El sistema educativo obsoleto – versión completa

El sistema educativo obsoleto

Prólogo

A lo largo de mi vida, he estado siempre muy en contacto con el sistema educativo, tanto de manera profesional como de alumno. He sido el peor alumno de mi clase en todas mis clases, a pesar de esto logre superar el sistema educativo. Entre Preescolar, EGB, BUP, cuatro COUs, dos veranos en internados, tres carreras y un máster he tenido 237 profesores distintos. De entre ellos, doce «profesores» que jamás debieron existir, 25 verdaderos MAESTROS y una gran mayoría de mediocridad con buena voluntad pero sin habilidades docentes. En este ensayo, pretendo reflexionar sobre los problemas del sistema educativo y proponer soluciones, más o menos razonables y ejecutables.

Dividiré los problemas del sistema educativo en tres áreas y estarán recogidos en tres capítulos, aunque, en realidad, muchos de los temas serán trasversales y multifactoriales, ya que habitualmente las cosas son multidimensionales y no dicotómicas. Los capítulos estarán orientados hacia tres pilares de la educación: el maestro, la metodología y el fin para el cual se realiza el proceso educativo, que se corresponden con:

1.El profesor quemado. La información es información, todo lo demás es experiencia.

2.El método de la vara y el aprendizaje activo. Sin emoción no hay aprendizaje.

3.El fin último de la educación: creatividad no es productividad. No te preguntes por qué haces algo, pregúntate para qué lo haces.

El profesor quemado. La información es información, todo lo demás es experiencia.

Estadísticamente, un arquitecto de 50 años es mejor que uno de 25. Al igual que un cirujano de 50 años es mejor que uno de 25. Esta estadística es lógica, ya que la experiencia mejora la calidad del profesional. Sin embargo, esto no ocurre siempre. Por desgracia hay excepciones. En aquellas profesiones en donde la gente se cansa o corrompe no ocurre esto. Ser político en España o ser policía en Brasil son buenos ejemplos de cómo un profesional se corrompe por las presiones, del tipo que sean.

Ser profesor en cualquier parte del mundo es el mejor ejemplo de cómo el desgaste y/o el agotamiento (“queme” como sustantivo no existe) extremo dificulta el desarrollo laboral. A esto le llamamos teacher burning.

¿Por qué ocurre?

La respuesta es compleja porque se ven involucrados muchos factores, que analizaré en cuatro apartados:

1.1 El mundo digital.
1.2 La formación autodidacta.
1.3 La soledad en el claustro.
1.4 El contenido y la presión del currículo.

1.1 El mundo digital.

Si un cirujano del siglo XIX entrara hoy en un quirófano, no reconocería absolutamente nada. Si un profesor del siglo XIX entrara hoy en un aula, apenas vería diferencias.

El mundo avanza a un ritmo vertiginoso, pero en educación seguimos anclados en el sistema educativo industrial de repetición de contenidos y evaluación bulímica de los mismos. Dividimos a los alumnos por edades, niveles, asignaturas teóricas, etc. Antes, también lo hacíamos por sexos y razas, ahora por inteligencias y niveles académicos, pero, al fin y al cabo, los dividimos para homogeneizarlos, como los huevos de granja. Si podemos, los uniformamos para eliminar las diferencias que quedaban.

Una vez encasillados y estandarizados entra el profesor y el 70% del tiempo él se dedica a volcar contenidos teóricos y datos en los alumnos y, al final del curso o trimestre, estos vomitan los contenidos recibidos en un examen sin necesidad de haberlos procesado, ya que sólo los han memorizado al repetirlos una y otra vez. Esto es en lo que consiste el sistema educativo industrial. Si no has adquirido contendidos, repites curso para poder repetir más veces los contenidos hasta que los memorices.

Lo cierto es que el mundo cambia y, hoy por hoy, no necesitamos que obreros repitan el mismo proceso de poner un tornillo, ya que tenemos unos brazos robóticos fantásticos que lo hacen por ellos. Lo que hoy en día necesitamos es creatividad y el sistema se dedica a pisarla y destrozarla al no valorar la diversidad. Cuando se empieza con la muletilla de todos los niños tienen que… se reafirma el modelo educativo.

