Empezar una terapia

Empezar una terapia

Todos hemos oído o pronunciado alguna vez comentarios del tipo “necesita ir al psicólogo”, a veces con intención de ayudar, a veces para señalar que existe un problema o incluso para hablar mal de alguien.

Ese alguien a veces eres tú.

Muchos también podemos haber experimentado la sensación de necesitar terapia, tanto si nos lo dicen como si no. El caso es que, en la historia de mucha gente, ni darte cuenta de ello, ni que te lo digan los demás, basta para iniciar fácilmente un proceso terapéutico, con frecuencia ese inicio topa con muchas barreras.

Mi trabajo hoy será hablar de algunos de esos obstáculos que se dan y a ser posible, ayudar al lector a superarlos.

Por empezar por un sitio, empecemos por Las Dudas. Tanto para nosotros mismos como para otra persona, el decidir acudir a un psicólogo suele toparse ya de arrancada con que no disponemos de toda nuestra motivación y energía, porque un trozo de nuestra mente está dedicada a explorar un terreno que para la mayoría de las personas es desconocido. Es como tratar de construir un coche por piezas con las instrucciones en un idioma que no conozcas.

No sabemos qué tenemos, qué tiene la otra persona, si se debe a una indigestión, si le está echando cuento para llamar la atención, si esto es lo que cobra normalmente un psicólogo, si tengo que ir a este que dice que sabe mucho de… ¿Gelats? O ese que dice que es nivel 4 de…EB..R ¿Qué es eso?, mejor a este que dice que se encarga de todo ¿No?, ay este es muy viejo, este muy joven, este muy estirado, este parece un loco…

Y un largo etcétera. Si, ya sé que precisamente la idea del artículo es despejar estas incógnitas, pero quiero también resaltar ese momento en sí, porque ahí específicamente es donde muchos se plantan, porque ya no lo tenían claro, y todo este desconocimiento, lo hace más difícil aún.

Vamos por partes. Lo siguiente que quiero resaltar es algo que también está ahí desde el principio en todos los casos (y digo todos porque nadie escapa a su cultura), El Estigma, esa idea de que ir al psicólogo es de locos, de fracasados, de maleducados, de traidores a sus padres, de débiles, de quejicas, un timo sacacuartos, una mafia de las farmacéuticas, un lugar donde remover innecesariamente la mierda, un lugar de malos padres, de parejas rotas que no lo intentan, y además, yo no estoy TAN mal como para acudir…

Y otro larguísimo etcétera. Es nuestra cultura, este ambiente está en la gente y alrededor de ella, por lo que aquellos que no crean estas cosas, seguro que sí conviven con gente que si cree en ellas, alrededor, en un contexto u otro, lo cual de nuevo resta impulso a la hora de tomar esa decisión compleja.

El siguiente factor que me gustaría tratar es El Coste. Y voy a empezar por lo más polémico para mi posición: Me gustaría que la psicología fuese gratis y universal (Pese a que soy un psicólogo de clínica privada que vive de esto). Y digo me gustaría porque el servicio público de salud mental actual es totalmente insuficiente y en muchísimos casos es improbable que se muestre eficaz. ¿Por qué? Por tiempo. Espero (Deseo) que haya excepciones, pero en casi todos los tipos de casos que me he topado, ayudar a la persona o a la familia requería mucho tiempo, ver durante una hora o más a los implicados una vez a la semana, dos veces al mes… Hablo de que en la mayoría de los casos incluso una vez al mes no es posible desde el servicio público de salud mental, no tienen personal suficiente, espacios, medios, para dedicar a las personas la atención que necesitan. Obviamente esto no es así para todos los casos, los habrá lo suficientemente leves, o lo suficientemente graves como para que se les destinen más recursos, es decir, muchos si pueden beneficiarse de ver a un profesional una única vez o varias veces pasando meses entre medias, y salir beneficiados de la sesión, pero ¿Y los que no? ¿Qué sienten muchas veces los que ver con poca frecuencia a su psicólogo no les resuelve nada? “esto no vale para nada, los psicólogos son un timo, vendehúmos, estoy peor que estaba, etc.” Lo cual en muchas ocasiones hace que esas personas se cierren del todo a la opción de recibir ayuda profesional porque ¿Para qué?

¿Quiere decir esto que con la privada estamos a salvo? No necesariamente, claro. Y aquí llega otro problema. Muchos psicólogos van a trabajar con gente y no lo harán bien, por el motivo que sea no lograrán que esa persona sienta que su vida ha mejorado, y esta persona ¿Qué puede sentir? “esto no vale para nada, los psicólogos son un timo, vendehúmos, estoy peor que estaba, etc.” Y otro kilo de estigma a rondar el ambiente.

Las decepciones del personal son una fuerza a tener en cuenta, pero no todas se dan por lo mismo. Por ejemplo, parte de lo que me puede frenar para tomar la decisión es no saber lo que tengo, y si no sé lo que tengo, no sé de psicología y hay como cuarenta variables de psicólogos disponibles, ¿Cómo narices elijo? Y si elijo mal, puede que la decepción no llegue porque el psicólogo de turno fue incompetente conmigo, puede que llegue porque sea sincero y me diga “lo que usted padece, yo no lo trabajo”. Que ole por el profesional que lo dice, pero para la persona es un chasco, porque le costó tomar la iniciativa, y la sesión se la cobran igual.

