La capa de odiosa tristeza – parte 4 de 12 – La disociación de la tristeza

La capa de odiosa tristeza – parte 4 de 12

Antes has comentado algo que no entendí. ¿Qué es eso de «tener disociada la tristeza»?

Es un concepto complicado.  Comenzaré leyéndote un precioso cuento del libro Cuentos Para pensar de Jorge Bucay*:

«La Tristeza y la Furia»  
En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas…

Había una vez… un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.

La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aun, salió del agua.

Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada se puso, al salir, la primera ropa que encontró…

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza…

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

 

 

Es bonito pero no lo entiendo. ¿Me explicas el cuento?

El concepto de disociación es algo complicado de entender y sería conveniente para llegar a entenderlo profundizar un poco en el mundo de las emociones… eso que nos mueve, nos esclaviza y de lo que tenemos casi nula conciencia. La alfabetización emocional es una de las asignaturas pendientes de la humanidad.

Hoy en día se trabaja mucho esto desde las escuelas.

Bueno, avanzamos pero, seguramente, siga siendo igual hasta dentro de 100 años. Hay cosas que necesitan generaciones.

Para ir adelantando en este aspecto, te recomiendo ver la película de Pixar Del revés o Inside out. Viendo en el cine esta película, comprendí un concepto que no logré comprender durante toda la carrera de psicología: la disociación. Como término, «disociar» quiere decir separar. «Shakira disocia sus caderas» quiere decir que, cuando baila, parece que ella baila por un lado, y su cadera baila por otro lado. Este es un ejemplo algo tonto, pero me suele funcionar para entender de forma genérica en concepto. En cuanto a la mente, «disociar» quiere decir apartar un grupo de procesamientos y aislarlos de los demás. Como lo que hacemos cuando partimos en dos nuestro disco duro haciendo un «c:» y «d:». La diferencia entre nosotros y un computador es que las disociaciones mentales son mucho más variopintas y graduales, además de existir de distintos tipos. Las hay corporales, dentro de las cuales podemos disociar, en algunos casos, una parte del cuerpo que quedaría paralizada o, de forma más leve y muchísimo más común, disociar nuestra percepción del cuerpo.

« ¿En qué posición tengo los hombros?», « ¿cómo está mi expresión facial?», etc.

También son posibles disociaciones cognitivas donde un pensamiento que nos daña lo apartamos de nuestra realidad o un dato en nuestra memoria que necesitamos olvidar, sencillamente lo bloqueamos. A veces, un pensamiento que nos daña lo podemos ver como algo extraño o ajeno, como si no nos perteneciera o, sencillamente, que sea inconsciente. Pueden ser momentos, días o años según el caso. También existen disociaciones emocionales donde desconectamos una emoción de forma relativamente estable. Las pequeñas desconexiones emocionales son necesarias, (como la risa nerviosa cuando estamos riendo y entra el profe en el aula) pero, cuando lo hacemos de forma estable, es un problema mayor, (no soy capaz de sentir enfado). Por último, existen otros tipos de disociaciones, más parecidas a las de los discos duros, en las que disociamos todo el sistema; disociaciones de personalidad, donde se forman dentro del individuo distintas personalidades no integradas entre sí, porque todos tenemos distintas personalidades, pero habitualmente están conectadas en un yo global, es decir, integradas en un yo unitario. Si no estuvieran conectadas, hablaríamos de otra patología.

¿Y todo esto está relacionado con TND?

No todo. De todas estas, tan solo me interesan para lo que necesito explicar ahora, las disociaciones emocionales que se explican magistralmente en la película de Pixar, que es precisamente lo que ocurre en un TND.

Entendemos que el TND es un enfado desmesurado, un odio y desconfianza profundos hacia tu madre y todas las figuras de autoridad; sin embargo, esta definición es solo lógica en la parte superficial del problema. En la parte más nuclear, el problema es más una disociación de la tristeza. Una desconexión de la tristeza. Pero ¿qué sentido tendría desconectar una emoción tan valiosa como la tristeza?

¿Dices que es valiosa la tristeza?

Sí, claro que lo es. ¡Valiosísima!

Pero siempre pensé que la tristeza era una emoción negativa y desagradable… que era una emoción mala y que te hacia ser débil.

¿Débil? Que irónico. El TND que hay dentro de tu hijo opina igual que tú. Opina que la tristeza le hace débil. Las emociones no son positivas, ni negativas, son adaptativas o desadaptativas y es muy desadaptativo que se muera un ser querido y no sientas tristeza. Todas las emociones son útiles y sirven para algo, en realidad, para mucho más que algo. Las emociones no son controlables, no son voluntarias ni controladas y, en muchos casos, ni siquiera son detectadas o identificadas.