Os recomiendo encarecidamente la siguiente ponencia de Elsa Punset, en donde además de hablarnos de este tema, explica también un experimento que consistía en llevar tabletas(iPads) a un poblado del tercer mundo y dárselas a niños de edades tempranas, de una media de cinco años. El resultado fue que a los cinco minutos las encendían, a los quince días usaban unas cincuenta aplicaciones de media, a los dos meses cantaban en inglés y a los seis meses pirateaban las tabletas


Niños que piratean tabletas es algo muy impactante. ¿Por qué ocurría eso? Los niños no necesitan que se les enseñen contenidos ni habilidades. Lo que necesitan es motivación para aprender, y saber qué tiene que hacer con lo que han aprendido. El maestro contagia motivaciones y enseña valores.

Hoy en día la distancia existente entre los contenidos de la escuela a las competencias que se necesitan en la vida real es muy grande.

¿Alguien sabe quién reinaba en España cien años antes de Isabel la Católica? ¿Por qué es tan importante saberlo todo sobre Isabel pero no de su abuelo? ¿Por qué no es importante saber lo que ocurría en China durante el reinado de Isabel? ¿Quién decide los contenidos que hay que estudiar y qué criterios se siguen? ¿Necesito saber cuántos hijos tenia Isabel para desenvolverme en la vida?

Con todo eso quiero decir que si no adaptamos las competencias a la realidad, los alumnos no querrán aprender. ¿Para qué memorizar algo que tengo en mi móvil y puedo leer cuando quiera? ¿Quién es más cateto: el que tiene muchas preguntas o el que tiene muchas respuestas? Venimos de un mundo donde lo importante son las respuestas, pero hemos llegado a uno donde las respuestas carecen de sentido, ya que cualquier cateto con un móvil tiene acceso a ellas, y donde lo importante es la capacidad de hacer preguntas, y esto es algo que el sistema educativo no tiene claro todavía. Jamás he visto a un profesor hacer un examen de preguntas.

1.2 La formación autodidacta.

Cualquier docente de cualquier grado al que preguntemos alrededor del mundo, te dirá que su formación ha consistido en recibir contenidos que se supone tendría que volcar cuando ejerciera esa profesión. Es una creencia popular que el mejor maestro es el que más sabe, que si no tienes ni idea de matemáticas, no puedes enseñarlas y que lo más importante sea tener conocimientos de la asignatura que vas a impartir. Siempre se consideró algo obvio qué metodología y qué pedagogía se debían poner en práctica. Sobre todo, en la época de castigar con la vara y la letra con sangre entra. Sin embargo, desde ya hace un tiempo se le empieza a dar más importancia al cómo se da clase. Es curioso que, si investigamos las grandes habilidades de un maestro o si preguntamos a cualquiera qué habilidades tenían los grandes maestros de su vida, pocas personas te hablan sobre la gran cantidad de contenidos que “poseía”. Sin embargo, siempre surgen conceptos como «comunicador», «empático», «me hacía sentir», «me motivaba», «me comprendía», etc, y una larga serie de frases que, en realidad, hacen referencia a la capacidad de una persona para conectar y vincular afectivamente.

Pero, durante la formación, ni si quiera se nombran cuáles son las estrategias o habilidades de comunicación, ni, desde luego, jamás nadie ha hablado de vincular afectivamente con nadie. De hecho, cuando le digo esto a los profesores, me miran como diciendo ¿Nos está insinuando que tenemos que dar amor a los chicos? ¿Cómo se hace eso? Lo cierto es que el profesor termina su formación, aprueba una oposición teórica y se le “suelta” en la piscina del aula. Si tiene fobia social o timidez patológica, no parece ser algo importante que se deba tener en cuenta, ni tampoco si carece por completo de habilidades sociales, de inteligencia emocional o empatía. Todo eso parece algo irrelevante en pro de tener muchos conocimientos.

En algunos países como Finlandia, donde el sistema educativo no es TAN diferente al de España, han logrado suavizar muchos problemas con algo tan sencillo como subir la nota de corte de magisterio para asegurar que todos los que están ahí, están por vocación. Al hacerlo, aumentan las probabilidades de AMAR lo que haces y ésta es la principal razón de su éxito a nivel educativo, ya que si se analizan todos los problemas que desarrollo en este ensayo, mayoritariamente son problemas a nivel mundial.

En medicina, cuando te sabes el protocolo de una operación, no te dan un paciente. Primero practicas con cadáveres, luego observas y participas en muchas operaciones, luego te dan un bisturí mientras te instruccionan, después te supervisan y, al final, te permiten hacerlo y ser tú el que supervisa. En cambio, esto no se hace con los profesores.

