En cuarentena jugamos a sentir

“Es en el juego y sólo en el juego que el niño o el adulto como individuos son capaces de ser creativos y de usar el total de su personalidad, y sólo al ser creativo el individuo se descubre a sí mismo”. –Donald Woods Winnicott

Muchas veces nos preguntamos cuál sería el mejor regalo para un niño, algo que le gustase, que le viniera bien, que disfrutara. En mi opinión, la mejor respuesta a esta pregunta es que el mejor regalo que podemos hacerles es tiempo. Tiempo de calidad con el niño, durante el cual todos disfrutamos, salimos de la rutina de cole – deberes – actividades extraescolares y además fortalecemos el vínculo que tenemos con él.

Durante estos días en casa una de las cosas que más disponible vamos a tener es eso, tiempo, así que puede ser una buena ocasión para reforzar la relación con nuestros hijos. Además, son días extraños para todos, adultos y niños, y es importante que no dejemos de lado todo lo que sentimos al respecto y que le demos a os niños la oportunidad de sentir también.

Por eso hoy os propongo algunos juegos que unen juego y emociones y que pueden hacerse en casa. Pero ¿Por qué? ¿Para qué dedicar un rato a esto pudiendo jugar a cualquier otra cosa? Buena pregunta, porque el juego proporciona:

  • Aprendizaje de forma natural para ellos, sin que lo sientan como una obligación o una expectativa que cumplir.
  • Adquisición de vocabulario emocional, lo cual es muy importante ya que les será aún más complicado identificar, expresar y gestionar sus emociones si no tienen vocabulario al que recurrir.
  • Adquisición de consciencia emocional y dándose cuenta de lo que va sintiendo en diversas situaciones.
  • Acercamiento a la consciencia corporal, la conexión con el cuerpo para que puedan ir dándose cuenta de cómo afecta cada emoción a las distintas partes del cuerpo.
  • Desarrollo, de forma lúdica, de la empatía en el niño, así como el aprendizaje de las expresiones no verbales.
  • Normalización del hecho de que todos sentimos emociones entendidas a veces como desagradables, como el enfado, tristeza o miedo.

Aquí os dejo explicados 5 juegos que podemos incluir poco a poco en nuestra rutina durante estos días.

  1. Qué tengo en el coco

Primero tenemos que crear tarjetas, escribiendo en cada una el nombre de una emoción y las mezclamos todas, sin que veamos lo que hay escrito en cada una.

El juego consiste en coger una carta al azar, ¡¡¡sin mirarla!!! Y podemos hacer 2 versiones:

  • Versión 1: Nos ponemos la carta en la frente, de forma que solo los demás jugadores vean lo que hay escrito. La persona que tiene la carta en la frente tendrá que ir haciendo preguntas que solo pueden responderse con “sí” o “no”. Por ejemplo: ¿Es lo que siente papá cuando llegamos tarde al cole?, ¿Es lo que siento yo cuando quiero comprar algo y no me dais permiso? Se puede establecer un límite de preguntas si queremos.
  • Versión 2: Solo vemos nosotros la carta y las demás personas tienen que hacernos preguntas de “sí” o “no”. Por ejemplo: ¿es lo que sientes cuando me dices que te deje en paz?
  1. Emociones bailongas

El juego consiste en elegir una canción y mientras la escuchamos cada uno va pintando cómo se siente al oírla. Es importante especificar y aclarar al niño que no es un concurso de dibujo, que no hay una manera de hacerlo bien o mal, ya que todo lo que sienta y dibuje estará bien. Además, es interesante aclarar que el dibujo no tiene por qué ser algo en concreto, también puede ser un conjunto de garabatos.

Cuando acabe la canción si nos apetece podemos expresar, por turnos, qué significa nuestro dibujo y cómo nos hace sentir esa canción.

Para terminar, volvemos a poner la canción y nos movemos como nos apetezca, como nos pida el cuerpo, expresando con él lo que hemos pintado en el dibujo.

