El teléfono rojo TDAH y Ansiedad (parte I)

TDAH y Ansiedad (parte I)

Hoy vamos a hablar de ansiedad y de cómo esta se relaciona con el TDAH.
Dentro del patrón TDAH, existen perfiles muy distintos. Estas distintas presentaciones se establecen, además de por los predominios (inatento, hiperactivo, combinado), por cómo se combinan con otros trastornos, rasgos de personalidad y circunstancias individuales de cada uno de los casos. En este artículo, intentaremos acercarnos un poco más a como el factor «ansiedad» trasforma totalmente la presentación visible de la disfunción ejecutiva característica del TDAH.

Para comprender la relación tan estrecha que existe entre TDAH y ansiedad, primero debemos explicar ciertas características del TDAH y acotar a qué llamaremos ansiedad, ya que de forma completa la ansiedad es un término muy amplio y bien complejo.

No debemos confundir la ansiedad con los trastornos de ansiedad, que son trastornos producidos por excesos de esta.

La ansiedad es lo que todas las personas vivimos ante un estímulo de alta intensidad (como una araña), sin hacer diferencias si la emoción que hay bajo el estímulo es preocupación, miedo, enfado, etc.

¿Pero qué hace que un estímulo sea de alta intensidad?

Todas las personas vivimos, pensamos y sentimos en función de un «grado de activación» al que estamos sometidos. Por ejemplo, funcionaremos de forma muy diferente si estamos completamente relajados o muy nerviosos. A este grado de activación, de ahora en adelante lo llamaremos arousal.

Aunque el arousal pueda percibirse en tus pensamientos, conductas o en tu cuerpo; en realidad, es un grado de activación emocional, porque son las emociones y solo las emociones lo que marca la intensidad de las experiencias. Cuando estamos activados, estamos siempre activados sobre una o varias emociones. Así, si de repente vemos una cucaracha caminando por nuestra pierna, nuestro cuerpo reaccionará aumentando el nivel de arousal y tendremos una rápida reacción debido al asco que el estímulo nos produce.

El arousal lo podemos interpretar como un termómetro, cuyos extremos corresponden con el sueño en la parte más baja y el pánico en la más alta.

En la parte baja de la barra, nos quedamos atontados, nos entra el sueño, y, finalmente, nos dormimos. Si durante el sueño, se eleva demasiado el nivel de arousal; por ejemplo, con una pesadilla o con una preocupación, nos despertaremos.

La parte alta representa los niveles intolerables de intensidad estimular, donde pueden ocurrir distintas cosas: la entrada en pánico, que es una respuesta extrema de ansiedad; el bloqueo, catatonia o shock, en el que todo el cuerpo y la mente quedan bloqueados; y la desconexión, en la que aparentemente la persona no está en crisis, pero en realidad, mentalmente esta distanciada de su realidad. Tanto el bloqueo como la desconexión son estrategias fisiológicas naturales de supervivencia para evitar entrar en pánico en determinadas situaciones. En cualquier caso, de seguir subiendo el arousal se produciría un desmayo y un «reseteo» mental con una amnesia retrógrada, es decir, que no recordaríamos nada del suceso estresor.

En la fase inferior a la anterior nos encontramos el «secuestro emocional», también conocido como secuestro amigdalar o zona de desregulación emocional, esto es la zona en la que nuestro cerebro más primitivo toma el control para garantizar nuestra supervivencia. Esto es a lo que todos le llamamos «perder los papeles», «ponerse histérico», «ponerse como loco» … Todas estas expresiones de lo que nos hablan es de que el individuo que se encuentra en ese estado se verá incapaz de razonar, escuchar, tener autocontrol o guardar la calma. En general, todas las personas podemos recordar el haber estado infinidad de veces en ese estado y algunas, incluso, pasan casi todos los días por períodos de desregulación emocional, pudiendo llegar a normalizarlo.

En el medio de la barra se encuentran los aróusales medios, la «zona de eficacia para la tarea», teniendo en cuenta que distintas tareas pueden variar levemente sus necesidades de activación. Así, para ver la tele, no necesitamos el mismo arousal que para salir a correr.

Hasta aquí, es algo generalizado a todas las personas del mundo. Pero, cuando hablamos de TDAH, esto no es exactamente así.

Las personas con TDAH tienen una zona de eficacia para la tarea mucho más reducida y algo más elevada que el resto de la población (como se puede ver en la foto). Es decir, que las personas con TDAH necesitan un grado de activacion, interés, motivación natural mas acotado, reducido y elevado para poder procesar adecuadamente los estímulos, esto es, para poder prestar atención adecuadamente.

Por eso, decimos que el TDAH es un trastorno que únicamente afecta a estímulos de intensidad media donde sí existe una diferencia con el resto de las personas.

En los estímulos bajos nadie procesa conscientemente la información y se resuelven mediante automatismos, los extremadamente altos tampoco se procesan y se resuelven desde las zonas más primitivas del cerebro por secuestro emocional, y todo el mundo procesa los altos conscientemente desde el foco de atención.

Sin embargo, es en los estímulos medios donde las personas con TDAH tienen dificultades al no lograr procesarlos adecuadamente en comparación con el resto. Es decir, cuando el estímulo sí es del interés de la persona, no hay problemas de ejecución. Por ejemplo, cuando se trata de jugar al Fortnite (un estímulo de interés alto), no hay TDAH que valga, pero cuando se trata de llevar las llaves (un estímulo de interés medio), es entonces donde el TDAH más falla significativamente.

Ahora bien, esto ocurre con todas las emociones, desde la alegría o la ilusión, hasta el miedo. Si pones a un TDAH en la siguiente situación: «si pierdes las llaves, un francotirador te reventará la cabeza, pero, si no las pierdes, ganarás 10 millones de euros» será poco probable que las pierda, al menos mientras le dure el subidón.  Es por eso que, cuando metemos un grito, también aumenta su nivel de atención. Lo que ocurre con estos formatos es que son dependientes de factores externos por lo que, con el paso del tiempo, el cuerpo se acostumbra y pierden su eficacia.

Todo esto que acabamos de explicar responde muchas preguntas relacionadas con el TDAH:

¿Por qué el TDAH no era igual en tiempos de nuestros padres y abuelos?

Porque, si te movías o despistabas, te pegaban y eso es, sin duda, un estímulo de altísima intensidad.

¿Por qué se mueven los hiperacticvos?

La hiperactividad motora o hipercinestesia funciona como forma de compensación, si me muevo, si participo, si hablo o si voy a afilar; entonces, subiré mi arousal y eso me facilitará la antención.

¿Por qué se le dan estimulantes a niños hiperactivos que supuestamente tienen exceso de energía?

La eficacia de los psicoestimulantes se explica precisamente porque aumentan la cantidad de estímulo recibido y elevan su arousal, es decir, que las cosas son percibidas con más intensidad y así podemos fijarnos en ellas. Que «a los TDAH los estimulantes les relajan» es falso, o como poco, impreciso. Y eso de que «tienen exceso de energía» también es falso. Supongo que surge como un intento de explicar con una metáfora simple una realidad compleja, como cuando a los niños se les decía que los bebés los traían las cigüeñas de París, pero en esto, más que simplificar la realidad resulta todavía más confuso.

 Javier Estévez Rodríguez

Psicólogo y director general de Unidad Focus

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