Cuando terminan, los “sueltan” en la piscina, sobre todo en secundaria. Ellos no se ven, no saben qué hacen mal, y lo que es casi peor, qué hacen bien. No tienen nociones de psicología, pedagogía psicología de grupos o comunicación. Ya no solo se trata de que en la práctica les dejemos vendidos y solos ante el peligro, es que, ni siquiera, en la teoría les informamos de lo que realmente necesitan. En su lugar, nos centramos en sus competencias en la materia y olvidamos por completo que la función del maestro es enseñar y, para eso, los alumnos tienen que estar motivados para aprender.

1.3 La soledad en el claustro.

Existen profesiones donde las personas necesitan formar equipos de trabajo y existen profesiones donde el individuo es el sistema. Cada maestrillo tiene su librillo dice el refranero y lo corrobora la libertad de cátedra. Es muy irónico como, por un lado, decimos esto y, por otro, apretamos con los contenidos, el currículo, los exámenes. y la selectividad.

Uno de los problemas más grandes que me he encontrado al trabajar con profesores, desde dentro o desde fuera del centro, ha sido siempre las enormes dificultades que tienen los profesores para relacionarse entre ellos. El temor por reconocer que no saben hacer su trabajo como se supone que deberían saber, a pesar de que el 100% se encuentre en la misma situación de desamparo, y el miedo a ser juzgado es mayor que el propio desamparo.

En los claustros no existe nadie cuya función sea dinamizar las relaciones y uno puede ser profesor de un centro, cruzándose con sus compañeros sólo un día al año, en la junta de evaluación y, para eso, ni es necesario escuchar lo que tienen qué decir. La falta de obligatoriedad generalizada es al profesor lo que el bingo al ludópata. Se acusan constantemente sin ver que la persona a la que acusan, es tan solo un profesor que esta extremadamente cansado, que en su momento lo intentó pero llegó a la terrible conclusión de que no merecía la pena seguir intentándolo porque jamás lo iba a lograr.

Es un concepto muy conocido por los psicólogos el de indefensión aprendida, y en los profesores es uno de los grandes males, porque perpetúan las etapas de este cansancio. Esto se reconoce en el para qué voy a… si total…

Cuando un profesor está desesperado o desquiciado, cuando la situación se le está yendo de las manos, no hay nadie ahí para ayudarle. Se supone que él tiene que estar por encima de eso, y que él no debería tener esos problemas. Así que el profesor disimula, se justifica o se autoengaña porque desde su punto de vista no tiene otra opción, porque sus compañeros son muchas veces percibidos más como enemigos que como apoyos reales.

En muchos centros todos los profesores están deseando mejorar pero el ambiente es tan tenso, que ninguno se atreve a dar el primer paso y, cuando alguien lo da, el primer desconfiado se protege y todos vuelven a su posición inicial de defensa. Jamás se logrará un buen sistema educativo si no comenzamos a RESPETAR a los profesores. Y cuando hablo de respeto, con esto me refiero a considerar y comprender que los profesores son HUMANOS cuyo trabajo es vincular con personas.

Cuando un psicólogo pasa por turbulencias en su vida, debe cesar las intervenciones terapéuticas. Primero se repone, y luego vuelve al ruedo, pero JAMÁS debe actuar si no está estable. En muchísimas empresas, el psicólogo de la empresa comprueba que el personal esté en condiciones de trabajar y que haya un buen ambiente de trabajo individual y colectivo. Sin embargo, nadie comprueba que los profesores estén en condiciones de poder ejercer y nadie les escucha. Tan solo son ignorados por sus compañeros e ignorantes del problema. Llenos de vergüenzas e inseguridades, se ocultan en su aula sabiendo que ellos allí son el rey, la máxima autoridad, y que nadie podrá venir a decirles cómo tienen que hacer su trabajo. Todo esto desemboca en un desastre general tanto para el centro como para los alumnos.

¡Cómo voy a crear un grupo aula cohesionado, si no soy capaz de crear un grupo profesores cohesionado!

1.4 El contenido y la presión familiar y social

La mayoría de los profesores confunden los contendidos del currículo con los contenidos del libro de texto. Prácticamente ninguno valora las competencias y, en general, están convencidos de que no hay apenas tiempo ni formación para atender a la diversidad.

