El sistema educativo obsoleto – parte I

Prólogo:

A lo largo de mi vida, he estado siempre muy en contacto con el sistema educativo, tanto de manera profesional como de alumno. He sido el peor alumno de mi clase en todas mis clases, a pesar de esto logré superar el sistema educativo. Entre Preescolar,EGB, BUP, cuatro COUs, dos veranos en internados, tres carreras y un máster he tenido 237 profesores distintos. De entre ellos, doce “profesores” que jamás debieron existir, 25 verdaderos MAESTROS y una gran mayoría de mediocridad con buena voluntad pero sin habilidades docentes. En este ensayo, pretendo reflexionar sobre los problemas del sistema educativo y proponer soluciones, más o menos razonables y ejecutables.

Dividiré los problemas del sistema educativo en tres áreas y estarán recogidos en tres capítulos, aunque, en realidad, muchos de los temas serán trasversales y multifactoriales, ya que habitualmente las cosas son multidimensionales y no dicotómicas. Los capítulos estarán orientados hacia tres pilares de la educación: el maestro, la metodología y el fin para el cual se realiza el proceso educativo, que se corresponden con:

  1. El profesor quemado. La información es información, todo lo demás es experiencia.

  2. El método de la vara y el aprendizaje activo. Sin emoción no hay aprendizaje.

  3. El fin último de la educación: creatividad no es productividad. No te preguntes por qué haces algo, pregúntate para qué lo haces.

El profesor quemado. La información es información, todo lo demás es experiencia.

Estadísticamente, un arquitecto de 50 años es mejor que uno de 25. Al igual que un cirujano de 50 años es mejor que uno de 25. Esta estadística es lógica, ya que la experiencia mejora la calidad del profesional. Sin embargo, esto no ocurre siempre. Por desgracia hay excepciones. En aquellas profesiones en donde la gente se cansa o corrompe no ocurre esto. Ser político en España o ser policía en Brasil son buenos ejemplos de cómo un profesional se corrompe por las presiones, del tipo que sean.

Ser profesor en cualquier parte del mundo es el mejor ejemplo de cómo el desgaste y/o el agotamiento (“queme” como sustantivo no existe) extremo dificulta el desarrollo laboral. A esto le llamamos teacher burning. ¿Por qué ocurre? La respuesta es compleja porque se ven involucrados muchos factores, que analizaré en cuatro apartados:

  • 1.1 El mundo digital.
  • 1.2 La formación autodidacta.
  • 1.3 La soledad en el claustro.
  • 1.4 El contenido y la presión del currículo.

 

1.1 El mundo digital.

Si un cirujano del siglo XIX entrara hoy en un quirófano, no reconocería absolutamente nada. Si un profesor del siglo XIX entrara hoy en un aula, apenas vería diferencias.

El mundo avanza a un ritmo vertiginoso, pero en educación seguimos anclados en el sistema educativo industrial de repetición de contenidos y evaluación bulímica de los mismos. Dividimos a los alumnos por edades, niveles, asignaturas teóricas, etc. Antes, también lo hacíamos por sexos y razas, ahora por inteligencias y niveles académicos, pero, al fin y al cabo, los dividimos para homogeneizarlos, como los huevos de granja. Si podemos, los uniformamos para eliminar las diferencias que quedaban. Una vez encasillados y estandarizados entra el profesor y el 70% del tiempo él se dedica a volcar contenidos teóricos y datos en los alumnos y, al final del curso o trimestre, estos vomitan los contenidos recibidos en un examen sin necesidad de haberlos procesado, ya que sólo los han memorizado al repetirlos una y otra vez. Esto es en lo que consiste el sistema educativo industrial. Si no has adquirido contendidos, repites curso para poder repetir más veces los contenidos hasta que los memorices.

Lo cierto es que el mundo cambia y, hoy por hoy, no necesitamos que obreros repitan el mismo proceso de poner un tornillo, ya que tenemos unos brazos robóticos fantásticos que lo hacen por ellos. Lo que hoy en día necesitamos es creatividad y el sistema se dedica a pisarla y destrozarla al no valorar la diversidad. Cuando se empieza con la muletilla de todos los niños tienen que… se reafirma el modelo educativo. Os recomiendo encarecidamente una ponencia de Elsa Punset, en donde además de hablarnos de este tema, explica también un experimento que consistía en llevar tabletas(iPads) a un poblado del tercer mundo y dárselas a niños de edades tempranas, de una media de cinco años. El resultado fue que a los cinco minutos las encendían, a los quince días usaban unas cincuenta aplicaciones de media, a los dos meses cantaban en inglés y a los seis meses pirateaban las tabletas.

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Niños que piratean tabletas es algo muy impactante. ¿Por qué ocurría eso? Los niños no necesitan que se les enseñen contenidos ni habilidades. Lo que necesitan es motivación para aprender, y saber qué tiene que hacer con lo que han aprendido. El maestro contagia motivaciones y enseña valores.

