El oso, la capa y la espada – versión íntegra del libro sobre TND de Javier Estévez

El oso, la capa y la espada – Javier Estévez

Primera parte: El oso furioso (Conceptualización)

Hace un tiempo acudí a una charla sobre TND en Burgos que impartía Javier Estévez, psicólogo especializado en adolescentes y trastornos de conducta. Me pareció interesantísimo y sentí la necesidad, como periodista y como madre, de entrevistarme con él para hablar sobre el tema. Me llamó la atención que, durante toda su presentación, aparecían imágenes del increíble Hulk, a pesar de que él no habló en ningún momento de este personaje de cómic.

Explícanos qué es el TND.

TND es la abreviatura de trastorno negativista desafiante. Habitualmente se entiende el TND como un problema de conducta. Esto es así porque el DSM lo clasifica dentro de los trastornos de conducta disruptiva, pero eso no quiere decir que el problema resida en la conducta de la persona. Es un problema más relacionado con el afecto que con una conducta mal aprendida.

Espera, ¿qué es el DSM?

El manual donde se clasifican todos los trastornos mentales existentes y suficientemente bien estudiados que hay en la actualidad.

Ok, sigamos.

Como decía creo que el TND está más relacionado con el afecto que con el aprendizaje. Me gusta definir el TDN como el enfado que surge de la impermeabilidad al amor. El amor, el afecto, la estima son para el ser humano más importantes que el propio alimento. Las personas tienen un sistema digestivo para recibir e interiorizar el amor. Este sistema tiene que ir alimentándose constantemente (no por atracones), como la comida. Pero hay personas que, por razones de diversa índole, no pueden digerir este amor. Este problema digestivo del amor genera odio ya que, cuando una persona no es capaz de digerir ese amor, se llena de odio. El odio no es lo contrario al amor, se trata del mismo tipo de relación que existe entre la luz y la oscuridad o entre el calor y el frío. No se trata de términos contrarios, sino que uno es la ausencia del otro. El odio es la ausencia de amor. Por eso, normalmente odiamos a personas que, en realidad, amamos o hemos amado.

El TND es un enfado desmesurado producido por la dificultad de digerir el amor recibido.

Para ellos, el amor es percibido con desconfianza, inseguridad o condicionalidad.

Lo más frecuente es que el TND tenga su origen en la adolescencia como consecuencia de una desconfianza al amor de sus referentes (padres), al percibir este como interesado o incongruente. En otras palabras, el amor no es percibido como un amor INCONDICIONAL.

Las incongruencias parentales, las normas que no se aplican de una manera adecuada, el trato vejatorio hacia el niño en comparación con el buen trato entre adultos pueden desembocar en estos problemas de conducta.

¿Por qué es tan corriente que personas con TDAH desarrollen TND?

Si lo pensamos bien, la estrategia del TND no solo es lógica, sino que hasta, además, es adaptativa para los chicos que padecen TDAH y que están siendo sometidos a un constante maltrato de cualquier tipo («qué malo eres», «es tu culpa») y a una total incomprensión por parte de su entorno. Esto se traduce en enfado, en tristeza o en ansiedad. Y, en el enfado, la responsabilidad queda totalmente externa a la persona enfadada. De ahí, que suela haber una desresponsabilización de aquellas personas con TND.

Pondré un ejemplo para que quede más claro. Mi madre me dice: «Javi, te quiero mucho». Y, en ese momento, yo me siento bien, acogido y seguro. Unas horas después, mi madre aparece enfadadísima y gritando por la puerta de mi habitación diciendo: «Me acaba de llamar la profesora diciendo que no has estudiado nada.»

En este momento, yo me doy cuenta de que mi madre en realidad no me quiere. Al menos no de forma incondicional, solo me quiere si soy buen estudiante, pero, resulta que yo no lo soy. O solo me quiere si pongo bien la mesa o si soy obediente y un largo etcétera de cosas que yo no soy (o, al menos, me lo han hecho creer con comentarios como «ERES vago», «ERES tonto», etc.).

Es, entonces, cuando me empiezo a dar cuenta de que el amor de mi madre es interesado, condicionado a que yo sea la persona que ella espera que yo sea y no me quiere por lo que yo ya soy. Si lo que el entorno me dice constantemente que soy vago, lo asumiré como mi autoconcepto. Si mi madre no me quiere siendo un vago y es lo que creo que soy, sentiré la imposibilidad de ser amado por ella. Si mi madre me exige un comportamiento que soy incapaz de hacer en ese momento ya sea por mis características o por la ausencia de estrategias y aprendizajes, sentiré la imposibilidad de complacerla y me daré cuenta de que, si no la complazco, no seré amado. Por lo tanto, deduciré que su amor dependerá de mi capacidad para complacer su expectativa de lo que desea que yo sea, pero no de lo que yo ya soy.

Pero descubrir que el amor es condicional es algo terrible para todos los niños y no todos reaccionan así, ¿no?

Existen distintas formas de afrontamiento para esta situación, como ejemplo, algunas personas podrían usar la tristeza que ayuda a resignarse y aceptar la realidad, pero la estrategia podría derivar en indefensión aprendida («para que voy a… si total…»), en depresión o convertirse en personas-víctima para afrontar esta realidad. Otras personas, al descubrir que el amor es condicional, podrían optar por la complacencia («debo satisfacer al ambiente porque, si no, no me van a querer», «debo ser bueno para poder ser amado», «debo estudiar y ser correcto») y al hacerlo podían derivar en personas obedientes, preocupadas de los demás, perfeccionistas, hiperresponsables, ansiosas, haciendo intrínseca esta actitud y cronificándola. Y otras personas encuentran en el enfado una salida y son precisamente estas las que son susceptibles de desarrollar un TND.

Debemos entender que estas estrategias son una defensa de supervivencia para el individuo, también en el caso del TND, es decir, que el enemigo no es el TND, sino que este está siendo una capa de protección para la persona y la clave se encuentra en comprender qué ocurre al detalle y, con el objetivo de ayudarnos a esta difícil tarea, he escrito este largo pero detallado artículo

Segunda parte: La pluma con forma de espada (La estrategia)

Explícanos esta estrategia.