En cuanto a “no sé lo que tengo” o “no sé lo que tiene” se me ocurren formas de ir entrando al juego. Por ejemplo, acudir al oráculo, a Google, y escribir síntomas literalmente “no tengo ganas de hacer nada”, “me despisto muchísimo” y ver si arroja resultados. Si estos contienen palabras como “asociación de…”, “criterios DSM para”, “psicólogo especializado en…”, quizá hayamos dado con algo, quedaos con eso y seguid mirando más, si localizáis un nombre que se repite, probad a echarle un ojo, quizá contenga una descripción, si esta os hace sentir “guau me está describiendo”, ya tenéis otra pista, pero eh, no os deis por satisfechos fácilmente. Mirad artículos, ved videos de Youtube, a ser posible de tipo conferencia, ponencia, curso. Pensad que esta búsqueda solo es un aperitivo, que no estáis formados en psicología y que internet dice muchas tonterías. Alguno puede que me acuse de irresponsable por deciros que busquéis online, y me diga que lo que debía recomendar era consultar a un especialista, pero claro, escribo el dichoso artículo precisamente porque eso no es lo que va a ocurrir. Ya ibais a mirar Google y si tenéis especialistas cerca seguramente ya les habéis preguntado. El caso es que por lo que veáis online, no toméis decisiones precipitadas. La búsqueda online es para orientarse, localizar un profesional lo más adecuado posible y luego hacer esos cambios con supervisión. Si buscando topáis con un heredero que quiere donaros su fortuna, ahí no era.

Pero, ¿Y si no logro siquiera dar el paso de buscar?

En ocasiones la propia patología impide dar el paso, por miedo a qué voy a descubrir, por falta de ánimos, por inestabilidad en mi vida, por procrastinación, por autoengaño, por el qué dirán si tengo esto, por el yo no tengo nada son los demás que están locos y están en mi contra… Y de nuevo otro largo etcétera.

En esas situaciones donde la patología impide dar el paso, si estás leyendo esto como paciente, te digo “déjate llevar, que lo gestionen, que lo busquen, no pienses en ello si no quieres, déjate hacer o date tu tiempo, quizá más adelante sea el momento, pero te mereces estar bien”. Si estás leyendo esto como persona cercana al paciente, te digo: haz todo el proceso de búsqueda, entérate de qué tiene, háblalo con la persona, si se deja ayudar, dabuti, si no se deja, consulta a un profesional para que te oriente en concreto sobre eso que has encontrado o creído encontrar.

En cuanto a qué profesional es el adecuado simplemente diré que no todos los psicólogos valen para todo, y los que dicen que sí, o son maravillosos, o no son conscientes de que no lo pueden todo, por lo que os recomiendo tratar de buscar un nombre que os encaje con lo que os ocurre y tratar de buscar personas que digan que están especializadas en eso, que habrá que digan que están especializadas en treinta y cinco cosas, pero mejor ir a las que digan que se especializan en la que te suena a lo tuyo. Casi todos los psicólogos te dirán que se formaron en terapia cognitivo – conductual, y que esta es la repanocha, pero esta no es todo poderosa. Otros terapeutas te dirán por ejemplo que están especializados en trauma o en terapia emocional, estos partirán muchas veces de esa misma terapia cognitivo conductual, pero luego se han formado en otras cosas que les facilitan afrontar casos diferentes.

No me meteré en hablaros de todas las disciplinas, modelos y técnicas que hay, porque tampoco es lo único determinante, a veces hay que fiarse de lo que la persona dice que sabe hacer y probar, y a veces da igual que la persona sepa hacerlo, porque si cuando os conocéis, no lo tragas o no confías en la persona, quizá no pueda ayudarte, en cuyo caso, prueba otra vez pero en otro lugar. Aunque ojo con esta recomendación de cambiar de sitio, porque aquí entra un factor importante a la hora de empezar terapia: La Prisa.

Los cambios en psicología muchas veces no son rápidos ni obvios, incluso puede que se estén produciendo cambios y no los percibáis o los consideréis un retroceso o empeoramiento, o cambios demasiado pequeños. Ante esto, no decidáis sin más, habladlo con vuestro terapeuta (o con otro profesional, pedir segundas opiniones no está prohibido). El caso es que a la psicología hay que darle margen de maniobra, se está manejando maquinaria muy compleja.

Por todas estas cosas eso del “boca a boca” es lo que más funciona en psicología, porque con todas las barreras y desconocimiento que hay, a lo único que puedes aferrarte, si dispones de ello, es a los testimonios de personas que ya han cruzado el umbral y les ha funcionado. Suerte que ahora el “boca a boca” está más digitalizado y también podéis leer críticas o halagos a las clínicas o profesionales online.

Seguramente me haya dejado miles de cosas en el tintero, porque iniciar una terapia es un paso complejo y valiente, a veces un paso que empezamos a dar sin darnos cuenta y tardamos en culminarlo, pero espero que esta pequeña divagación os haya dado algo en que apoyaros para el camino, un camino que, si os habéis planteado o alguien de vuestro entorno lo ha mencionado, casi seguramente vale la pena tomar.

Y hey, ¿Recuerdas que ese alguien podrías ser tú?

Ese alguien una vez fui yo.

Xabi Pensado

Psicólogo en Unidad Focus

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