Cuando nos preguntamos de qué sirve una emoción, debemos entender que las emociones tienen distintas utilidades según el grado en el que se dan, como ocurre con los psicofármacos o las drogas. Pongamos por ejemplo los efectos del alcohol: un poquito (mejillas rojas), mucho (euforia), muchísimo (depresión), una cantidad desmesurada (coma etílico). Con las emociones ocurre algo parecido, un poquito de enfado es necesario para iniciar cualquier acción («vamos allá»). Más enfado establece límites con los demás y comunica a los otros que eso no te está gustando («ni se te ocurra»). Mucho enfado hace reaccionar agresivamente (golpe en la mesa) para asegurarse de que los demás captan los límites. Muchísimo enfado defiende con violencia (golpe en la cara) y una cantidad desmesurada de enfado  incita al asesinato. Esto no quiere decir que las emociones siempre vayan a reaccionar así, porque depende de cómo nosotros las gestionemos pero, en principio, es su función natural.

Siempre pensé que los que nunca se enfadan era más agradables y mucho más simpáticos, ¿no?

No, no. No se trata de simpatía, sino de adaptación. Si desconectamos el enfado nos quedamos indefensos ante el mundo, llenos de inseguridad, miedo y ansiedad. Si pensamos en el personaje de los Simpson Flanders es un ejemplo de ello. Ese bendito del que se puede abusar, cogerle sus cosas que jamás va a hacer nada para impedirlo y totalmente incapaz de ponerle límites a nadie de su entorno y siempre dependiente de dios o de otras personas para que le puedan proteger.

Existe un capítulo done se enfada y se explica cómo disoció su enfado. Resulta que de niño era un niño travieso como Bart, pero tras un verano con una terapia a base de azotes en el culo, se convirtió en «Flanders».

Me estoy perdiendo ¿eso que tiene que ver con la tristeza?, ¿qué ocurre en TND con la tristeza?

¿Para qué sirve la tristeza?

¿Para llorar y desahogarte?

Sí, pero puedes desahogarte dando patadas a un árbol y llorar también de alegría, enfado, rabia o cualquier otra emoción. La tristeza es la emoción que te ayuda a modificar tus patrones de realidad, de aceptar tu nueva realidad, de asumir las perdidas. «Antes yo tenía un perrito, ahora él se ha muerto y nunca jamás poder volver a verlo porque ya no está». Esta es una dura realidad que la tristeza nos ayuda a integrar. La siento, lloro, suspiro, bajo los hombros y me resigno a que no hay nada que pueda hacer para resucitar a mi perro, por lo que tendré que aprender a vivir sin él.

¿Y esto qué tiene que ver con el cabreo constante de mi hijo?

Pues que tu hijo está cabreado porque no puede estar triste. Ha desconectado tristeza para así poder luchar por su libertad y su valía, ya que, si no puede fiarse de su referente, él debe ser su propio referente y es, entonces, donde la libertad y el respeto a su voluntad se vuelven algo vital para él. Tiene miedo de que, si el conecta su tristeza, tu hagas de él una marioneta:

«pon la mesa», «siéntate bien», «di hola, di adiós»” «levántate», «lávate, «vístete», «estudia», «pórtate bien».

¿Cómo que una marioneta? Mi hijo tiene que hacer todas esas cosas.

Te entiendo, pero la historia que te estoy contando no es la tuya, sino la suya. Te estoy contando el mundo desde su punto de vista. A él le importa un carajo si comemos a las 3 o a las 6. Hasta que no tenga hambre… no necesita comer y, cuando la tenga, poner un mantelito y un platito le es totalmente irrelevante, él podría comer directamente de la nevera o de la olla.

Parece que le conocieras.

Ya te dije que soy tu hijo: «El problema, mamá, es que le has dado mucha importancia a cosas que yo no se la daba y has agotado mi capacidad para ceder, mi capacidad para obedecer y he tenido que desconectar la tristeza para que tú no pudieras ganarme más batallas, para que no terminases convenciéndome, para que yo no terminara resignándome.»  Sin tristeza, no hay resignación, solo frustración. Y la frustración se basa en enfado. «Con cada frustración, me voy enfadando más y más y más… hasta que un buen día, la estrategia el TND surgirá de mi boca y te insultaré.» ¿Recuerdas el primer día que tu hijo te insultó con los ojos inyectados en odio?

Claro que sí.

