fin de minimizar los recursos invertidos, como tiempo, dinero y energía y maximizar los resultados del proceso.

BLOQUE 1: Duda de todo

1/1 Ley de la desconfianza: Desconfía de todos los profesionales de la salud mental.

Cuestiona sin negar y comprueba sin fe ciega. La mente es compleja y su estudio muy reciente. Al existir distintos modelos teóricos, la misma patología se puede presentar de múltiples formas y la variabilidad humana lo hace aún más complejo.

En una terapia es necesario abrazarse al escepticismo (dudar de todo) pero huir del nihilismo (no creerse nada) y del dogmatismo (creer ciegamente). Si te dan un camino a seguir, no tengas fe de que ese camino será bueno. No creas tampoco que será malo ni te niegues a caminarlo. Dudando y examinando atentamente empieza a caminar, y a cada paso, juzga el recorrido. Puedes desconfiar, puedes protestar, pero inténtalo o intenta intentarlo.

El profesional debe ser capaz de demostrarte que puede ayudarte y, por eso, debes ir otorgándole o retirándole puntos de confianza, a medida que se cumplan sus previsiones y beneficios de su intervención.

1/2 Ley de la discrepancia: Segundas y terceras opiniones son siempre bienvenidas.

Ante la duda, comprueba si distintos profesionales tienen el mismo juicio clínico. No siempre van a estar de acuerdo, ni siempre que no lo estén unos serán los que estén equivocados. También es posible aquí encontrar profesionales que no están de acuerdo, aunque todos tengan razón, o profesionales que están de acuerdo, pero se contradicen al utilizar distintas nomenclaturas. No solo tiene que tratarse de encontrar a varios que piensen lo mismo, a veces llega con encontrar a quién encaje con lo que tú eres y que sus soluciones realmente funcionen.

Si un profesional te dice que no acudas a otro profesional, deja a ese profesional.

Al recomendarte que no tengas una segunda opinión, no está siendo capaz de anteponer tus intereses a sus emociones. Su inseguridad está protegiéndole a él, no a ti. Siempre es incómodo que otros profesionales den visiones diferentes a la tuya y más incómodo aun dejar patente que estabas equivocado pero, como profesionales, debemos anteponer nuestros pacientes a nuestro orgullo.

1/3 Ley de la patita: Dale la mano, no el corazón.

Aun cuando logren ayudarte, no caigas en la trampa de idealizarlos, cuestiónales siempre y no tengas fe ciega en ellos porque ellos también son personas y su personalidad es su herramienta. En este oficio no existe la objetividad. La vida y vivencias del profesional interfieren en su visión y sus juicios clínicos.

1/4 Ley de los oídos sordos: Las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno.

Escucharás múltiples y variopintas opiniones de familiares, amigos o vecinos. Todos conocen el problema y todos tienen clara la solución. Las opiniones son solamente eso, opiniones, y deben ser tratadas como tal.

Si no debes fiarte de personas que se han preparado concienzudamente durante años para poder ayudarte, imagina lo que debes fiarte de las demás.

BLOQUE 2: El tiempo no lo cura todo

2/1 Ley de la insistencia: No te rindas.

Cambia de profesional las veces que necesites, descansa, intercala o combina terapias, pero no abandones nunca el proceso. Se persistente, a veces «la carrera» es larga y tardas en ver la luz. No te rindas, merecerá la pena cuando encuentres la paz que estabas buscando.

2/2 Ley de los pies quietos: Aguanta lo mínimo.

Para que una terapia pueda ser eficaz, necesita un tiempo mínimo. El problema es que la cantidad exacta de tiempo es desconocida; por lo que, cuando inicies una terapia, tantea esto con tu terapeuta para poder ajustar expectativas y evitar innecesarias frustraciones o abandonar una terapia que hubiera sido eficaz si se hubiese marcado un mínimo de permanencia: «antes de aquí no me voy, aunque no vea resultados.»

2/3 Ley de los pies inquietos: Márcate un máximo.

Si una terapia no avanza, desconfía del psicólogo, no de la psicología. Cambia de profesional. No debes quedarte eternamente en algo que no funciona, por eso debes marcar un tiempo máximo: «después de aquí no me quedo si no he visto resultados.»

Las leyes 2/2 y la 2/3 son complementarias, no contradictorias. Son los límites que debes marcarte de mínimos y máximos sin resultados.