Existen diferentes formas de afrontar la opresión pero antes de profundizar en la estrategia TND, hagamos un repaso general por las distintas estrategias que, de forma natural, usan las personas cuando se encuentran en una situación de opresión. Estas respuestas constituyen, no solo una medida adaptativa de supervivencia ante el ambiente, sino también la semilla de distintas psicopatologías que se podrán desarrollar si dicha estrategia se intensifica y cronifica.

Ponnos una situación como ejemplo para entender a qué te refieres con opresión.

Un ejemplo puede ser la situación en la que el matón del cole roba el bocadillo en los recreos. Creo que todos podemos situarnos aquí, porque, de una forma u otra, casi todos hemos visto o vivido algo parecido.

Ante esta situación, las personas pueden tomar diferentes estrategias de supervivencia. ¿Qué cosas podríamos hacer?

a. Quedarte paralizado de miedo

– Respuesta de bloqueo: Es la respuesta más arcaica de todas a nivel biológico y supone quedarnos totalmente paralizados, llegando a desmayarnos o, en casos más agudos, a caer en coma. Es una respuesta muy típica en sucesos traumáticos intensos. Aunque nos pueda parecer extraño, es una respuesta que, en muchas ocasiones todavía hoy, salva muchas vidas. Sin embargo, es poco probable en el ejemplo propuesto, salvo que la persona previamente haya vivido un suceso traumático relacionado con esa situación.

b. Darle una pedrada

– Respuesta agresiva: Enfrentarte al agresor, ya sea con agresividad verbal o violencia física. Es la respuesta del más fuerte físicamente, o, al menos, la del menos débil, ya que, aunque el matón no sea muy grande, seguro que hay otro más débil al que quitarle el bocadillo sin tanto esfuerzo. Es la respuesta que va asociada al enfado y entre otras psicopatologías al TND, pero para poder llevarla a cabo debemos ser capaces de superar, gestionar o disociar el miedo a ser agredidos.

c. No bajar al patio

– Respuesta evitativa: Intentar por todos los medios no afrontar dicha situación, ir a la biblioteca en los recreos, salir corriendo o cambiar de centro. Es la respuesta asociada al miedo. Es una respuesta compleja, con distintas presentaciones como la huida, la evitación emocional, la evitación de la situación. etc. No es igual salir corriendo que no bajar al patio, que cambiar de colegio o, sencillamente, fabular que no está ocurriendo. La evitación puede ser algo dentro de tu mente.

d. Bajar la cabeza

– Respuesta sumisa: Consiste en resignarse a que esa situación es y seguirá siendo siempre así. Esta respuesta va asociada a la tristeza y a la indefensión aprendida («para que voy a… si total…»). Es una respuesta que desde niño nos enseñan a aceptar. Tienes que obedecer es una de las frases que más se les dice a los niños y una de las frases que menos tolera oír un TND, precisamente porque surge para escapar de esta opción.

e. ¿Hacerte su amigo?

– Respuesta complaciente: Consiste en ofrecerle el bocadillo de buen rollo antes de que te lo quite. Intentar hacerse amigo del opresor, quizás siendo coagresor, quizás haciéndole favores. Es la estrategia que socialmente está mejor vista ya que es lo que desde niño te enseñan a hacer: complacer a tus padres, a tus profesores, etc. Es la respuesta más adaptativa para con los demás; sin embargo, nos lleva a convertirnos en personas complacientes, manipulables, etc. Con respecto a los hijos, la inmensa mayoría de los niños intentan como primera opción complacer a sus padres pero, ante las dificultades para lograr que ellos le trasmitan orgullo y satisfacción, pueden optar por otras estrategias de afrontamiento.

f. Chivarte a tus profes

– Respuesta dependiente: Cosiste en pedir ayuda a otros: profesores, compañeros, quien sea que nos pueda ayudar. En principio podría parecer la mejor estrategia, al menos así se lo decimos muchas veces a los niños que se enfrentan a nuestra situación ejemplo, pero la realidad muchas veces nos demuestra que, en ocasiones, es la peor de todas. Más allá de que pueda tener consecuencias de rechazo social o de no ser ayudado por las personas a las que se recurre, el mayor inconveniente de todos es que el individuo podría no aprender a resolver los conflictos por sí mismo e interiorizar que solo otros pueden hacer las cosas.

No se me ocurren más. Y tampoco veo cuál es la buena.

Es que no hay ninguna buena. Todas las respuestas son malas o, como poco, no totalmente buenas, ya que todas ellas llevan asociadas consecuencias negativas para la persona. No se pueden considerar las estrategias como buenas o malas. Algunas tienen más consecuencias negativas que otras en cada situación, porque no solo depende de la estrategia, sino de las características de la persona a nivel familiar, social, etc.

Si pudiéramos tomar una decisión consciente de qué hacer, la decisión tampoco sería fácil. A pesar de esta afirmación, la realidad es que las personas en esta situación no suelen poder tomar una decisión consciente de cómo reaccionar, sino que ya tienen un patrón más o menos estable de cómo reaccionarán. Lo sano sería poder tener todas las estrategias a mano, para poder adaptarte en cada situación. Al principio, lo bueno es aceptar tu punto de partida, cuáles son las estrategias que usas, poder detectarlas, observarlas, analizar sus matices y aceptar que, por ahora, está siendo tu estrategia, para más adelante poder empezar a implementar nuevas estrategias y, ocurra lo que ocurra, responsabilizarte de las consecuencias positivas y negativas que lleve asociada tu elección.

¿Qué determina cuál será el patrón de respuesta de la persona?

El patrón es una conjunción de la genética (temperamento) y ambiente (carácter), es decir, nuestra forma innata de ser y el resultado de las experiencias pasadas. Dentro de cada grupo de estrategias hay subgrupos y variaciones según diferentes contextos, así como situaciones donde se aplicarán unas y otras. Habitualmente las personas tienen un abanico de estrategias válidas en diferentes situaciones pero, en ocasiones, cierran ese abanico reduciendo sus patrones de respuesta y es aquí, donde corremos el riesgo de caer en patrones patológicos, ya que, al reducir nuestras respuestas, se reduce también la adaptabilidad al medio.

