El sistema educativo obsoleto – parte II

2. El método de la vara y el aprendizaje activo. Sin emoción no hay aprendizaje.

En la pedagogía existe una ley fundamental que dice: Jamás debes dar direcciones negativas, es decir, jamás debes decir lo que no hay que hacer, siempre has de decir lo que sí hay que hacer.

En los años 60, 70 y 80, los pedagogos intentaron cambiar el sistema pedagógico existente, “el sistema de la vara” para ello, se saltaron sus propias normas. Dijeron a la sociedad no pegues, no castigues, no humilles, no grites pero todos ellos se olvidaron de lo importante, de lo que sí se debía hacer.

Cuarenta años llevamos recogiendo lo sembrado y es ahora cuando nos toca rectificar el error y decir lo que sí hay que hacer. Y no sólo decirlo, sino también enseñarlo. Porque enseñar no es dar un contenido. En mis clases de padres yo le puedo decir a un padre tienes que hacer más refuerzos positivos pero eso no quiere decir que él sepa hacerlos de forma adecuada o creíble, ni cómo ni cuándo hacerlos

Los pedagogos tenemos la horrible costumbre de saltarnos nuestras propias leyes, porque obviamos información. Por ejemplo, cuando les recuerdo en clase a los profesores otra famosa ley de la pedagogía, el aprendizaje activo, les digo que el aprendizaje tiene que ser activo, pero se lo digo desde una clase magistral. Es absurdo y, aunque intento modificarlo, hoy por hoy no encuentro formas reales de llevarlo a cabo.
El método actual es un enorme círculo vicioso, donde enseñamos cómo hemos aprendido, y los formadores de formadores también, por lo que es muy difícil romper ese círculo. En un ciclo de cocina es mucho más fácil, ya que, desde el primer día, ellos cogen un cuchillo y pican cebollas, pero desde el aula es mucho  más difícil.

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Se me viene a la cabeza un ejemplo que me impactó. Un profesor dice a sus alumnos: A ver, chicos, un tren sale de Málaga a 45Km/h, otro sale de Santander en la misma dirección y sentido contrario a una velocidad de 80Km/h, etc. Entonces el formador de formadores dice al profesor que tiene que contextualizar eso. Aunque le lleve más clases, aunque aparentemente pierda más tiempo, tiene que lograr un aprendizaje real y activo. Inténtalo por proyectos. El profesor se va a casa frustrado. Al día siguiente regresa más ilusionado y trae cinco cronómetros, cinco cintas métricas, un mapa de España y una regla.

Hace grupos de cinco alumnos y les dice:

Quiero que calculéis cuánto tardaríais  cada uno de vosotros en llegar a Málaga caminando. Y ésta será vuestra evaluación. Los alumnos se quedan atónitos, desorientados. El profesor se va del aula y les dice: Pensad. A ver quién lo logra. Los alumnos solos llegaron a la conclusión de que tenía que medir la velocidad de su caminar y luego hallar la distancia a Málaga. Estuvieron media mañana en el patio, y lograron su aprendizaje. Un aprendizaje que nunca olvidaron.

Hay una anécdota que cuento siempre a los profesores cuando les intento explicar que la tarea del profesor no es tanto enseñar, como motivar a aprender. La clave es saber plantar la semilla del aprendizaje, la percepción de que aprender es divertido o agradable.

Siempre he adorado la física. Toda la física que hoy sé, me la enseñó mi profesor de preescolar Guillermo Meijón cuando yo tenía solo cinco años. Él logró plantar la semilla de la curiosidad en mí y, a partir de ese día, a pesar de todas las adversidades, nadie ha podido quitarme la idea de la cabeza de que a mí me gusta la física.

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Cogió un montón de petisuis vacíos y los puso todos juntos. Me dijo: Javi, súbete encima. Yo me subí y los petisuis se espachurraron. En ese momento pensé que era algo lógico. Luego volvió a colocar otros petisuis y, esta vez, puso una tablilla muy fina encima, me repitió la misma instrucción y esa segunda vez me subí y no se espachurraron.

Entonces me dijo:

Esto es presión. Estás repartiendo tu peso entre todos los envases y, así, cada envase soporta una pequeña fuerza en lugar de unos pocos mucha fuerza.

Desde ese momento, me encantó la física y siempre preguntaba y era muuuy pesado. Hubo algún profesor que me apodó “el fotones” por mis preguntas incesantes. Ojalá google hubiera existido en aquel momento.