2/4 Ley del techado: Te acercará solo hasta donde pueda.

Cuando un profesional te esté ayudando recuerda que, en algún momento, puede llegar un techo terapéutico. Háblalo con él para encontrar el momento adecuado para abordarlo y, posiblemente, cambiar a otro profesional.

2/5 Ley del cruce: Ninguno podrá recorrer todos los caminos.

Aunque un profesional logre unos objetivos, estará dejando otros sin trabajar. Ningún profesional puede abarcar todas las áreas ni todos los ángulos. Si ves que algo importante no se está tratando, háblalo con él para buscar juntos un complemento a su terapia.

BLOQUE 3: Tú eres la máquina, él, la herramienta

3/1 Ley de la espátula: Son herramientas y solo herramientas.

No deberías jamás pensar en tu profesional ni en sus necesidades y ellos no deberían permitirlo. Son una herramienta que tú decides utilizar y, como herramienta, un profesional no debería necesitar consideración, perdón ni gracias. Es el profesional que tiene que saber cómo gestionarse él mismo, tú estas ahí para que él te ayude a gestionarte a ti.

 3/2 Ley de la máquina: Si no vas o no lo intentas, no funcionará.

Tú eres el paciente, te pones en sus manos. Es tu responsabilidad asistir a terapia e intentar seguir activamente sus indicaciones, la suya que esas pautas funcionen pero, si no las intentas, no podrás conocer su eficacia.

3/3 Ley del plan bueno: Me encanta que los planes salgan bien.

Solo hay un plan bien hecho, el que sale bien. No puede existir un buen plan mal ejecutado porque, si fuera un buen plan, habría tenido en cuenta la capacidad de ejecución de la persona.

Si decides seguir una pauta terapéutica y la intentas o, al menos, intentas intentarlo pero, finalmente, no lo haces o no sale bien, lo que falla es la pauta, no tú ni tu esfuerzo. El profesional deberá responsabilizarse de todo lo que ocurra en el proceso terapéutico a excepción de tu asistencia e intencionalidad.

3/4 Ley de la victoria: La victoria es de los jugadores, la derrota del entrenador.

Tuyos son los éxitos, pero suyos los fracasos. El profesional deberá responsabilizarse de todo aquello que no funcione, pero de nada de lo que tú logres.

 3/5 Ley del especialista: Si es aprendiz de todo, es maestro de nada.

Busca un profesional especializado en lo que crees que te pasa o en los diagnósticos que otros profesionales te han dado. Confirma que esas son verdaderamente tus patologías y solo esas y trata cada patología desde su especialista. La salud mental es un inmenso océano y nadie podría abarcarlo todo.

No encontrarás un profesional que esté especializado en todo, aunque encontrarás a muchos que lo venderán así.

3/6 Ley de la concausa: Nada lo explica todo.

La falacia de la causa simple o relación de espuria nos habla de la tendencia de las personas a explicar todo lo que le ocurre desde la única causa que conocen. Las personas somos complejas y rara vez se explica lo que nos ocurre desde una sola causa o patología. Busca siempre otras causas y concausas. Encontrar el sistema de multicausalidad es la principal razón de una evaluación psicológica.

Recuerda que la comorbilidad es la forma más habitual de presentación de las patologías; por eso, es importante además de la visión especializada, la visión periférica, ya que el especialista no será capaz de verlo desde otros ángulos.

3/7 Ley del catedrático: Hazte un máster en ti mismo.

Una parte de toda terapia es educativa y podrás avanzar más rápido si te haces un experto de tus propias patologías y las de los tuyos.

Asegúrate te buscar información veraz en guías clínicas y evitando bulos y foros populares que podrían desinformarnos. Recuerda que en salud mental existe un enorme estigma social que da cuerda a la desinformación generalizada en internet.

 3/8 Ley del entorno: No estamos solos.

Desconfía si el profesional, además de con la persona, no trabaja con su entorno (padres, pareja, etc.) Incluso en patologías que se tratan desde lo individual, como una dislexia, es fundamental trabajar con el entorno para evitar traumatizar. Si no se trabaja el entorno, las posibilidades de éxito se reducirán significativamente.


Javier Estévez Rodríguez

Director clínico general de Unidad Focus, psicólogo y psicopedagogo.

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