Existe un patrón temperamental que orienta sobre qué estrategias son más probables en el individuo en un primer momento. Sin embargo, no lo determina, ya que el resultado de su estrategia será lo verdaderamente determinante para que esta se asiente. Si mi genética me dice que, como primera opción, intente la estrategia evitativa, por ejemplo, pero esta no me da un buen resultado, tendré que ir a la siguiente estrategia de la lista, ordenada por nuestra genética. A medida que más estrategias van fallando, el individuo en su desesperación, va intentando las demás.

¿En TND somos las madres las que le quitamos el bocadillo? No lo entiendo.

No, no. Es algo más complejo. De un matón de colegio, yo no tengo ninguna expectativa previa, pero de una madre, un hijo sí la tiene. Ya desde que es un bebé recién nacido que lleva escuchando toda su vida esa voz desde el vientre, tiene una serie de expectativas puestas en ti.

Desde el primer momento es para él una cuestión de supervivencia. Que no lo abandones, que no lo dañes, que lo alimentes, que lo quieras incondicionalmente tal y como es, que lo valores y sientas orgullo de él… A medida que el bebé crece vas confirmando mejor o peor su expectativa cuando le das de comer, estas ahí para él… etc. Y con el tiempo, del mismo modo, otros van poco a poco sumándose a sus expectativas de supervivencia. Entran en juego papá, los abuelos y otras figuras de apego que al cuidarle, le están prometiendo que él será feliz, que será y se sentirá amado, que será y se sentirá protegido, que será y se sentirá respetado… Todo esto es lo que configura eso que llamamos apego seguro.

¿Entonces cuál es la estrategia del TND?

Es una variante de la estrategia agresiva pero una variante muy concreta. Las personas con TND aprenden a desconfiar de sus referentes afectivos y es entonces cuando ponen en marcha su estrategia, que es la de poner a prueba el amor recibido. Si la mamá me dice algo bonito («te quiero»), el hijo responde con una agresión («PUTA» o cualquier otro dardo envenenado). Con esto, logra observar la condicionalidad del amor, ya que, si la persona se enfada, le estará demostrando que no es un amor verdaderamente incondicional. Sin embargo, si le pregunta

«¿qué te pasa?, «¿estás bien?», «¿por qué me insultas?», «¿he hecho algo que te haya molestado?», etc., es decir, si pone su foco de interés en sus emociones y no en las suyas, será entonces y sólo entones, cuando empezará a creer que es un amor real.

Porque, si la persona se preocupa más por ella misma, o por el que dirán, o por objetos materiales que por el estado de sufrimiento de su hijo, es que no lo quiere incondicionalmente ya que parece estar más preocupada por el objeto que rompió, por sentirse ofendida o por cualquier otra cosa, que por él.

Por su puesto, esto no ocurre en una sola circunstancia, sino que son las repeticiones de la misma situación las que van desarrollando o modificando la estrategia.

Como estrategia puede parecer algo paradójica; sin embargo, no es nada inusual, y nos encontramos en la conducta humana variaciones de esta misma estrategia en muchas situaciones y patologías distintas:

«voy a dejar a mi pareja antes de que ella me deje a mí»; «temo que ella me sea infiel, así que voy a serle yo infiel por si acaso».

Y otro tipo de respuestas que, aunque desde la lógica parezcan poco sensatas, emocionalmente tienen un claro sentido para las personas. Seguramente la persona con TND ponga el amor a prueba más veces, atacando más duro y aumentando la intensidad de la agresión, o quizás haciendo un segundo intento para asegurarse de que es un amor real, y no una simple estrategia para confundirle. Cuanto más arraigada está la estrategia, cuantas más veces haya dado una respuesta de que el amor no es real, más intensidad y frecuencia habrá en las agresiones que realice antes de digerir y aceptar el amor recibido.

¿Es por esto lo de amor contra veneno?

Sí. La premisa fundamental cuando se trabaja con un chico con TND es dar amor aun cuando te dan veneno. Cuanto más veneno recibe se, más amor se debe dar.

Tercera parte: Entre la carretera y el barrando (Los límites)

¿Entonces, no debemos poner límites a los chicos? ¿Les dejamos hacer lo que quieran?

Esta es la pregunta más habitual que me hacen los padres. Claro que no. Los límites y las normas son una expresión de amor, son muy importantes ya que, sin límites, no hay protección y, sin protección, no hay amor. Pero no todos los límites protegen y no todas las formas de poner el mismo límite son iguales. La clave está en que estos límites hagan aumentar la confiabilidad y congruencia parental. Los límites mal puestos o incongruentes deben pagarse, contrarrestarse o equilibrarse, es decir, los límites deben compensar al individuo. Si yo no encuentro un equilibrio entre obedecer a mi jefe y el salario que me paga, me rebelaré o me iré, claro que los niños no pueden irse.

Para que un chico acepte un límite, la figura de autoridad debe ser un referente para él, debe tener criterio y ser congruente, si no, se romperá ese equilibrio y el chico no aceptará esos límites. Además, hay que tener en cuenta la confiabilidad acumulada. Si de repente hiciéramos un cambio y comenzásemos a hacerlo bien, tampoco funcionaría si no reparamos todo el daño anteriormente realizado siendo además constantes en este cambio durante un largo periodo de tiempo.

La pauta general en TND es límites muy anchos pero firmes, es decir, autopistas con gran movilidad y permisividad, pero, donde termina la autopista, un muro de metacrilato. La flexibilidad no nos va ayudar porque genera desconfianza. No pueden existir excepciones o todo serán excepciones. No puede haber flexibilidad o mantendrán siempre la cuerda tensa. Para estos chicos la carretera termina donde termina el asfalto, no en la línea blanca. Tenemos que dejar muy claro y sólidamente donde terminan sus opciones, dándoles mucho más margen de acción que el que dejaríamos con cualquier otro chico.

Pero es que ellos no ven que su carretera tiene al lado un barranco.