Cuando la madre de «Pepito» entra por la puerta del despacho, nuestro profesor se pone la armadura de placas tachonada, saca su espada y su escudo y se prepara para lo que ha de venir. Él no lo sabe pero esos padres tienen tanto miedo como él y, antes de entrar, se armaron exactamente igual que él. Es fundamental que consigan los contenidos pero ¿a qué coste? Esta pregunta nunca se hace, como tampoco uno nunca se pregunta para qué sirven estos contenidos. El precio que hay que pagar no es al parecer importante. Si guardo un odio eterno al latín, no es tampoco importante. Lo realmente importante es que en su día fui capaz de memorizarme el rosa/rosae.

Nadie ha comentado que no importa repetir, al contrario, estigmatizamos al repetidor, solo importa aprobar. Si tienes un 4 estás suspenso, lo demás da igual. Es la cultura del fracaso como destino-enemigo, en lugar del error como a-camino-aprendizaje. Los profesores están tan oprimidos por dar el temario que, muchas veces, están hablando solos, nadie les sigue, están literalmente perdiendo el tiempo. Y los jóvenes de hoy en día no toleran perder el tiempo. Ya no se hacen una foto y esperan a navidades a que se termine el carrete para revelarlas; la hacen ahora y ahora la comparten con todos. Sin embargo, esperamos que toleren la sensación de pérdida de tiempo al estar en un aula donde no se enteran de nada y cada vez el profesor da más materia de la que siguen sin enterarse.

Para ayudar a rebajar esta tensión, las medidas que se toman son establecer un selectivo y varias reválidas que midan el contenido vomitado por los alumnos. Es realmente complicado lograr que tus alumnos se motiven por un tema que ya han oído el año pasado y que no les motivó nada. Luchas con cientos de desventajas.

¿Cómo voy a lograr que sacos de hormonas me presten atención cuando hablo durante 45 minutos de las columnas jónicas, dóricas y corintias cuando están sentados y aprisionados en sus asientos, sin NADA que hacer, rodeados de posibles amigos y ligues, con mil aventuras que contar, y como única arma un libro de texto para que lo lean una y otra vez?

Desalentador.

2. El método de la vara y el aprendizaje activo (Sin emoción no hay aprendizaje)

En la pedagogía existe una ley fundamental que dice: Jamás debes dar direcciones negativas, es decir, jamás debes decir lo que no hay que hacer, siempre has de decir lo que sí hay que hacer.

En los años 60, 70 y 80, los pedagogos intentaron cambiar el sistema pedagógico existente, “el sistema de la vara” para ello, se saltaron sus propias normas. Dijeron a la sociedad no pegues, no castigues, no humilles, no grites pero todos ellos se olvidaron de lo importante, de lo que sí se debía hacer. Cuarenta años llevamos recogiendo lo sembrado y es ahora cuando nos toca rectificar el error y decir lo que sí hay que hacer. Y no sólo decirlo, sino también enseñarlo. Porque enseñar no es dar un contenido. En mis clases de padres yo le puedo decir a un padre tienes que hacer más refuerzos positivos pero eso no quiere decir que él sepa hacerlos de forma adecuada o creíble, ni cómo ni cuándo hacerlos.

Los pedagogos tenemos la horrible costumbre de saltarnos nuestras propias leyes, porque obviamos información.

Por ejemplo, cuando les recuerdo en clase a los profesores otra famosa ley de la pedagogía, el aprendizaje activo, les digo que el aprendizaje tiene que ser activo, pero se lo digo desde una clase magistral. Es absurdo y, aunque intento modificarlo, hoy por hoy no encuentro formas reales de llevarlo a cabo.

El método actual es un enorme círculo vicioso, donde enseñamos cómo hemos aprendido, y los formadores de formadores también, por lo que es muy difícil romper ese círculo. En un ciclo de cocina es mucho más fácil, ya que, desde el primer día, ellos cogen un cuchillo y pican cebollas, pero desde el aula es mucho más difícil. Se me viene a la cabeza un ejemplo que me impactó. Un profesor dice a sus alumnos:

A ver, chicos, un tren sale de Málaga a 45Km/h, otro sale de Santander en la misma dirección y sentido contrario a una velocidad de 80Km/h, etc.