Siempre pensé que odiaba la historia, hasta que Dña Ballina en COU me demostró que en realidad la historia era maravillosa. Ahora me planteo que seguramente todas las asignaturas son maravillosas y que nunca nadie fue capaz de plantar esa semilla en mí.

Ése debería ser el fin último del profesor. Generar la necesidad de saber, lo que llamamos curiosidad. Y lo cierto es que los niños nacen con curiosidad y por varios procesos psicológicos perfectamente estudiados nosotros nos la cargamos. Procesos como el de la sobrejustificación, es decir, si a ti alguien te obliga a comer brécol, es que el brécol es malo. Sin embargo, si los niños que se esfuerzan, pueden comer brécol, entonces todos lo quieren. Si los niños sólo pudieran ir al colegio los días que juegan bien a la consola, o los días que ven muy atentos los dibujos animados, la consola y los dibujos serian interpretados como algo malo, y dirían cosas como “jooo quiero ir al cole, la consola es un rollo”. Si hay cinco personas delante de la última coca-cola de la faz de la tierra, a todos les apetece, si están en un almacén de coca-colas, seguro que a nadie. Sólo apreciamos lo que corre riesgos.

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Lo más curioso es que conocemos bien todos estos procesos y, sin embargo, no los aplicamos. Os imagináis que en medicina supieran perfectamente cómo se  trata una enfermedad, pero se tratara de otra forma, porque así se hizo toda la vida. Esto sería absurdo, sin embargo, en educación y en pedagogía esto ocurre de forma mayoritaria. A mí me enseñaron así parece una justificación para casi cualquier cosa si lo rematas con un y no salí tan mal, pues ya puedes hacer lo que sea.

Hoy en día existen conocimientos y disciplinas que nos dice que funciona  y qué no funciona, y, aun así, se les sigue dando la espalda a la ciencia, a la pedagogía, a la  psicología. la psicopedagogía, la neurodidáctica, etc

Por ejemplo, las normas nunca son claras en un centro, se obvian la inmensa mayoría y cada profesor las aplica según el momento, pocas son adecuadas y, de manera habitual, cada  profesor se saca algunas nuevas de la manga. Si llegas tarde, con algunos profesores no se intentará pedir permiso para entrar y uno irá directamente a la biblioteca. Con otros, tienes que llamar a la puerta y esperar a que te den permiso. Con otros, entrarás en el aula en silencio sin hacer ruido ni molestar, etc. Si no hay una pauta clara y única, al final, los perjudicados son los alumnos.

Algo que la ciencia nos dice es que sin emoción no hay aprendizaje. Ésta era la base del viejo sistema de la vara. Un buen latigazo hará que tú tengas una emoción intensa, y eso hará que se realice un aprendizaje. El problema es que el refuerzo negativo se generaliza, mientras que el refuerzo positivo se afina. Es decir, si tú me das un calambrazo cuando yo me porto mal, yo me esforzaré en estar tieso, pero no sólo me condicionará  a la acción que se quiere corregir, sino que generalizaré también ese miedo al profesor, a la situación, al colegio y a todo lo relacionado con lo académico. Sin embargo, el refuerzo positivo afina. Cuando me das un refuerzo positivo, yo pregunto qué hice exactamente para recibir ese premio, intento afinar para gastar menos energía y ser más eficiente para conseguir más premios. Por eso, el refuerzo positivo es mucho mejor, aunque el negativo será mucho más fácil de administrar.

Y como el refuerzo  negativo es muy fácil de administrar, hoy nos vemos en el reto de tener que lograr la misma intención que lográbamos con el miedo pero con amor. Cualquiera puede dar miedo, pero no es tan fácil dar amor. Hoy en día, el arma de un profesor para captar atención es el vínculo afectivo. La capacidad del profesor para conectar con el alumno es la clave de todo el proceso del aprendizaje y ésta es la verdadera razón de que existan buenos y malos profesores, porque hay personas que por naturaleza vinculan mejor que otros, porque tienen habilidades sociales y empáticas e inteligencia intrapersonal e interpersonal. Por lo que es fundamental escuchar lo que dicen las ciencias y construir un sistema acorde con los avances científicos y tecnológicos. No podemos tardar otros tres siglos en ajustar el modelo educativo.

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