Lo saben, pero creen que pueden controlar, que pueden correr a toda velocidad entre la carretera y el barranco. Por eso, nosotros debemos ser sus quitamiedos, pero permitiéndoles ir por él margen y poniendo quitamiedos solo donde haya barrancos. Para que vean que realmente solo ponemos barreras ante peligros reales.

Otro punto de lo más importante es saber separar entre límites propios («YO no te dejo mi coche») y límites ajenos («TÚ no te pongas esa falda»). Los límites que les pongo a los demás sobre mis ámbitos y los límites que les pongo sobre tus ámbitos. Los límites ajenos que yo no pueda corroborar como de riesgo real, es decir, que tienen un impacto negativo directo en la persona, son muy caros y, de no pagarlos, se entra en bancarrota, en la pérdida total de credibilidad. Es fundamental ser verdaderos economistas, haciendo buenas inversiones a corto o a largo plazo para siempre tener crédito en nuestro banco de la autoridad.

¿Qué quieres decir con pagar los límites?

Que me merezcan la pena. A mí me merece la pena que un policía me pare por la calle y me registre si lo considera oportuno porque, si me roban, yo no correré tras el ladrón, ni me liaré a tiros con él. Pero, si compruebo que me roban frecuentemente y la policía no hace nada, o es corrupta, ese vínculo se romperá. Empezaré a ver a la policía como un enemigo al que hay que obedecer por miedo y es aquí donde el TND se rebela, ya que no acata las normas por miedo y solo las acepta por autoridad real, por credibilidad.

Entonces, ¿una de las claves es aplicar bien la autoridad?

Sí, si somos capaces de comprender qué quiere decir la palabra «autoridad». Tú me estas entrevistando, porque me consideras una autoridad en trastornos de conducta. Sin embargo, hasta ahora, yo no te he dado ninguna orden, no te he castigado, reprimido o reprochado nada. No me tienes miedo y no te obligaré a hacer nada que no quieras hacer. Ahí está la clave. La autoridad no necesita obligar porque tú ya crees en lo que te dice. Si lo necesitara, no sería autoridad, sino obediencia y sumisión.

¿Nunca debemos obligar a nada a nuestros hijos?

Ya sabes que sí. Algunas veces es necesario obligarles a hacer cosas, muchas cosas de hecho. A todas las cosas vitales y que de verdad importan, pero todas estas cosas a las que obligamos a nuestros hijos, por un bien futuro o poco tangible, les tienen que merecer la pena en comparación con todas las cosas que nuestros hijos obtienen de nosotros. Por ejemplo, claro que lo llevaré al médico, aunque no quiera y le pondrán una vacuna que nunca sabrá para qué se la puso, porque tampoco contraerá esa enfermedad. Pero, si en mi casa me siento escuchado y respetado en general, si confío en mis padres y en su criterio, pero un día me toca algo malo… lo toleraré, incluso aunque no lo comprenda ni esté de acuerdo. Ahora, si normalmente no me siento comprendido, si me gastan el nombre gritándome todo el día para que haga cosas desde mi punto de vista absurdas, como que haga la cama, pues cada vez creeré menos en mis padres y cada vez mis padres entrarán más en bancarrota… hasta que sienta suficiente opresión para empezar a sacar algunas de las respuestas tipo, entre otras, la del TND.

El TDN es un enfado desmesurado y todas las personas que se enfadan se enfadan por algo. El trastorno es porque el enfado es desmesurado, así como su conducta. Todas las personas del mundo tienen sus buenas razones para hacer lo que hacen, para pensar lo que piensan, para sentir lo que sienten. Eso no quiere decir que todas las acciones, ideas o emociones sean las adecuadas, adaptativas o justificables. Lo que está claro es que, si no comprendemos por qué se producen, difícilmente vamos a poder establecer vías de acción adecuadas para modificar los patrones desadaptativos. Este será uno de los puntos fundamentales en la intervención en TND.

¿Entonces la estrategia del TND es la misma estrategia que la de cualquier trastorno de conducta?

No, ambos tienen el enfado desatado y ambos tienen disociada la tristeza, por eso se encuentran en el mismo grupo de psicopatologías, pero tienen diferentes matices. La estrategia de un trastorno de conducta consiste más en la coacción por violencia. La persona usa la fuerza para que, ante el miedo, el entorno satisfaga sus demandas. Esto ocurre, por ejemplo, en el caso del «síndrome del emperador» también conocido como «hijos tiranos», que consiste en un trastorno de conducta inducido por una excesiva permisividad y complacencia de todas las demandas del niño, que nunca ha tenido que afrontar la frustración de encontrarse con ningún tipo de límites. Este síndrome, a pesar de tener mucha fama y salir mucho en noticias, tiene una prevalencia mínima en comparación con la del TND y muchos profesionales los confunden. El problema de esto es que sus intervenciones son muy diferentes, casi opuestas y eso genera muchos fracasos terapéuticos. A diferencia de este y otros trastornos de conducta, en el TND la estrategia no consiste en que se haya aprendido a salir ganando con el uso de la agresión, sino de la necesidad del individuo de poner a prueba la vinculación de su figura de referencia. La agresión supone una prueba de incondicionalidad. Incluso, cuando busca esta incondicionalidad en figuras que, por definición, deberían ser condicionales, como una pareja, o un profesor.

Creo que necesito un rato para procesar esto.

Tómate el tiempo que necesites.

La capa de odiosa tristeza – parte 4 de 12

Antes has comentado algo que no entendí. ¿Qué es eso de «tener disociada la tristeza»?

Es un concepto complicado.  Comenzaré leyéndote un precioso cuento del libro Cuentos Para pensar de Jorge Bucay*:

«La Tristeza y la Furia»
En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas…

Había una vez… un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

 

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.

La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aun, salió del agua.

Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada se puso, al salir, la primera ropa que encontró…

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza…

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

 

 

 

 

Es bonito pero no lo entiendo. ¿Me explicas el cuento?

El concepto de disociación es algo complicado de entender y sería conveniente para llegar a entenderlo profundizar un poco en el mundo de las emociones… eso que nos mueve, nos esclaviza y de lo que tenemos casi nula conciencia. La alfabetización emocional es una de las asignaturas pendientes de la humanidad.

