La llegada de un hermano a casa

“Desde que nació su hermano/a todo cambió”, “está insoportable”, “quiere llamar la atención todo el rato”, “tiene celos del bebé”, “se ha vuelto un envidioso/a”, etc.

Son frases que escuchamos con frecuencia por parte de conocidos y familiares, incluso de los mismos padres. Es posible que al leerlas hayas recordado situaciones en las que oíste algo parecido o quizá incluso eras tú quien las decía.

La llegada de un nuevo miembro al sistema familiar es un factor desestabilizador. Hasta entonces, cada miembro tiene un rol único y bien definido: el de papá, el de mamá y el de hijo/a. El nacimiento de un bebé implica que el rol de hijo debe ser compartido, algo que a priori para los adultos es un motivo de alegría y felicidad. Es probable, sin embargo, que no signifique lo mismo para el niño.

Para cualquier ser humano, ya sea niño o adulto, resulta difícil compartir un rol y dejar de ser el único. Pongamos un que prácticamente todos hemos vividos. Cuando estábamos a los primeros cursos de primaria teníamos “el profesor”. Ese profesor que nos impartía todas las asignaturas (a excepción de educación física) y que era nuestro referente. Tenía un rol único y diferenciado. En la escolarización hay un momento que este rol deja de ser único y aparece el profesor de inglés, el profesor de matemáticas, el de lengua.

El hecho de tener que compartir un rol genera malestar. Tener un hermano sería compartir el rol. Por lo que si nos ponemos en la piel de un niño, es natural pensar que el nacimiento del bebé le puede resultar difícil de manejar y generarle emociones desagradables. Además, teniendo en cuenta que los niños, se rigen por un pensamiento caracterizado por ver el mundo desde la causa-efecto y una tendencia muy marcada, que dura hasta los 6-7 años, a ser egocéntricos.

Por ello, para el niño de menos de 7 años, la llegada de un hermano supone la aparición de un rival y una disminución del cariño de sus padres hacia él y con ello a veces surgen la envidia y los celos, emociones complejas que el niño aún no es capaz de manejar.

A los niños a partir de 7 años la llegada de un hermano también les afecta, pero el impacto suele ser menor debido a que a partir de esa edad empiezan a ser capaces de pensar de manera racional y a tener una visión del mundo menos egocéntrica.

Estas emociones casi siempre son del hermano mayor hacia el pequeño, ya que es el que vive la pérdida de tener que compartir su rol de hijo.

Cuando hablamos, solemos confundir el significado de los celos y de la envidia. Es importante diferenciar ambas ya que se usan muchas veces indistintamente, quieren decir cosas diferentes.

Por un lado, la envidia requiere que el otro tenga algo que uno quiere, es decir: “deseo lo que esa persona tiene”, ocurre por ejemplo cuando un niño quiere el juguete nuevo de su hermano.

En cambio, los celos constituyen una dificultad para compartir algo que consideras tuyo: “miedo a perder el amor de alguien a causa de otra persona”, es decir, que el amor que esa persona siente por ti lo sienta por otra persona. Los celos tienen lugar cuando el niño tiene miedo a perder el amor de mamá y papá a causa de la llegada de su nuevo hermano.

¿Qué podemos hacer para prevenir la aparición de estas emociones en el niño?

 

Durante el embarazo: podemos explicar al niño, de forma adaptada a su edad, los cambios que van a ocurrir en el cuerpo de mamá e incluso explicarle que él/ella también estuvo ahí. Además, podemos involucrar al niño, por ejemplo, en la elección del nombre o en la decoración de la habitación del bebé, de esta forma se sentirá importante y parte del equipo. Es importante evitar los cambios bruscos, por ejemplo: si vamos a cambiarle de habitación es mejor hacerlo con antelación, para evitar que lo asocie con la llegada del hermano y que se sienta desplazado. Otro aspecto que es importante tratar con antelación, es el hecho de anticipar al niño que el bebé necesitará muchos cuidados, igual que los necesitó él.