Entonces el formador de formadores dice al profesor que tiene que contextualizar eso. Aunque le lleve más clases, aunque aparentemente pierda más tiempo, tiene que lograr un aprendizaje real y activo. Inténtalo por proyectos. El profesor se va a casa frustrado. Al día siguiente regresa más ilusionado y trae cinco cronómetros, cinco cintas métricas, un mapa de España y una regla.

Hace grupos de cinco alumnos y les dice:

Quiero que calculéis cuánto tardaríais cada uno de vosotros en llegar a Málaga caminando. Y ésta será vuestra evaluación.

Los alumnos se quedan atónitos, desorientados. El profesor se va del aula y les dice: Pensad. A ver quién lo logra. Los alumnos solos llegaron a la conclusión de que tenía que medir la velocidad de su caminar y luego hallar la distancia a Málaga. Estuvieron media mañana en el patio, y lograron su aprendizaje. Un aprendizaje que nunca olvidaron.

Hay una anécdota que cuento siempre a los profesores cuando les intento explicar que la tarea del profesor no es tanto enseñar, como motivar a aprender. La clave es saber plantar la semilla del aprendizaje, la percepción de que aprender es divertido o agradable. Siempre he adorado la física. Toda la física que hoy sé, me la enseñó mi profesor de preescolar Guillermo Meijón cuando yo tenía solo cinco años. Él logró plantar la semilla de la curiosidad en mí y, a partir de ese día, a pesar de todas las adversidades, nadie ha podido quitarme la idea de la cabeza de que a mí me gusta la física. Cogió un montón de petisuis vacíos y los puso todos juntos. Me dijo:

Javi, súbete encima.

Yo me subí y los petisuis se espachurraron. En ese momento pensé que era algo lógico. Luego volvió a colocar otros petisuis y, esta vez, puso una tablilla muy fina encima, me repitió la misma instrucción y esa segunda vez me subí y no se espachurraron. Entonces me dijo:

Esto es presión. Estás repartiendo tu peso entre todos los envases y, así, cada envase soporta una pequeña fuerza en lugar de unos pocos mucha fuerza.

Desde ese momento, me encantó la física y siempre preguntaba y era muuuy pesado. Hubo algún profesor que me apodó “el fotones” por mis preguntas incesantes. Ojalá google hubiera existido en aquel momento. Siempre pensé que odiaba la historia, hasta que Dña Ballina en COU me demostró que en realidad la historia era maravillosa.

Ahora me planteo que seguramente todas las asignaturas son maravillosas y que nunca nadie fue capaz de plantar esa semilla en mí.

Ése debería ser el fin último del profesor. Generar la necesidad de saber, lo que llamamos curiosidad. Y lo cierto es que los niños nacen con curiosidad y por varios procesos psicológicos perfectamente estudiados nosotros nos la cargamos. Procesos como el de la sobrejustificación, es decir, si a ti alguien te obliga a comer brécol, es que el brécol es malo. Sin embargo, si los niños que se esfuerzan, pueden comer brécol, entonces todos lo quieren. Si los niños sólo pudieran ir al colegio los días que juegan bien a la consola, o los días que ven muy atentos los dibujos animados, la consola y los dibujos serian interpretados como algo malo, y dirían cosas como “jooo quiero ir al cole, la consola es un rollo”. Si hay cinco personas delante de la última coca-cola de la faz de la tierra, a todos les apetece, si están en un almacén de coca-colas, seguro que a nadie. Sólo apreciamos lo que corre riesgos.

Lo más curioso es que conocemos bien todos estos procesos y, sin embargo, no los aplicamos. Os imagináis que en medicina supieran perfectamente cómo se trata una enfermedad, pero se tratara de otra forma, porque así se hizo toda la vida. Esto sería absurdo, sin embargo, en educación y en pedagogía esto ocurre de forma mayoritaria. A mí me enseñaron así parece una justificación para casi cualquier cosa si lo rematas con un y no salí tan mal, pues ya puedes hacer lo que sea. Hoy en día existen conocimientos y disciplinas que nos dice que funciona y qué no funciona, y, aun así, se les sigue dando la espalda a la ciencia, a la pedagogía, a la psicología. la psicopedagogía, la neurodidáctica, etc.

Por ejemplo, las normas nunca son claras en un centro, se obvian la inmensa mayoría y cada profesor las aplica según el momento, pocas son adecuadas y, de manera habitual, cada profesor se saca algunas nuevas de la manga. Si llegas tarde, con algunos profesores no se intentará pedir permiso para entrar y uno irá directamente a la biblioteca.