Hoy en día se trabaja mucho esto desde las escuelas.

Bueno, avanzamos pero, seguramente, siga siendo igual hasta dentro de 100 años. Hay cosas que necesitan generaciones.

Para ir adelantando en este aspecto, te recomiendo ver la película de Pixar Del revés o Inside out. Viendo en el cine esta película, comprendí un concepto que no logré comprender durante toda la carrera de psicología: la disociación. Como término, «disociar» quiere decir separar. «Shakira disocia sus caderas» quiere decir que, cuando baila, parece que ella baila por un lado, y su cadera baila por otro lado. Este es un ejemplo algo tonto, pero me suele funcionar para entender de forma genérica en concepto. En cuanto a la mente, «disociar» quiere decir apartar un grupo de procesamientos y aislarlos de los demás. Como lo que hacemos cuando partimos en dos nuestro disco duro haciendo un «c:» y «d:». La diferencia entre nosotros y un computador es que las disociaciones mentales son mucho más variopintas y graduales, además de existir de distintos tipos. Las hay corporales, dentro de las cuales podemos disociar, en algunos casos, una parte del cuerpo que quedaría paralizada o, de forma más leve y muchísimo más común, disociar nuestra percepción del cuerpo.

« ¿En qué posición tengo los hombros?», « ¿cómo está mi expresión facial?», etc.

También son posibles disociaciones cognitivas donde un pensamiento que nos daña lo apartamos de nuestra realidad o un dato en nuestra memoria que necesitamos olvidar, sencillamente lo bloqueamos. A veces, un pensamiento que nos daña lo podemos ver como algo extraño o ajeno, como si no nos perteneciera o, sencillamente, que sea inconsciente. Pueden ser momentos, días o años según el caso. También existen disociaciones emocionales donde desconectamos una emoción de forma relativamente estable. Las pequeñas desconexiones emocionales son necesarias, (como la risa nerviosa cuando estamos riendo y entra el profe en el aula) pero, cuando lo hacemos de forma estable, es un problema mayor, (no soy capaz de sentir enfado). Por último, existen otros tipos de disociaciones, más parecidas a las de los discos duros, en las que disociamos todo el sistema; disociaciones de personalidad, donde se forman dentro del individuo distintas personalidades no integradas entre sí, porque todos tenemos distintas personalidades, pero habitualmente están conectadas en un yo global, es decir, integradas en un yo unitario. Si no estuvieran conectadas, hablaríamos de otra patología.

¿Y todo esto está relacionado con TND?

No todo. De todas estas, tan solo me interesan para lo que necesito explicar ahora, las disociaciones emocionales que se explican magistralmente en la película de Pixar, que es precisamente lo que ocurre en un TND.

Entendemos que el TND es un enfado desmesurado, un odio y desconfianza profundos hacia tu madre y todas las figuras de autoridad; sin embargo, esta definición es solo lógica en la parte superficial del problema. En la parte más nuclear, el problema es más una disociación de la tristeza. Una desconexión de la tristeza. Pero ¿qué sentido tendría desconectar una emoción tan valiosa como la tristeza?

¿Dices que es valiosa la tristeza?

Sí, claro que lo es. ¡Valiosísima!

Pero siempre pensé que la tristeza era una emoción negativa y desagradable… que era una emoción mala y que te hacia ser débil.

¿Débil? Que irónico. El TND que hay dentro de tu hijo opina igual que tú. Opina que la tristeza le hace débil. Las emociones no son positivas, ni negativas, son adaptativas o desadaptativas y es muy desadaptativo que se muera un ser querido y no sientas tristeza. Todas las emociones son útiles y sirven para algo, en realidad, para mucho más que algo. Las emociones no son controlables, no son voluntarias ni controladas y, en muchos casos, ni siquiera son detectadas o identificadas.

Cuando nos preguntamos de qué sirve una emoción, debemos entender que las emociones tienen distintas utilidades según el grado en el que se dan, como ocurre con los psicofármacos o las drogas. Pongamos por ejemplo los efectos del alcohol: un poquito (mejillas rojas), mucho (euforia), muchísimo (depresión), una cantidad desmesurada (coma etílico). Con las emociones ocurre algo parecido, un poquito de enfado es necesario para iniciar cualquier acción («vamos allá»). Más enfado establece límites con los demás y comunica a los otros que eso no te está gustando («ni se te ocurra»). Mucho enfado hace reaccionar agresivamente (golpe en la mesa) para asegurarse de que los demás captan los límites. Muchísimo enfado defiende con violencia (golpe en la cara) y una cantidad desmesurada de enfado  incita al asesinato. Esto no quiere decir que las emociones siempre vayan a reaccionar así, porque depende de cómo nosotros las gestionemos pero, en principio, es su función natural.

Siempre pensé que los que nunca se enfadan era más agradables y mucho más simpáticos, ¿no?

No, no. No se trata de simpatía, sino de adaptación. Si desconectamos el enfado nos quedamos indefensos ante el mundo, llenos de inseguridad, miedo y ansiedad. Si pensamos en el personaje de los Simpson Flanders es un ejemplo de ello. Ese bendito del que se puede abusar, cogerle sus cosas que jamás va a hacer nada para impedirlo y totalmente incapaz de ponerle límites a nadie de su entorno y siempre dependiente de dios o de otras personas para que le puedan proteger.

Existe un capítulo done se enfada y se explica cómo disoció su enfado. Resulta que de niño era un niño travieso como Bart, pero tras un verano con una terapia a base de azotes en el culo, se convirtió en «Flanders».

Me estoy perdiendo ¿eso que tiene que ver con la tristeza?, ¿qué ocurre en TND con la tristeza?

¿Para qué sirve la tristeza?

¿Para llorar y desahogarte?