Tras el nacimiento del bebé: es recomendable intentar que sean papá o mamá quienes le presenten al bebé, para que siga sintiéndose parte del proceso y del equipo. Hay que tener en cuenta que en ese momento es normal que el niño experimente confusión, frustración, o enfado. Es importante que tenga la libertad de expresarlo, para ello, los padres tienen que permitirle al hijo mayor expresar cualquier emoción y agradecérselo cuando lo haga, ya que esas emociones no significan que no vaya a querer a su hermano/a.

Además, cuando el bebé llega a la familia se convierte en una prioridad dado que necesita de papá y mamá para sobrevivir. Hay que tener en cuenta que si él es lo más importante su hermano también debe serlo, ya que él también necesita a ambos padres. Debido a esto es esencial reservar tiempo de calidad para compartirlo con el hermano mayor, por ejemplo, aprovechando los ratitos en los que el bebé duerme, yendo a dar un paseo de la mano o jugando juntos.

Al igual que durante el embarazo, la involucración del niño en esta etapa es muy importante, así le enseñamos cómo puede tratar al bebé, qué movimientos pueden resultar demasiado bruscos. Esta participación activa del hermano le permite aprender que, al estar cerca del bebé, de esa forma también está cerca de mamá y papá, sin sentirse desplazado. Por ejemplo: si el niño tiene 2-3 años tendrá tendencia a realizar movimientos muy bruscos de forma no intencionada hacia el bebé. Los padres, en vez de regañarle, podemos tomarnos tiempo para sentarnos con él y explicarle cómo puede acariciar o jugar con el bebé sin hacerle daño. Incluso podemos, por ejemplo, involucrarle en la hora del baño del bebé, que ayude a preparar el agua y la toalla.

A pesar de todas estas pautas, es probable que los celos y la envidia aparezcan ya que es un momento muy difícil para el hermano mayor. Pueden manifestarse de forma explícita verbalizada por el niño o mediante conductas de llanto, alteraciones de sueño, rabietas, regresión a etapas anteriores (dejando de controlar esfínteres, empezando a hablar como si fueran más pequeños, etc.). Si esto ocurre debemos tener en cuenta varias cosas:

Validar lo que está sintiendo, ya que es importante que pueda permitirse sentirlo y después aceptarlo como normal y adaptativo. De esta forma le estamos transmitiendo que sus emociones tienen sentido y son entendibles, lo cual supone una ayuda para el autoconocimiento y para la adquisición de herramientas que le permitan gestionar sus emociones.

Evitar comparaciones con el hermano pequeño, ya que cada niño es único y cada uno tiene unas características y necesidades. Además, el hecho de compararlos puede afectar a la autoestima del niño, la cual se forma en un principio a partir de la percepción que tienen los padres de él.

• Las conductas de regresión como la pérdida de control de esfínteres, volver a chuparse el dedo o hablar como si fuera un bebé, pueden aparecer a partir del razonamiento del niño de “mamá prefiere al bebé porque es más pequeño”, por lo que “si vuelvo a comportarme así volverá a quererme más”. Frente a esto lo que podemos hacer es resaltar sus cualidades y ventajas como hermano mayor.

Recordarle explícita e implícitamente que ambos hermanos son queridos por igual, así evitamos que vea al bebé como un rival y reforzamos su sensación de sentirse querido y parte fundamental de la familia. Por ejemplo: alegrándonos con la misma intensidad por los méritos de uno y del otro o haciéndole partícipe de los progresos y evolución del bebé.

Reaccionar con tranquilidad y cariño, en la medida de lo posible, a los “episodios” de celos, y evitar los castigos en esas situaciones ya que reforzarán su sensación de frustración y su temor de dejar de ser querido frente a la llegada del bebé.

Un concepto que tenemos que tener en cuenta es que por mucho que intentemos prevenir los episodios de celos, éstos forman parte de la adaptación de los niños a la nueva situación. Por ello, es normal que aparezca el malestar en el niño junto con alguna conducta de enfado, rabietas o regresiones. Tenemos que entender que compartir un rol siempre genera cierto malestar y parte del proceso es que se recoja. Es fundamental validar lo que está sintiendo el niño. Es un concepto que hemos repetido anteriormente pero es sumamente importante en este proceso, escuchar y validar.

“Cada vez que nace un niño, nacen también un padre y una madre. Y a partir de ahí crecen juntos en sabiduría y en virtud.” –Carlos González.

Eva Mareque

Psicóloga en Unidad Focus

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