Hoy en día la distancia existente entre los contenidos de la escuela a las competencias que se necesitan en la vida real es muy grande. ¿Alguien sabe quién reinaba en España cien años antes de Isabel la Católica? ¿Por qué es tan importante saberlo todo sobre Isabel pero no de su abuelo? ¿Por qué no es importante saber lo que ocurría en China durante el reinado de Isabel? ¿Quién decide los contenidos que hay que estudiar y qué criterios se siguen? ¿Necesito saber cuántos hijos tenia Isabel para desenvolverme en la vida?

Con todo eso quiero decir que si no adaptamos las competencias a la realidad, los alumnos no querrán aprender. ¿Para qué memorizar algo que tengo en mi móvil y puedo leer cuando quiera? ¿Quién es más cateto: el que tiene muchas preguntas o el que tiene muchas respuestas? Venimos de un mundo donde lo importante son las respuestas, pero hemos llegado a uno donde las respuestas carecen de sentido, ya que cualquier cateto con un móvil tiene acceso a ellas,  y donde lo importante es la capacidad de hacer preguntas, y esto es algo que el  sistema educativo no tiene claro todavía. Jamás he visto a un profesor hacer un examen de preguntas.

1.2 La formación autodidacta.

Cualquier docente de cualquier grado al que preguntemos alrededor del mundo, te dirá que su formación ha consistido en recibir contenidos que se supone tendría que volcar cuando ejerciera esa profesión. Es una creencia popular que el mejor maestro es el que más sabe, que si no tienes ni idea de matemáticas, no puedes enseñarlas y que lo más importante sea tener conocimientos de la asignatura que vas a impartir. Siempre se consideró algo obvio qué metodología y qué pedagogía se debían poner en práctica. Sobre todo, en la época de castigar con la vara y la letra con sangre entra. Sin embargo, desde ya hace un tiempo se le empieza a dar más importancia al cómo se da clase. Es curioso que, si investigamos las grandes habilidades de un maestro o si preguntamos a cualquiera qué habilidades tenían los grandes maestros de su vida, pocas personas te hablan sobre la gran cantidad de contenidos que “poseía”. Sin embargo, siempre surgen conceptos como “comunicador”, “empático”, “me hacía sentir”, “me motivaba”, “me comprendía”, etc, y una larga serie de frases que, en realidad, hacen referencia a la capacidad de una persona para conectar y vincular afectivamente.

Pero, durante la formación, ni si quiera se nombran cuáles son las estrategias o habilidades de comunicación, ni, desde luego, jamás nadie ha hablado de vincular afectivamente con nadie. De hecho, cuando le digo esto a los profesores, me miran como diciendo ¿Nos está insinuando que tenemos que dar amor a los chicos? ¿Cómo se hace eso? Lo cierto es que el profesor termina su formación, aprueba una oposición teórica y se le “suelta” en la piscina del aula. Si tiene fobia social o timidez patológica, no parece ser algo importante que se deba tener en cuenta, ni tampoco si carece por completo de habilidades sociales, de inteligencia emocional o empatía. Todo eso parece algo irrelevante en pro de tener muchos conocimientos.

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En algunos países como Finlandia, donde el sistema educativo no es TAN diferente al de España, han logrado suavizar muchos problemas con algo tan sencillo como subir la nota de corte de magisterio para asegurar que todos los que  están ahí, están por vocación. Al hacerlo, aumentan las probabilidades de AMAR lo que haces y ésta es la principal razón de su éxito a nivel educativo, ya que si se analizan todos los problemas que desarrollo en este ensayo, mayoritariamente son problemas a nivel mundial.

En medicina, cuando te sabes el protocolo de una operación, no te dan un paciente. Primero practicas con cadáveres, luego observas y participas en muchas operaciones, luego te dan un bisturí mientras te instruccionan, después te supervisan y, al final, te permiten hacerlo y ser tú el que supervisa. En cambio, esto no se hace con los profesores. Cuando terminan, los “sueltan” en la piscina, sobre todo en secundaria. Ellos no se ven, no saben qué hacen mal, y lo que es casi peor, qué hacen bien. No tienen nociones de psicología, pedagogía psicología de grupos o comunicación.

Ya no solo se trata de que en la práctica les dejemos vendidos y solos ante el peligro, es que, ni siquiera, en la teoría les informamos de lo que realmente necesitan. En su lugar, nos centramos en sus competencias en la materia y olvidamos por completo que la función del maestro es enseñar y, para eso, los alumnos tienen que estar motivados para aprender.

1.3  La soledad en el claustro.

Existen profesiones donde las personas necesitan formar equipos de trabajo y existen profesiones donde el individuo es el sistema. Cada maestrillo tiene su librillo dice el refranero y lo corrobora la libertad de cátedra. Es muy irónico como, por un lado, decimos esto y, por otro, apretamos con los contenidos, el currículo, los exámenes. y la selectividad.

Uno de los problemas más grandes que me he encontrado al trabajar con profesores, desde dentro o desde fuera del centro, ha sido siempre las enormes dificultades que tienen los profesores para relacionarse entre ellos. El temor por reconocer que no saben hacer su trabajo como se supone que deberían saber, a pesar de que el 100% se encuentre en la misma situación de desamparo, y el miedo a ser juzgado es mayor que el propio desamparo.