Sí, pero puedes desahogarte dando patadas a un árbol y llorar también de alegría, enfado, rabia o cualquier otra emoción. La tristeza es la emoción que te ayuda a modificar tus patrones de realidad, de aceptar tu nueva realidad, de asumir las perdidas. «Antes yo tenía un perrito, ahora él se ha muerto y nunca jamás poder volver a verlo porque ya no está». Esta es una dura realidad que la tristeza nos ayuda a integrar. La siento, lloro, suspiro, bajo los hombros y me resigno a que no hay nada que pueda hacer para resucitar a mi perro, por lo que tendré que aprender a vivir sin él.

¿Y esto qué tiene que ver con el cabreo constante de mi hijo?

Pues que tu hijo está cabreado porque no puede estar triste. Ha desconectado tristeza para así poder luchar por su libertad y su valía, ya que, si no puede fiarse de su referente, él debe ser su propio referente y es, entonces, donde la libertad y el respeto a su voluntad se vuelven algo vital para él. Tiene miedo de que, si el conecta su tristeza, tu hagas de él una marioneta:

«pon la mesa», «siéntate bien», «di hola, di adiós»” «levántate», «lávate, «vístete», «estudia», «pórtate bien».

¿Cómo que una marioneta? Mi hijo tiene que hacer todas esas cosas.

Te entiendo, pero la historia que te estoy contando no es la tuya, sino la suya. Te estoy contando el mundo desde su punto de vista. A él le importa un carajo si comemos a las 3 o a las 6. Hasta que no tenga hambre… no necesita comer y, cuando la tenga, poner un mantelito y un platito le es totalmente irrelevante, él podría comer directamente de la nevera o de la olla.

Parece que le conocieras.

Ya te dije que soy tu hijo: «El problema, mamá, es que le has dado mucha importancia a cosas que yo no se la daba y has agotado mi capacidad para ceder, mi capacidad para obedecer y he tenido que desconectar la tristeza para que tú no pudieras ganarme más batallas, para que no terminases convenciéndome, para que yo no terminara resignándome.»  Sin tristeza, no hay resignación, solo frustración. Y la frustración se basa en enfado. «Con cada frustración, me voy enfadando más y más y más… hasta que un buen día, la estrategia el TND surgirá de mi boca y te insultaré.» ¿Recuerdas el primer día que tu hijo te insultó con los ojos inyectados en odio?

Claro que sí.

Ese día fue un día muy importante en su vida, él tampoco lo olvidará jamás, ya que aquello que ocurrió ese día ha sido el manantial de lo que hoy puedes ver. Sé que tú ves el TND como el malo de la película, eso que te quitó a tu angelito y lo convirtió en un demonio pero te equivocas. En esta película, como en la realidad, no hay malos y buenos. El único enemigo real que tienes es el desconocimiento. El TND es el escudo, la capa y la espada de tu hijo. La fuerza que le hace luchar por sus derechos, por el derecho a ser bien tratado. A no sufrir de quien más le quiere, tú.

Qué duro. Por cómo me miras ahora, parece que la mala de la película soy yo.

Perdona, son los resquicios del TND que llevo dentro, acaban de encenderse un poquito al recordar el porqué de su existencia. Es algo que todavía estoy puliendo en mi terapia. Entiendo que te he hecho sentir culpabilidad. Lo siento, no es algo que ayude aquí.

Algo que es imprescindible trabajar siempre con los padres es la culpabilidad. Por un lado, sentirla es algo natural, todos los padres la sienten. Ser padre y sentir culpabilidad son la misma cosa, son inherentes e inevitables independientemente de cómo le vaya a tu hijo, pero en TND, vamos a tener que gestionar esa culpabilidad, ya que vamos a ser frecuentemente culpabilizados, no solo por el entorno («le estás malcriando», «no sabes poner límites»), sino que también seremos directamente culpabilizados constantemente por nuestro propio hijo («Es tu culpa, mamá»).

Vamos a partir de una premisa clara. Todas las personas hacen lo mejor que pueden hacer en cada momento teniendo en cuenta sus circunstancias, conocimientos y herramientas de las que disponen. ¿Que lo que hiciste no fue adecuado? No, no lo fue pero, si hubieras podido hacerlo adecuadamente, lo habrías hecho, ya que tu intención era la más pura de las intenciones. Puedo entender que te hayas sentido muchas veces la mala del cuento y mucho más con esa mirada de tu hijo, bien parecida a la que yo acabo de poner, pero te aseguro que tú no puedes ser la mala de la historia. Uno no puede ser el malo y el premio al mismo tiempo y tú eres el tesoro bajo la equis de su historia, su sueño, el gran dorado. Tú eres el premio al final de videojuego. Todo aquello con lo que tu pequeño sueña y necesita emana de ti. Tú eres la solución, pero llevas puesto el problema. Tus miedos, tus inseguridades y tu incomprensión son los enemigos con lo que ambos tenéis que pelear para poder llegar a ese lugar tan soñado.

Y, tú, ¿cómo llegaste a ese lugar? ¿Cómo dejaste de odiar a tu madre?

Mi madre es una santa y la quiero más que a nada, supongo que como todos los humanos del mundo, aunque algunos también las odien. Fue un proceso, no ocurrió de repente. Empezó cuando mi madre aprendió a darse la vuelta y dejarlo correr. Para ella, el ser capaz de darse la vuelta fue una de las primeras y más importantes victorias. Para mí, el punto de inflexión fue el respeto a mis decisiones y a que me aceptase y me quisiera hiciera lo que hiciera. Que me aceptase aunque decidiera ser algo que no le gustase, aunque decidiera hacerle caso al mundo y ser malvado. A los 19 años un día mi madre me dijo una frase que en mi historia ha trascendido como el principio del fin del mi TND. Ella me dijo:

«Hijo mío, te quiero mucho y te llevaré pasteles a la cárcel todos los domingos».

Ella pretendía decirme que el camino que llevaba no era el adecuado, cosa que yo sabía perfectamente, pero que hasta ese momento no podía evitar seguir. Pero esta frase cambio las cosas para mí, porque lo que yo escuché no fue lo que ella quería decirme, en mis oídos la frase que sonó fue: «Hijo mío, te quiero mucho, y te seguiré queriendo si decides creerte lo que todo te han dicho y ser mala persona». Algo dentro de mí se calmó y pude hacerme la pregunta clave: «¿Por qué estoy haciendo todo esto?» «¿Por qué me estoy complicando tanto la vida?» «¿Realmente quiero terminar en la cárcel?».  Era el camino que llevaba sin duda.