Ese día fue un día muy importante en su vida, él tampoco lo olvidará jamás, ya que aquello que ocurrió ese día ha sido el manantial de lo que hoy puedes ver. Sé que tú ves el TND como el malo de la película, eso que te quitó a tu angelito y lo convirtió en un demonio pero te equivocas. En esta película, como en la realidad, no hay malos y buenos. El único enemigo real que tienes es el desconocimiento. El TND es el escudo, la capa y la espada de tu hijo. La fuerza que le hace luchar por sus derechos, por el derecho a ser bien tratado. A no sufrir de quien más le quiere, tú.

Qué duro. Por cómo me miras ahora, parece que la mala de la película soy yo.

Perdona, son los resquicios del TND que llevo dentro, acaban de encenderse un poquito al recordar el porqué de su existencia. Es algo que todavía estoy puliendo en mi terapia. Entiendo que te he hecho sentir culpabilidad. Lo siento, no es algo que ayude aquí.

Algo que es imprescindible trabajar siempre con los padres es la culpabilidad. Por un lado, sentirla es algo natural, todos los padres la sienten. Ser padre y sentir culpabilidad son la misma cosa, son inherentes e inevitables independientemente de cómo le vaya a tu hijo, pero en TND, vamos a tener que gestionar esa culpabilidad, ya que vamos a ser frecuentemente culpabilizados, no solo por el entorno («le estás malcriando», «no sabes poner límites»), sino que también seremos directamente culpabilizados constantemente por nuestro propio hijo («Es tu culpa, mamá»).

Vamos a partir de una premisa clara. Todas las personas hacen lo mejor que pueden hacer en cada momento teniendo en cuenta sus circunstancias, conocimientos y herramientas de las que disponen. ¿Que lo que hiciste no fue adecuado? No, no lo fue pero, si hubieras podido hacerlo adecuadamente, lo habrías hecho, ya que tu intención era la más pura de las intenciones. Puedo entender que te hayas sentido muchas veces la mala del cuento y mucho más con esa mirada de tu hijo, bien parecida a la que yo acabo de poner, pero te aseguro que tú no puedes ser la mala de la historia. Uno no puede ser el malo y el premio al mismo tiempo y tú eres el tesoro bajo la equis de su historia, su sueño, el gran dorado. Tú eres el premio al final de videojuego. Todo aquello con lo que tu pequeño sueña y necesita emana de ti. Tú eres la solución, pero llevas puesto el problema. Tus miedos, tus inseguridades y tu incomprensión son los enemigos con lo que ambos tenéis que pelear para poder llegar a ese lugar tan soñado.

Y, tú, ¿cómo llegaste a ese lugar? ¿Cómo dejaste de odiar a tu madre?

Mi madre es una santa y la quiero más que a nada, supongo que como todos los humanos del mundo, aunque algunos también las odien. Fue un proceso, no ocurrió de repente. Empezó cuando mi madre aprendió a darse la vuelta y dejarlo correr. Para ella, el ser capaz de darse la vuelta fue una de las primeras y más importantes victorias. Para mí, el punto de inflexión fue el respeto a mis decisiones y a que me aceptase y me quisiera hiciera lo que hiciera. Que me aceptase aunque decidiera ser algo que no le gustase, aunque decidiera hacerle caso al mundo y ser malvado. A los 19 años un día mi madre me dijo una frase que en mi historia ha trascendido como el principio del fin del mi TND. Ella me dijo:

«Hijo mío, te quiero mucho y te llevaré pasteles a la cárcel todos los domingos».

Ella pretendía decirme que el camino que llevaba no era el adecuado, cosa que yo sabía perfectamente, pero que hasta ese momento no podía evitar seguir. Pero esta frase cambio las cosas para mí, porque lo que yo escuché no fue lo que ella quería decirme, en mis oídos la frase que sonó fue: «Hijo mío, te quiero mucho, y te seguiré queriendo si decides creerte lo que todo te han dicho y ser mala persona». Algo dentro de mí se calmó y pude hacerme la pregunta clave: «¿Por qué estoy haciendo todo esto?» «¿Por qué me estoy complicando tanto la vida?» «¿Realmente quiero terminar en la cárcel?».  Era el camino que llevaba sin duda.

Qué duro. Necesito un descanso.

One thought on “La capa de odiosa tristeza – parte 4 de 12 – La disociación de la tristeza

  • Serás siempre un referente en el problema del TND. Lo explicas desde dentro y con toda el alma. Siempre diré que tus escritos me ayudaron a entender a mi hijo, siempre…

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