La escalera del odio – parte 8 de 12 – Curso y desarrollo

La escalera del odio – Curso y desarrollo

Hablábamos de la patología parental y me quedé con un pensamiento. ¿Es por eso que siempre soy yo el objetivo de los ataques de mi hijo? ¿Por mi patología parental?

No, en absoluto. Esto les ocurre a todos los padres de todos los TND del mundo. Es parte de lo que es el TND y de dónde viene.

El TND se origina en mamá. Siempre en mamá, porque mamá es mi figura de apego y referencia y es de ella de quien yo espero algo y llega hasta todo lo que supone autoridad y referencia en la sociedad: profes, jefes, parejas… etc.

¿Por qué? Ahora mismo me vuelvo a sentir culpable.

Piensa esto, si siempre se origina en mamá es porque no tiene por qué tratarse de lo que has hecho tú como madre, le pasa a todas las madres del mundo. Pero eso a él le da igual. Desde su punto de vista, él esperaba que tú le hicieras feliz, le protegieras de todo maltrato, y aun en el caso de que no hubieras sido tú la persona que lo dañó, te culparía. Lo más habitual es que las madres, inevitablemente, dañéis a vuestros hijos, pero, aunque tú no tuvieras ni siquiera consciencia del suceso, a él le daría igual, te culpará igualmente porque tú eras la que genéticamente le prometió protección mucho antes incluso de haber nacido. Es biológico. Esa figura de apego que todos los mamíferos tenemos y que en el humano toma un valor mucho más alto todavía, ya que los humanos nacemos mucho más indefensos que el resto de las especies. Por eso, eres tú ocurra lo que ocurra y él siempre te culpará a ti.

Vaya, parece que él y tú os habéis puesto de acuerdo.

No es solo él y yo. Hubo un tiempo en el que te argumentaría que esta entrevista la estamos teniendo por culpa de mi madre.

«Si ella no me hubiera parido, dado su genética y educado cómo me educó, tú y yo ahora no estaríamos hablando…».

En realidad, todo este discurso es medio verdad…medio falacia. El término «culpa» no significa eso. «Culpa» es un término jurídico pero nosotros lo utilizamos como un término corrupto a medio camino ente la causa y la responsabilidad. Aunque eso tampoco importa realmente. Todas las cosas buenas y malas, todos los éxitos y fracasos de mi vida siempre serán, en una parte, éxitos y fracasos de mis padres. Es así. Si no podemos aceptar esto, mejor que no tengamos hijos ni para lo bueno y ni para lo malo. Lo que pasa es que es más fácil hacerte con los éxitos de tu hijo que con sus fallos, aunque realmente lo ideal es hacer como un entrenador de fútbol: cuando gana, ganan los jugadores, cuando pierde, pierde el entrenador. Tú como madre y referente debes hacer algo parecido. «No aprobamos cariño, aprobaste tú». Sin embargo, «lo siento, cariño, suspendimos, lo volveremos a intentar en el próximo examen». El concepto de responsabilizar y desresponsabilizar según convenga. Si tú eres un referente, debes asumir responsabilidades para ser un modelo a seguir. Asúmelas, no intentes que él asuma ya responsabilidades. Primero, enséñale tú cómo se hace. Sé su capa y su escudo, para que no necesite al TND como defensa.

¿Y qué debo hacer cuando me culpabilice?

Yo te recomiendo que le des la razón, sin darle demasiada importancia.

«Sí, vale es mi culpa, si no te hubiera traído al mundo, no podría estar pasándote esto» y fin. Ser el desahogo de tu hijo. «Cariño, si necesitas cargar sobre alguien porque no eres capaz de recibir todos los golpes que te da la vida, gustosamente, hijo mío, los compartiré contigo. Uno tú y uno yo.» Es curioso, cuando intentamos quitarle más la culpa de la que él nos hecha, él no nos lo permite: «No, mamá, todo esto sí que es culpa tuya, pero esto otro no. Mamá, esto sí es culpa mía».

Lo que la persona está haciendo es protegerse. Para poder aprender algo, hay que tener energía para recibir el golpe. Esa frase que dice:

«De los errores se aprende si uno está preparado», pues él la interpreta así: «Si la vida me da demasiados golpes, me tumba. Así que esquivo los golpes y se los paso a mi madre. No aprenderé de los golpes esquivados pero, al menos, me mantendré en pie mientras voy aprendiendo de los que sí recibo y el resto que se los coma mamá, que para eso me parió».

No puedes esperar por su parte verdadera empatía. No estáis al mismo nivel, tú eres el referente y él está en un estado de inferioridad en todos los aspectos, sería como tener empatía por el presidente del gobierno, eso no pasa. Con el presidente solo hay 3 posturas y ninguna es empática: O le sigues fervientemente o pasas de la política o luchas contra su opresión, pero no hay empatía porque para eso es el presidente. Aquí tú eres el presidente y, en este caso, recuerda que desde su punto de vista él está en guerra, una guerra por sus derechos y su libertad y el máximo represor de sus libertades eres tú. Y esta guerra, además, tiene un origen en una serie de sucesos traumáticos o daños emocionales que él sufrió a lo largo de su vida y de los que, sin duda, te culpa a ti de no haberlos podido impedir. Recuerda que pase lo que pase, sea lo que sea, desde su punto de vista él y su bienestar era responsabilidad tuya.