Qué duro. Necesito un descanso.

Capítulo 5: La «sinfianza» – Edad de inicio

Terminamos contándome el fin de tu TND, pero ¿cuándo empieza el TND?

En términos generales, la literatura separa dos tipos de TND. Los que se desarrollan en la adolescencia y los de aparición temprana. En realidad, el momento de aparición va asociado a la severidad y pronóstico del caso.

Estos dos tipos de TND se interpretan de diferente forma según algunos autores. Los de aparición en la adolescencia, llamados adquiridos, y los de aparición temprana, llamados, erróneamente, genéticos. Es una equivocación habitual pensar solo en el factor genético siempre que se trate de un TND de aparición temprana, ya que su causa se explica, en la mayoría de los casos, por otras vías como problemas en el apego, el maltrato infantil o abuso sexual siendo niño o bebé, la deprivación afectiva o abandono (muy normal en adopción), sucesos traumáticos infantiles, etc.

Es indiscutible que existe un factor genético que influye en la aparición del TND (todos los trastornos tienen un factor genético) pero es un factor reactivo al ambiental. Dicho factor genético solo se «activa» ante determinados sucesos ambientales. No he visto ni un solo caso donde la genética del TND fuese la causante del trastorno de forma clara. Es algo difícil de saber porque, cuando vemos un patrón genético familiar claro de TND, también hay mucho trauma relacionado con ello, por lo que no es fácil de saber pero, basándome en muchos otros casos y en la lógica, lo más sensato sería pensar que debe haber una genética y un detonante que la despierte.

A veces tenemos la idea de que un bebé no puede desarrollar TND pero eso es porque no sabemos mucho de bebés. Hoy en muchos de los paritorios ya tienen cierta sensibilidad con el bebé: piel con piel, respeto de sus tiempos para nacer etc., pero antes esto no era así. El mero hecho de que nada más salir de la barriga de tu madre, te den una azote en el culo, puede ser perfectamente un suceso traumático para un ser que no tiene ni idea de dónde está y solo sabe que su madre no le está protegiendo. Pero todo esto no es más que un ejemplo de las diferencias de trato, no de TND. Lo más habitual dentro de TND de aparición temprana son casos mucho más severos que un simple cachete en el culo.

No suele ser difícil identificar el suceso que hizo que desconfiara de sus referentes. Para que un niño rompa la confianza con sus padres, hace falta algo gordo, ya que, como mamífero, se pone en riesgo su vida ya que se arriesga a ser abandonado en medio de la selva.

Cuando los límites de tus propios padres no son de fiar, tú tienes que marcar tus propios límites debido a que los suyos se han quedado sin fianza.

Y la «sinfianza» no se rompe tan fácilmente como la confianza.

 

Capítulo 6: El baile del gorila – Los brotes de ira

¿A qué le llamas «el baile del gorila»?

Las personas con TND suelen tener explosiones semicontroladas de enfado. No son explosiones totalmente descontroladas, como las que ocurren en TEI (Trastorno explosivo intermitente), en otros trastornos de conducta o en otras patologías, sino que tan solo son una expresión parcialmente desregulada de su enfado.

Pongamos un ejemplo. Estamos discutiendo acaloradamente con alguien y, cuando nos vamos de la habitación, cerramos la puerta dando un fuerte portazo. Esta situación es una situación común que todos hemos vivido.

Si no hubiera nadie, ¿daríamos el portazo? O, si la persona fuera sorda, ¿daríamos el portazo?

No.

Claro que no. No damos el portazo porque estemos enfadados, sino para comunicar que lo estamos. Ese portazo representa un aviso emocional, una comunicación de mi límbico a tu límbico, es decir, de mi cerebro emocional al tuyo. Cuando yo lo doy me quedo más a gusto, porque me he asegurado de que tú sepas lo enfadado que estoy. Si por cualquier razón, la puerta no hace ruido, sentiré la necesidad de volver a abrirla y dar esta vez un buen portazo.

Bien, pues es exactamente lo mismo que ocurre en TDN, pero en un nivel más elevado. Eso a lo que llamamos «El baile del gorila» es eso, un baile. Un baile en el que el individuo pretende comunicar a los otros lo terriblemente enfadado que está. Por eso, cuando mamá se va de casa, cuando nadie lo ve, el baile cesa y la persona se queda mal, con un montón de enfado todavía dentro que no ha podido comunicar. Si entendemos bien este baile, nos será fácil abordarlo adecuadamente. Lo primero que debemos entender es que no está realmente fuera de control. No va a agredirnos físicamente, por ejemplo. Un TND no agrede físicamente a su madre en mitad del baile, salvo que esta interfiera en el baile y lo lleve al extremo y, en ese caso, será inintencionadamente. Claro, si en mitad del espectáculo, mamá intenta quitarme el móvil… en ese momento es posible que pierda realmente el control y le dé un empujón. O, si mi padre intenta pegarme en ese momento, intentando demostrar autoridad, es probable que terminemos a puñetazos. Pero estos casos solo podrían llegar a ocurrir si nosotros invadimos su espacio o agredimos de alguna forma a la persona en ese momento tan delicado, en la que ella intenta comunicarnos su sufrimiento.

¿Esto es habitual?

Depende de cómo sean sus padres. Muchos padres de chicos con TND jamás les han pegado a sus hijos y este hecho influye muchísimo en cómo el chico va a reaccionar, si ha aprendido que es válido agredir a quien se quiere, o no. Pero lo que sí es muy habitual es que el chico empiece a romper objetos de la casa. Aunque nunca haya visto este tipo de comportamiento, esto es parte del baile. En ese momento, no rompe cualquier cosa. No rompe su propia Playstation, rompe cosas que sabe que son importantes para sus referentes, para sus padres. Y lo hace porque esta es su estrategia básica.

