La maldita LOMCE

Hace un par de meses escribí una serie de artículos sobre los ACI (adaptaciones significativas y no significativas), que incluyen tanto las estrategias de planificación y de actuación del profesor para afrontar las demandas de cada alumno, como las programaciones que contienen objetivos, contenidos y sistemas de evaluaciones diferentes. Las ACI aparecen recogidas en el artículo 8. “Medidas ordinarias” y en el artículo 9. “Medidas extraordinarias” del capítulo II “Actuaciones y medidas de atención a la diversidad” del decreto 229/2011.

¿Por qué vuelvo a hablar de las ACI? Porque quiero dejar claras las incongruencias que se recogen en la LOMCE que, paradójicamente, significa Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa. La LOMCE ha sustituido el programa de Diversificación Curricular en 3º y 4º ESO por el PMAR (Programa de Mejora del Aprendizaje y Rendimiento), ambos considerados ACI no significativos. A simple vista, parece que

“simplemente” han cambiado el nombre del programa pero hay que tener en cuenta que el alumnado sólo puede acceder al PMAR en 2º y 3º ESO.

Y, entonces,

¿qué sentido tiene que el estudiante pueda cursar este programa en 2º y 3º y no en 4º? ¿No sería mucho más lógico que el PMAR también existiera en el último curso de la ESO? ¿Por qué esto no es así?

Pues porque, cuando se creó el PMAR, se tuvo que tener en cuenta que, al final de 4º, el alumno tendría que superar una evaluación, la tan temida Reválida, para poder obtener el título de la ESO. Por lo que, en su momento, se creyó que todo el alumnado debería cursar los mismos contenidos en 4º para poder enfrentarse “en igualdad de condiciones” a la prueba de evaluación final. Sin embargo, en este examen habría preguntas de todos los cursos de la ESO, por lo tanto, aquellos alumnos que hubieran cursado PMAR en 2º y 3º tampoco podrían realizar esta prueba de la misma manera que los otros compañeros.

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Además, ya no sólo estamos hablando de la preparación en cuanto al contenido, sino que también es necesario tener en cuenta el nivel de ansiedad y de estrés a los que se ve sometido el estudiante. En nuestro grupo de estudio tenemos alumnos que actualmente están cursando 2º ESO y ya han tenido episodios de ansiedad sólo de pensar que, para obtener el título de secundario, tienen que aprobar un examen final y que, al fin y al cabo, se lo juegan todo a una carta.

¿Cómo se puede pensar que este tipo de evaluación es beneficioso para el alumno? ¿Qué se pretende conseguir con ello, reforzar el aprendizaje del alumno o hacer un cribado para que sólo salgan adelante aquellos que no tengan ninguna dificultad? ¿De verdad que el mensaje que queremos transmitir a las futuras generaciones es que sólo sobrevivirá el más fuerte?

Juzguen ustedes mismos.

Lara Gil, profesora de apoyo en Unidad Focus.

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