Con otros, tienes que llamar a la puerta y esperar a que te den permiso. Con otros, entrarás en el aula en silencio sin hacer ruido ni molestar, etc. Si no hay una pauta clara y única, al final, los perjudicados son los alumnos.

Algo que la ciencia nos dice es que sin emoción no hay aprendizaje. Ésta era la base del viejo sistema de la vara.

Un buen latigazo hará que tú tengas una emoción intensa, y eso hará que se realice un aprendizaje. El problema es que el refuerzo negativo se generaliza, mientras que el refuerzo positivo se afina. Es decir, si tú me das un calambrazo cuando yo me porto mal, yo me esforzaré en estar tieso, pero no sólo me condicionará a la acción que se quiere corregir, sino que generalizaré también ese miedo al profesor, a la situación, al colegio y a todo lo relacionado con lo académico. Sin embargo, el refuerzo positivo afina. Cuando me das un refuerzo positivo, yo pregunto qué hice exactamente para recibir ese premio, intento afinar para gastar menos energía y ser más eficiente para conseguir más premios. Por eso, el refuerzo positivo es mucho mejor, aunque el negativo será mucho más fácil de administrar.

Y como el refuerzo negativo es muy fácil de administrar, hoy nos vemos en el reto de tener que lograr la misma intención que lográbamos con el miedo pero con amor. Cualquiera puede dar miedo, pero no es tan fácil dar amor.

Hoy en día, el arma de un profesor para captar atención es el vínculo afectivo. La capacidad del profesor para conectar con el alumno es la clave de todo el proceso del aprendizaje y ésta es la verdadera razón de que existan buenos y malos profesores, porque hay personas que por naturaleza vinculan mejor que otros, porque tienen habilidades sociales y empáticas e inteligencia intrapersonal e interpersonal. Por lo que es fundamental escuchar lo que dicen las ciencias y construir un sistema acorde con los avances científicos y tecnológicos.

No podemos tardar otros tres siglos en ajustar el modelo educativo

3. El fin de la educación: creatividad no es productividad

No te preguntes por qué haces algo, pregúntate para qué lo haces.

Hoy en día para casi cualquier profesión, las habilidades e inteligencias más importantes son aquellas que faciliten relacionarse con los demás y con uno mismo, las inteligencias cognitivas, interpersonales e intrapersonales, las inteligencias ejecutivas, y sobre todo, las inteligencias emocionales. Ahora son necesarias las habilidades comunicativas, las de gestión de emociones, las habilidades sociales y las empáticas. Sin embargo, en la enseñanza ordinaria y en la formación al profesorado, en ningún caso se instruye, forma o comenta nada relacionado con ninguna de las nombradas anteriormente.

Seguimos anclados en el sistema industrial donde la lógico- matemática y la lingüística tienen TODO el peso, mientras que el resto de habilidades son de segunda. Si va bien en matemáticas y lengua, lo demás da igual. En nuestro sistema educativo un tonto con internet parecería el mejor de su clase.

En nuestro sistema, las personas que triunfan en la educación, no se correlacionan con las personas que triunfan en el mundo laboral. Miles de ratas de biblioteca que sacaban sobresalientes fracasan en el mundo laboral, mientras que muchas otras personas que superaron el sistema educativo siempre al borde del abismo obtienen éxitos profesionales muy destacados. De hecho, se cuentan por cientos los grandes genios de la humanidad que fueron estrepitosos fracasos académicos. Esto ocurre por varios motivos, entre otros, que no afinamos en sacar partido de la materia base que la naturaleza nos da.

La diversidad es riqueza, todas las personas son genios, si sabemos encontrar en qué van a destacar. Si pretendemos que todos hagan lo mismo, sólo algunos destacarán.

Es fundamental que, además de entender que cada chico tiene un gran futuro en alguna habilidad, y que cada uno es distinto, el preguntarnos para qué vamos a enseñarle algo, con qué función y con qué sentido. Porque el chico se va a hacer esa pregunta también. Si el chico está aprendiendo a hacer logaritmos neperianos, tiene que entender perfectamente que es un logaritmo neperiano. La clásica pregunta de

¿esto para qué sirve?

nunca debe realizarse, ya que el aprendizaje se debe realizar al revés. ¿Cómo resuelvo este problema?, Con un logaritmo neperiano, responde el profesor. Jamás el alumno debe aprender algo completamente descontextualizado.