  1. Personaje en apuros

Para este juego necesitaremos:

  • Personajes: Pueden ser muñecos o peluches que le gusten al niño y que tengamos en casa.
  • 3 frascos: En uno meteremos papelitos con nombres de emociones, en el segundo meteremos papelitos con nombres de objetos y en el tercero meteremos papelitos con nombres de lugares.

El juego consiste en que cada uno, por turnos, elige un personaje y saca un papel de cada bote. Con eso construimos una historia. Por ejemplo: Oso, enfado, garaje, café. Había una vez un oso que llevaba una semana sin comer, por eso decidió meterse en una casa a buscar comida. Entró por el garaje y allí vio un reluciente bote y pensó “por fin tengo miel”, pero al abrirlo descubrió que era una cosa que los humanos llaman café, y se enfadó tanto que tiró el bote al suelo.

Podemos ir creando historias más grandes si unimos una con otra, es decir, el siguiente jugador continuaría la historia del oso con los papelitos y personaje que le toquen.

  1. Detective emocional

El juego consiste en buscar por casa fotos de diferentes personas en revistas, cuentos o en internet. Si el niño está aprendiendo a escribir podemos intentar entre todos adivinar cómo se siente esa persona en función de su gesto.

Si el niño es un poco más mayor podemos coger cada uno un papel en el que cada uno escriba qué cree está sintiendo la persona de la foto, y luego se ponen en común añadiendo una explicación. Por ejemplo: “yo creo que esa persona está enfadada porque está apretando mucho los dientes, como hago yo cuando me enfado”.

Es importante que vayamos reforzando las respuestas del niño, y si le cuesta mucho o se equivoca no pasa nada, es un juego. Podemos reconducir gentilmente por ejemplo imitando el gesto de la foto de forma exagerada, ya que es probable que en nuestra cara lo reconozcan mejor, o incluso iniciar un debate al respecto: “yo creo que es enfado porque está colorado, ¿tú por qué crees que es tristeza?”.

  1. Diccionario de emociones

El juego consiste en crear nuestro propio emocionario. Elegiremos unas cuantas emociones, dependiendo de la edad del niño podemos elegir las emociones conocidas como básicas: alegría, enfado, miedo, tristeza y asco, e ir ampliando progresivamente a medida que crezcan o si son más mayores podemos hacerlo con alguna emoción más.

Podemos hacer dos versiones, dependiendo de la edad y también de la preferencia del niño:

Opción 1: Buscamos pictogramas y fotos de caras que representen esa emoción, así como fotos de cosas que nos hacen sentirla. Una variante divertida puede ser haceros vosotros las fotos poniendo el gesto, incluso podemos exagerarlo mucho, de esta forma también aprendemos que las emociones no son blanco o negro, no tenemos que sentirlas muchísimo o nada en absoluto.

Opción 2: Escribimos la emoción, qué significa para nosotros y qué cosas me hacen sentirla. Al lado podemos hacer un dibujo de la emoción o sacarnos fotos, como en la opción 1. Por ejemplo: Tristeza, para mi significa que no tengo ganas de nada y que estoy cansado y la siento cuando echo de menos a alguien y cuando me regañan por la nota de un examen.

Para terminar, me gustaría dirigirme a ti, que quizá se te haya pasado por la cabeza que el juego es una cosa de niños y que es algo muy infantil. Porque en realidad el juego es una fuente de estimulación tanto para el cerebro como para el cuerpo, además permite desarrollar la imaginación y fomentar la expresión. Y no solo eso, sino que potencia el aprendizaje, ayuda a aliviar el estrés y nos reconecta con nosotros mismos y las personas que nos rodean.

Por eso, te invito a que lo pruebes tú también y te des permiso para sentir las emociones que aparezcan a lo largo del proceso, sin juzgar.

 Eva Mareque, psicóloga en Unidad Focus

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