El secreto está en la forma

A menudo me encuentro en la consulta que a la gente le es difícil dar una explicación sencilla, creíble y científica de lo que es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), especialmente cuando su entorno ya lo tiene encasillado. “¿TDAH? ¡Tu niño lo que necesita es esforzarse más! ¡Le falta motivación!. ¡Para lo que le conviene bien que se acuerda!. A eso a toda la vida se le llamó… El mío también es despistado, ¿y?. ¡Eso es normal!”. Estas frecuentes atribuciones suelen conducir a etiquetas como “vago”, “tonto”, con las que a menudo se presentan las personas cargando su mochila emocional en una primera visita diagnóstica.

A veces puede aparecer miedo al qué dirán, al etiquetado, sin embargo mi experiencia es que ocurre como ante otros diagnósticos. La persona y su entorno inician un proceso, en el que se suceden unas fases de dudas y temores, alivio y calma.

Para poder explicarlo mejor y entendernos mejor existen dos aspectos claves.

En primer lugar, es que se trata de un trastorno del neurodesarrollo. Es decir un retraso de la maduración de las partes del cerebro que se encargan de la atención y la impulsividad. Por lo tanto, en cada etapa de edad mostrará un retraso en los hitos de desarrollo de esas funciones respecto a otros niños de su misma edad. Desde el nacimiento hasta el momento de la valoración tiene que haber presentado conductas congruentes con la existencia de un TDAH.

Nadie puede empezar a tener un TDAH a los 10 años, ni puede tener un TDAH durante sólo 2 años.

Esto nos ayuda a distinguirlo de otras causas de baja motivación como la tristeza tras la separación de unos padres, que sí tendrá esta característica de explicarse como un cambio de conducta de inicio relacionado con el evento (ej. día de la separación) y que remitirá completamente con el tratamiento adecuado volviendo a su estado habitual.

El segundo aspecto, y de ahí el título del artículo, es la forma del síntoma. Esto es lo que de forma minuciosa se explora en una entrevista diagnóstica. Dado que el TDAH, es una alteración de las funciones ejecutivas del cerebro, lo que popularmente se conoce como el “director de orquestra”, lo que buscaremos es una forma de alteración de la conducta que se explique de forma concreta por la presencia de esa alteración en el “director de orquestra”. Por ejemplo, si estando atenta a una conversación, que mi cerebro no filtre el ruido de la calle haciendo que mi atención se vaya hacia el ruido, y pierda el hilo de la conversación. O que cuando dejo las llaves al entrar en casa, mi memoria de trabajo no me guarde esa información, haciendo que no tenga ni idea de dónde las he dejado, y que cuando las busque no tenga referencia de dónde las pude haber dejado. O que cuando me proponga ponerme a hacer un trabajo escrito (ej. la renta, los deberes, etc), mi atención no alcance a poderse focalizar en esa tarea, observándose desde fuera como la pospongo, y no consiga ponerme a ello hasta que gracias al estrés de la proximidad de la fecha límite de entrega, mi atención alcance a focalizarse, de ahí que sea tan común acabar las tareas de madrugada, o pedir posponer la fecha de entrega. O que debido a una disfunción de la gestión del tiempo, llegue siempre tarde a los sitios, o compense asegurándome que llego con gran antelación de tiempo, o que calcule mal la duración de las tareas.

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Estas conductas no son más que una medida indirecta reflejo de lo que sucede a nivel del funcionamiento del cerebro en esas áreas concretas. Comprender esto último ayuda a despejar las dudas.

Nadie puede tener un día un cerebro y mañana otro.

Si que hay que tener en cuenta que factores como el estado de ánimo, o la motivación pueden aumentar o disminuir el rendimiento de mis funciones ejecutivas, y que existen factores compensatorios como la inteligencia, fortaleza de otras memorias como la fotográfica, la obsesividad (ej. hacer listas, comprobar, etc) que hacen que a dificultad similar la persona funcione mejor. Normalmente, cuando la persona acude a la primera cita, ya ha desarrollado de forma natural una larga lista de recursos para funcionar mejor.

Como decía antes es un proceso. Y es posible que a medida que uno vaya comprendiendo esto con más profundidad y se le vaya levantando la niebla de las dudas, inseguridades, juicios y desconocimiento, pueda aceptar la llegada de la certeza de la existencia del TDAH y de cómo éste condiciona el día a día de la persona, para así transformar esta “etiqueta” en herramientas y recursos para funcionar mejor.

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Dra Gideoni Fusté

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