La motivación tiene que ser la base de todo aprendizaje. Se debe evitar la prisa por aprender y dar el tiempo acorde con el aprendizaje del alumno.

Debemos olvidar el aprendizaje de mecánicas abstractas y empezar a realizar un aprendizaje útil. Si necesito entrenar mi memoria, me da igual si memorizo pokémons que reyes godos. La vida no está dividida en asignaturas y la escuela tampoco debería estar dividida de esa manera.

Por ejemplo, en la construcción de un invernadero, yo puedo aplicar matemáticas, física, biología, latín, etc. El aprendizaje real no lo tengo que repetir año tras año. Pisar la creatividad de los chicos en un mundo donde triunfa el que mejores ideas tiene, el que mejor se expresa y comunica, etc. es un ciclo realmente absurdo. Ya no necesitamos gente productiva porque las maquinas cada vez harán más este tipo de tareas, y cada vez más las personas necesitaremos crear, diseñar e inventar. Y es eso precisamente lo que destrozamos en las generaciones a las que educamos.

Pero esto no se puede lograr si no nos libramos de ciertos lastres. La formación al profesorado debe ser obligatoria y eficaz, no puede ser opcional hacer o no hacer bien tu trabajo. No se trata solo de pagar más sueldo, sino de dar recursos útiles, de dar asesoramiento y apoyo a los profesores.

En conclusión.

El sistema educativo lleva 100 años de retraso.

Desenlace

He oído a muchas personas criticar el sistema educativo, desde muy distintas perspectivas y disciplinas. Todos estamos de acuerdo en que el sistema falla y que no hay absolutamente nada que se pudiera rescatar. De hecho, lo que nos salva del desastre es que la inmensa mayoría de los profesores aman su trabajo, y se esfuerzan por ser buenos profesionales.

Y a pesar de la enorme cantidad de críticas que he escuchado a todo el sistema educativo, a muy pocas personas les he oído hablar de soluciones, al menos soluciones que, de algún modo, pudieran solventar los problemas descritos. Me gustaría nombrar algunas ideas que me han parecido interesantes y, en concreto, me gustaría poner un pequeño granito de arena con dos proyectos en los que creo firmemente. No son, como siempre ocurre, proyectos verdaderamente míos, y es algo que siempre surge del conjugado de las ideas de otros recombinados con un toque personal.

Programas externos que han captado mi interés:

– EEUU: el Dr. Ronald La. Kotkin en el año 1995 en Irvine, California y enmarcada dentro del estudio MTA. El programa, conmo “The Irvine Paraprofessional Program (IPP)” tenía el objetivo de avance el rendimiento y el comportamiento en el aula común de niños/as con TDAH y fracaso académico y social.

– Nacionales:
-Detección psicopatológica en el aula, del hospital Vall d’Hebron (Barcelona). Miguel Casas.
-Barcelona: Educador Itinerante. FUNDACIÓN ADANA. -Madrid –proyecto ESPERI -Aragón –proyecto TALITA
-Madrid- Modelo de ESCUELA INVERTIDA. Josechu Gamo

Proyectos propios

El proyecto Focus Aula:  es un proyecto de formación al profesorado, que se diferencia del resto de cursos ordinarios que se ofertan en el área de la educación. Su principal diferencia es que se trata de un curso eminentemente práctico por la intervención directa dentro del aula.

La formación al profesorado se realiza desde dos niveles, que se llevan a cabo en paralelo: por una parte, los profesores reciben clases teórico-prácticas con un temario amplio que intenta abarcar diversos puntos de interés para el desarrollo de su trabajo diario; por otra parte, se va realizando una supervisión directa de cada profesor en el aula. En cuanto a la formación teórico-práctica, se incluyen diversos temas desde el campo de la psicología (conceptos y procesos psicológicos, funcionamiento cerebral, emoción, cognición, ejecución, conducta, motivación, etc. y distintas problemáticas que los profesores pueden encontrarse en su trabajo diario: por ejemplo, dificultades de aprendizaje, desmotivación, disejecución, disregulación emocional, problemas del lenguaje, inteligencia emocional o social); desde el campo de la pedagogía (metodologías, técnicas, recursos y estrategias pedagógicas) y desde la comunicación (asertividad, vínculo, estrategias para utilizar con sus alumnos). Esta parte del curso ayuda a los profesores a aprender y aclarar aspectos que, aunque pertenecen a otras disciplinas, ellos se encuentran en su día a día a pesar de no tener recursos con los que hacerles frente, especialmente de manera práctica y bajo supervisión. Otra diferencia con el resto de cursos de formación al profesorado es la figura del “FARO(i)”.