En los claustros no existe nadie cuya función sea dinamizar las relaciones y uno puede ser profesor de un centro, cruzándose con sus compañeros sólo un día al año, en la junta de evaluación y, para eso, ni es necesario escuchar lo que tienen qué decir. La falta de obligatoriedad generalizada es al profesor lo que el bingo al ludópata. Se acusan constantemente sin ver que la persona a la que acusan, es tan solo un profesor que esta extremadamente cansado, que en su momento lo intentó pero llegó a la terrible conclusión de que no merecía la pena seguir intentándolo porque jamás lo iba a lograr.

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Es un concepto muy conocido por los psicólogos el de indefensión aprendida, y en los profesores es uno de los grandes males, porque perpetúan las etapas de este cansancio. Esto se reconoce en el para qué voy a… si total…Cuando un profesor está desesperado o desquiciado, cuando la  situación se le está yendo de las manos, no hay nadie ahí para ayudarle. Se supone que él tiene que estar por encima de eso, y que él no debería tener esos problemas. Así que el profesor disimula, se justifica o se autoengaña porque desde su punto de vista no tiene otra opción, porque sus compañeros son muchas veces percibidos más como enemigos que como apoyos reales.

En muchos centros todos los profesores están deseando mejorar pero el ambiente es tan tenso, que ninguno se atreve a dar el primer paso y, cuando alguien lo da, el primer desconfiado se protege y todos vuelven a su posición inicial de defensa.

Jamás se logrará un buen sistema educativo si no comenzamos a RESPETAR a los profesores. Y cuando hablo de respeto, con esto me refiero a considerar y comprender que los profesores son HUMANOS cuyo trabajo es vincular con personas.

Cuando un psicólogo pasa por turbulencias en su vida, debe cesar las intervenciones terapéuticas. Primero se repone, y luego vuelve al ruedo, pero
JAMÁS debe actuar si no está estable. En muchísimas empresas, el psicólogo de la empresa comprueba que el personal esté en condiciones de trabajar y que haya un buen ambiente de trabajo individual y colectivo. Sin embargo, nadie comprueba que los profesores estén en condiciones de poder ejercer y nadie les escucha. Tan solo son ignorados por sus compañeros e ignorantes del problema. Llenos de vergüenzas e inseguridades, se ocultan en su aula sabiendo que ellos allí son el rey, la máxima autoridad, y que nadie podrá venir a decirles cómo tienen que hacer su trabajo. Todo esto desemboca en un desastre general tanto para el centro como para los alumnos.

¡Cómo voy a crear un grupo aula cohesionado, si no soy capaz de crear un grupo profesores cohesionado!

1.4 El contenido y la presión familiar y social

La mayoría de los profesores confunden los contendidos del currículo con los contenidos del libro de texto. Prácticamente ninguno valora las competencias y, en general, están convencidos de que no hay apenas tiempo ni formación para atender a la diversidad.

Cuando la madre de “Pepito” entra por la puerta del despacho, nuestro profesor se pone la armadura de placas tachonada, saca su espada y su escudo y se prepara para lo que ha de venir. Él no lo sabe pero esos padres tienen tanto miedo como él y, antes de entrar, se armaron exactamente igual que él. Es fundamental que consigan los contenidos pero ¿a qué coste? Esta pregunta nunca se hace, como tampoco uno nunca se pregunta para qué sirven estos contenidos. El precio que hay que pagar no es al parecer importante. Si guardo un odio eterno al latín, no es tampoco importante. Lo realmente importante es que en su día fui capaz de memorizarme el rosa/rosae.

Nadie ha comentado que no importa repetir, al contrario, estigmatizamos al repetidor, solo importa aprobar. Si tienes un 4 estás suspenso, lo demás da igual. Es la cultura del fracaso como destino-enemigo, en lugar del error como a-camino-aprendizaje.

Los profesores están tan oprimidos por dar el temario que, muchas veces, están hablando solos, nadie les sigue, están literalmente perdiendo el tiempo. Y los jóvenes de hoy en día no toleran perder el tiempo. Ya no se hacen una foto y esperan a navidades a que se termine el carrete para revelarlas; la hacen ahora y ahora la comparten con todos. Sin embargo, esperamos que toleren la sensación de pérdida de tiempo al estar en un aula donde no  se enteran de nada y cada vez el profesor da más materia de la que siguen sin enterarse.

Para ayudar a rebajar esta tensión, las medidas que se toman son establecer un selectivo y varias reválidas que midan el contenido vomitado por los alumnos. Es realmente complicado lograr que tus alumnos se motiven por un tema que ya han oído el año pasado y que no les motivó nada. Luchas con cientos de desventajas. ¿Cómo voy a lograr que sacos de hormonas me presten atención cuando hablo durante 45 minutos de las columnas jónicas, dóricas y corintias cuando están sentados y aprisionados en sus asientos, sin NADA que hacer, rodeados de posibles amigos y ligues, con mil aventuras que contar, y como única arma un libro de texto para que lo lean una y otra vez? Desalentador.

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