Visto así….

Ya te lo dije, que sea fácil de explicar no quiere decir que sea fácil de hacer.

Hablas mucho de sus derechos y libertades pero tampoco es que respete las de los demás.

«En absoluto. Las libertades de los demás no son respetables, porque la mía no está siendo respetada y los derechos de los demás tampoco son relevantes, al menos, hasta que los míos no lo sean».

Recuerda que hablo desde la boca del TND, no desde la mía. Hoy puedo ver más realidades que por aquel entonces, pero aún sé decirle al chico de 15 años que llevo dentro que responda por mí. Ese niño que tenía una incapacidad para digerir amor y, si soy incapaz de digerir el amor que me dan, ¿cómo podría ser empático con mis padres? Si al no recibir su amor, todo lo que me queda de ellos es su opresión, sus límites, sus normas, etc.

Pues estamos listos. Ya, vale, pero en el caso de mi hijo, no es solo conmigo, a su padre le hace lo mismo.

Claro, es la escalera del odio, el primer peldaño es mamá pero luego empieza a crecer. Rápidamente se contagia por todos los tentáculos de la autoridad de mamá y todo aquello que se me presente en un formato autoritario, que oprima la expresión de mi ser, o lo que considero mis libertades… y habitualmente el primero en caer es papá, con su espectacular entrada en escena titulada:

«a tu madre no le hables así».

Y con esa frase se gana un puesto de honor en la lista de desconfiabilidad de nuestro TND.

Desde su punto de vista las cosas se leen de otra forma y es muy importante para los padres aprender a ponerse sus gafas para ver y oír el mundo como él lo percibe. En su mente, cuando su padre entra en escena con su frase estelar, ellos piensan: «¡Genial! O sea que después de ver durante años como el mundo entero me maltrataba, me presionaba y humillaba no hiciste nada, pero de repente, le grito un poco a mamá porque estoy profundamente desesperado, ¡y te pones todo chulo! ¿Quién te crees que eres para meterte entre mi madre y yo? ¡Tú aquí no pintas nada!». Y esto en los casos donde papá no ha sido parte del daño emocional. Si, además, papá fue agresor, la cosa empeora pero, a pesar de esto, siempre te culpará más a ti que a él. Muchas veces de papá uno no espera nada. Pero de mamá, lo espera todo.

A medida que este papá, del que tampoco se esperaba tanto como de mama, intenta hacer de lomo plateado y macho alfa de la casa, los tambores suenan más y más alto y, cuando el baile del gorila comienza, si papá se las da de macho… la cosa suele terminar en drama, con papá y el chico enzarzándose como si fueran iguales, en lugar de un rol de autoridad. ¿Te imaginas en el fútbol que un árbitro y un jugador terminen a tortas el uno con el otro? Pues esto es igual. Y lo peor es que mamá se mete en medio e intenta parar la situación y, si de cualquier forma sale dañada, la culpa siempre será para el chico. Porque los chicos deben obedecer a sus padres, según dicen dios y la ley. Pero si del árbitro se tratase… no volvería jamás a arbitrar. Porque de un árbitro esperamos «clase y altura», «saber estar» y «tener la capacidad de ser un referente y un modelo». Del árbitro esperamos que esté por encima de las reyertas del campo, que mantenga el orden y la calma… Bueno, pues de los padres también.

Como le das la vuelta a todo, ¿no?

Tu hijo también lo hace, ¿no?

Igualito…

La escalera del odio no termina aquí. Luego va el resto de la familia, los profesores que intenten imponerse sin dar nada a cambio con famosas frases épicas como «tú a mí no me faltas al respeto» o «fuera de mi clase» se ganan todo un curso movidito que no dejará de empeorar la situación cuando del cole llamen a mi madre… y así seguiremos subiendo la escalera, hasta que en última instancia, el odio será a todo lo que se denomine autoridad, llegando al entrenador de fútbol o, incluso, al líder de mi grupo de amigos.

Pero, si en algún momento la escalera sube más y sale de la autoridad, trasladándose también a los iguales y al resto de las personas entonces, ya no es TND y se convierte en otra cosa más grande, ya que salta del odio a la autoridad, al odio a los iguales y a las personas. Y esa es la escalera: del odio a mamá, al odio a toda la humanidad. Una vez arriba de todo de esta escalera ya no hablamos de TND, sino de trastorno antisocial de la personalidad y dentro de este, la sociopatía. Pero, tranquila, tú, ya no entrarás en esta estadística porque vosotros tenéis un diagnóstico y habéis estado haciendo intervención.

Qué miedo

Pues imagínate él…  Paremos un rato hasta estar más en calma. Te vendrá bien.

Seguro que sí.

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