Esto es una persona situada al fondo del aula que presenciará el desarrollo de la clase, su interacción con el grupo y el resto de interacciones que surgen en ella. Es importante destacar que esta persona no intervendrá en ningún caso y, durante el desarrollo de la clase, estará siempre en la sombra. Sólo podrá intervenir fuera del aula con el profesor, y será él quien se encargue de ejecutar todas las estrategias aprendidas y planificadas con el Faro fuera de la clase.

Con respecto a la intervención dentro del aula, nos encontramos varios frentes de acción:

– La reeducación al profesorado. Se observan los malos hábitos adquiridos con el paso de los años por ensayo-error y se resaltan los buenos hábitos y sus puntos fuertes como docente. Curiosamente, saben qué hacen mal pero no saben cómo cambiarlo y obvian lo que hacen bien, lo cual no les permite repetirlo y aplicarlo a las distintas problemáticas. Desde este frente, se trata de estudiar qué estrategias lleva a cabo dentro del aula, cómo estructura sus clases y cómo se desenvuelve en la interacción con los alumnos, cómo vincula con ellos, cómo se comunica, cómo aplica las estrategias aprendidas. También es relevante observar cómo resuelve situaciones nuevas y cómo lleva a cabo los planes realizados con ayuda del Faro, aprendiendo modelos plan-acción-evaluación.

– La intervención psicosocial entre el alumnado. Además de realizar ciertos estudios y sociogramas previos, la clave de la intervención es la observación entre alumnos. Desde dentro del aula, y siendo observador, es relativamente fácil localizar las interacciones sociales entre ellos. Quiénes son los polos dominantes en el aula, quiénes están aislados, quiénes son susceptibles de sufrir acoso escolar, quiénes son líderes, quiénes tienen sed social, etc. Con esta información, realizaremos un programa que el profesor pondrá en práctica con sus alumnos para generar una dinámica adecuada dentro del aula, donde se promuevan el respeto y los valores de cohesión y compañerismo. En ciertos casos el lugar de ser aplicados por el profesor, se aplicarían desde orientación o dirección.

Estar socialmente unidos y sentir que forman parte de un mismo grupo es el pilar fundamental para generar autoestimas fuertes y para educar personas que sientan que son capaces. Capaces de hacer, de fallar, de intentar de nuevo, de cooperar, y de lograr. Para poder realizar estos programas, el profesor recibirá formación de psicología de grupos y de liderazgo, ya que éste debe ser percibido como alguien que está dentro del grupo, no como un ente externo. Si el profesor quiere ser líder del grupo, necesita ser parte del grupo. Por ejemplo, el recreo es un momento ideal para relacionarse y jugar con ellos. Mostrar límites desde el ejemplo a la vez que vinculamos con ellos. Ser un referente para tus alumnos es la mejor forma de educar. Nutres afectivamente, y marcas límites en la misma acción.

– La última función del FARO(i) es la detección de dificultades académicas, NEE (necesidades educativas especiales), diagnósticos psicopedagógicos y prevención de trastornos mentales. Desde el aula, no se pueden realizar diagnósticos fiables y tan solo se podrá limitar a la detección previa, cribado general y toma de información para, posteriormente, derivar a equipos especializados extensos que puedan hacer diagnósticos fiables. Se ha realizado en Barcelona hace poco un proyecto que consistía en llevar a profesionales clínicos al centro educativo. En él se concluyó que, cuando se detectaba y trataba una patología, los resultados académicos mejoraban de modo significativo, además de permitir a los profesores actuar en consecuencia y adaptar su metodología a sus alumnos de manera eficaz. Para ello, el FARO(i) debe tener una formación específica, y esta parte sería exclusiva de personal externo al centro educativo. Todas las demás funciones serán objeto de formación a orientadores en el siguiente escalón del proyecto, el FOCUS ORIENTA. Sin embargo, para esta parte, es necesario personal muy cualificado.

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