octubre 31, 2017

Ferrán Vilalta

Una de las grandes pasiones de mi vida es ejercer como psicólogo. Disfruto aprendiendo cada día un poco más, leyendo temas nuevos, estudiando conceptos y viendo el cambio en la gente.

Siempre se nos ha dicho a los psicólogos que tenemos que estar un poco locos para poder trabajar. Si cogemos la definición de locura del s. XIX:

“personas que rechazaban las normas sociales establecidas y se desviaban de la norma”,

podría considerarme así.

Me refiero a las normas que cada uno nos imponemos “no puedo hacerlo”, “soy incapaz”, “soy tonto/a”, “soy un/a inútil”, son creencias que nos autoimponemos. Os sorprendería saber qué arbitrarias son estas normas, lo limitantes que son y lo bien que se siente la persona en ver que es capaz de superar sus propios límites.

Otra de las normas establecidas que interiorizamos es que debemos estar siempre bien. Cuando estamos preocupados se nos dice “no te preocupes”, cuando estamos tristes “anímate” y cuando sientes rabia “tranquilízate”. Lo que estamos comunicando en estas expresiones (y sus múltiples variaciones) es: sentir emociones desagradables es malo, no se deberían de sentir, se tienen que controlar y eliminar. Todos tenemos que estar cada día alegres y contentos porque es lo que toca, es lo normal. Pero muy poca gente se pregunta porque está contenta, solo nos preocupamos de eliminar las desagradables.

Unos de los objetivos fundamentales en terapia es aprender a identificar todas las emociones, comprenderlas, gestionarlas y expresarlas para aprender a conectar con la persona misma y con otras personas. Ello significa, aprender que todas las emociones son lícitas, teniendo que aprender a gestionar las desagradables para reducir su frecuencia, duración e intensidad y gestionar las agradables para aumentar su frecuencia, duración e intensidad.

Por todo ello, puedo considerar que voy contra las normas que nos autoimponemos para poder conseguir sentirnos mejor con nosotros mismos y con la gente de alrededor.