La hiperfocalización

La hiperfocalización

¿Conocéis a alguien a quien le tengáis que repetir 25 veces las cosas?

Me refiero a una de estas personas que, cuando se quedan absortas con algo, parece que no te prestan atención. Que, por más que las llamas por su nombre, no reaccionan o, a lo sumo, te dicen «síííí, ya voooooy» y, aun así, tardan media hora en moverse.

Hiperfocalizar es pasarse de concentración, es decir, cuando uno atiende excesivamente a algo, desatendiendo a lo demás.

Quedarse absorto con una tarea es algo que pude ocurrir de varias formas diferentes y no todas son producto de un exceso de focalización, sino que podría producirse desde diferentes procesos y en diferentes patologías. 

Hoy hablaremos exclusivamente de una de esas formas de quedarse absorto con una tarea, la que se produce por exceso de concentración que es tan común en TDAH, aunque también se da en otras patologías como en TEA, o en episodios maníacos, por ejemplo.

Comenzaremos explicando conceptos psicológicos:

Foco: Es lo que todos conocemos por concentración, donde además de atender, lo hacemos de forma consciente, orientada, sostenida y activa. La concentración requiere mucha energía, para lo que necesitamos reducir al mínimo posible la energía dedicada a los sistemas de alerta, o «atención periférica», que inconscientemente atienden a todo lo que pasa a nuestro alrededor.

Hiperfoco: Llamamos «hiperfoco» a un exceso de concentración en el que te quedas totalmente aislado de todo lo que ocurre a tu alrededor. Para ahorrar energía, tu atención periférica se apaga del casi del todo impidiéndote atender a otros estímulos. Además, durante el estado de hiperfoco, la capacidad temporal queda también anulada, por lo que la persona puede estar horas, creyendo que apenas han pasado unos minutos y no lograremos llamar su atención, por muchas veces que lo llamemos. Es algo que ocurre incluso llamándole por su nombre desde la misma habitación. De alguna manera, parecen no reaccionar o en el mejor de los casos, responden con algún automatismo no consciente de tipo «voooy», pero que realmente luego no recuerdan ni que se les hubiera llamado, ni que hubieran respondido.

Atención alternante: Es la capacidad de cambiar de foco de atención entre dos estímulos. Pongamos una situación: estoy estudiando y entra mi madre en el cuarto con un bocadillo, dejo de atender al estudio, recojo el bocata y luego vuelvo a estudiar. La capacidad de salir de mi foco, atender a mi madre y luego volver a mis estudios depende de la atención alternante.

Sostenimiento de la atención focal: Es la capacidad de sostener en el tiempo todo el proceso cognitivo de la focalizacion mientras presto atención a otra cosa. Es decir, en el ejemplo del bocadillo, es la capacidad de que, cuando mi madre salga del cuarto, yo no necesite volver a concentrarme en mis estudios de cero, sino que sencillamente pueda retomar donde lo había dejado, sin apenas perder nivel focalización. Veámoslo con un ejemplo.

Imagina que estás leyendo un libro, yo aparezco con una cartulina, la pongo entre tú y el libro y te distraigo. Ante la pregunta: «exactamente ¿qué ocurría en tu lectura antes de mi interrupción?», «¿durante cuánto tiempo crees que podrías responderla?»

Las personas con TDAH no suelen llegar ni al minuto. Y en algunos casos se reduce apenas a unos segundos.

La razón de explicar todos estos conceptos es para entender cómo en TDAH, el foco es enorme (hiperfoco), la atención alternante es pobre y el tiempo de sostenimiento de la atención focal es mínimo.

Siguiendo con el ejemplo del bocadillo, cuando mamá nos trae el bocata, lo primero que ocurre es que para que tú dejes de atender a tus estudios y le prestes atención a ella, necesitas una montaña de energía para salir de tu foco. Si, sencillamente, entrásemos en el cuarto y esperásemos a que él nos atendiera, tardaría 30 minutos sencillamente en decirnos «¡Ah! Estás aquí». Al hacerlo de golpe, se genera un dolor y una irritabilidad enrome en la persona. Pero es que, además, como el tiempo de sostenimiento de foco es tan corto, cuando retome los estudios, tendrá que volver a empezar el proceso de concentración. ¿Mentalmente oirá «Por dónde iba?», «dónde estaba?», «estaba estudiando, si… pero ¿qué?», es decir, que la capacidad de retomar la tarea es mucho más complicada. 

No solo se trata de explicar de que salir del hiperfoco duela, sino que además es que el volver a retomar la tarea produce una infinita sensación de desorientación. Arrugas la cara mientras dices un «eeeeeeeeh…». Pensar lo fácil que sería generar odio a estudiar, si te costase un montón concentrarte, te doliera muchísimo salir cuando alguien pase caminando a tu lado y te doliera un montón volver a entrar.

Bien. Ahora que entendemos todo este proceso, vamos a cambiar una actividad como «estudiar», en la que tenemos que meterle fuerza de voluntad, por otra actividad «jugar a la consola», que nos resulta atractiva, ya que el estímulo es intenso, agradable, reforzante, dinámico y activo. La capacidad para concentrarse en la tarea «jugar a la consola» es mucho más barata energéticamente hablando, es decir, que el coste de entrada en el foco de la consola es mil veces menor. Sin embargo, el resto de procesos no cambian. El sostenimiento de atención focal sigue siendo bajo, por lo que, aunque regresar a la tarea cuando algo nos distrae sea menos abrumador, el dolor producido por sacarnos del hiperfoco es exactamente el mismo. ¿Y porque esto es tan importante? Porque esta es precisamente la moraleja del artículo:

La moraleja

JAMÁS apaguéis la tele a un TDAH hiperfocalizado. Al hacerlo, le hacéis daño. Sé que cuesta creerlo, pero de verdad que arrancarle lentamente los pelos de las piernas sería mucho más llevadero.

Ya, pero entonces ¿qué hacemos?, ¿cómo reclamamos su atención? Esta pregunta se responderá en un próximo artículo titulado «Protocolo de deshiperfocalización».

Javier Estévez Rodríguez

Psicólogo y Director General de Unidad Focus

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