Cada vez que un TND grita, o rompe una silla, o insulta está haciendo una pregunta, siempre la pregunta:

«¿Qué te importa más?»: «¿Qué te importa más, esta silla o yo?», «¿que los vecinos se despierten a las tres de la mañana o yo?», « ¡¿tu orgullo o yo?», «¿tu honra o yo?».

Saber eso cambia por completo el significado de lo que hace.

Recuerdo en mi unidad clínica que un chico brotó y empezó con su baile del gorila. En ese momento, agarró un espejo enmarcado que estaba colgado en la pared y lo levantó en alto. Yo le respondí muy lenta y calmadamente:

«Adelante, rómpelo. Quizá te ayude. Solo es un espejo, da igual, si eso te va ayudar, hazlo».

El chico dejó suavemente el espejo en el sofá y, rápidamente, se puso a buscar por el salón algo para romper que sí me doliera. Agarró una foto mía con Barkley y me miró, supo leer en mi cara que esa foto me importaba, así que la lanzó contra la pared. Yo sabía que, bajo mi rol de referente, no podía darle más importancia a nada que a él, así que gestioné mis emociones y le dije:

«Sí, esa foto tenía valor para mí y, aun así, me da igual. Mírate, estas sufriendo muchísimo, y eso sí que es importante».

En ese momento rompió a llorar de rabia y el brote cesó. Lo más habitual es que tras un brote de ira, vengan lágrimas, pero no debemos confundirnos, no son lágrimas de tristeza, sino de frustración y culpabilidad.

¿Qué cosas debemos hacer y no hacer durante estas danzas?

Lo primero es comprobar nuestro estado emocional. Si nosotros también estamos desregulados, no podremos intentar nada de lo que viene a continuación; por lo que, si nosotros no estamos en un estado de calma, lo mejor que podemos hacer es irnos de allí, bajar a pasear, o irnos a ver a un amigo. A lo que me refiero es que hay que salir de la zona de la explosión.

¿Y el baile parará cuando nos vayamos?

Si la persona queda sola, sí.

¿Y esa es la solución para que deje de romper cosas?

No pero, si no tenemos autocontrol, seguro que empeoraremos la situación. Por eso, lo primero es ser capaces de tener calma y, una vez tengamos claro que nosotros tenemos el control de nuestros actos, las pautas que hay que seguir serán más fáciles de ejecutar.

¿Qué pautas son esas?

1º Mantener la distancia. Cuando en la selva, el gorila lomo plateado se pone a bailar, yendo de un lado para el otro, agitando las ramas, el resto de la manada permanece quietecita, se mantienen a una distancia prudente y esperan a que termine de dar su comunicado.

Bien, nosotros debemos hacer exactamente lo mismo. Mantener la distancia y aceptar su comunicado. Podemos quedarnos, por ejemplo, en la puerta de la habitación y, en ningún caso, invadir su espacio personal hasta que él nos lo permita.

2º Validar emociones. Debemos comunicarle a la persona que estamos recibiendo su mensaje. Debemos hacerle ver que comprendemos que está enfadado y que entendemos que tiene buenas razones para estar enfadado, aunque realmente desconozcamos cuáles son esas razones o nos parezcan absurdas las razones que argumenta. Recordemos que, la mayoría de las veces, no saben por qué están enfadados. A veces, un disparador traumático, algo que le despertó algún trauma del pasado. Yo los llamo «minas», que cuando las pisas, él explota. Hace 10 minutos se pisó una mina, y ahora está gritando supuestamente porque no encuentra sus zapatillas, y dice que nosotros se las hemos escondido. Pero la realidad no es que esté enfadado por las zapatillas, sino que sentía un terrible enfado por esa otra mina no tan fácil de procesar y de la que no es consciente. Como él no encontraba una explicación válida para su enfado pero encontró algo que lo explicase (las zapatillas) se encendió con ello, como si ese fuese el problema.

Si nosotros conocemos cuál es ese origen, será genial que podamos decirle: «Entiendo que estas muy enfadado por el comentario desafortunado de tu padre y no por las zapatillas. Lo entiendo y lo siento». Claro que esto es algo que, la mayoría de las veces, suele estar, al menos al principio, fuera de nuestro alcance. Uno de los objetivos que se trabaja en las terapias parentales es que los padres puedan identificar esos disparadores, para así poder evitarlos o, cuando sean inevitables, anticiparse a ellos y gestionar la emoción antes de que explote la persona.

3º Evitar a toda costa la confrontación. No discutirle nada en ese momento. Durante ese momento de alta intensidad emocional, no va a ser capaz de razonar ni de ser lógico. Es emoción pura, por lo que no tiene ningún sentido que le discutamos o confrontemos realidades y, por supuesto, la confrontación física va a dar terribles resultados; incluso, cuando el niño sea pequeño y todavía no pueda enfrentarse a nosotros.

4º JAMÁS poner en juego el amor. Cualquier demostración de rechazo es muy contraproducente. «Ya no aguanto más», «me tienes harto», «ya no sé qué hacer contigo», «si me quieres, haz lo que te digo», «no seas así», «mira lo mal que estoy por tu culpa», «nos estás destrozando la vida», etc., todas esas frases esconden una misma realidad. El amor y la aceptación se ponen en tela de juicio y este es, precisamente, el mayor de todos los detonantes.

5º No dar a nada más importancia que a sus emociones. Recordar que todo el baile es un comunicado. «Me invade el odio, porque estoy sufriendo muchísimo al no saber si me quieres y me aceptas tal y como soy». Por eso, jamás debemos poner ningún foco en nada que no sea su estado emocional: «Veo que estás enfadado», «entiendo tu frustración», «lo siento mucho cariño, de verdad, que lo siento».

Evitar confirmar su miedo con frases como «Mira cómo te pones», «estás loco», «vas a pagar de tu bolsillo todo lo que rompas». Todas estas frases lo que comunican es que no hemos captado su mensaje y, entonces, aumentará su virulencia y agresividad.

Por último, insistiré más en que para poder realizar todas estas pautas, lo primero es estar regulados emocionalmente. Estar calmados. No mostrar miedo, ansiedad, rechazo o ira, sino estar en paz. Puedo entender que muchos lectores ahora mismo sientan un latigazo interno.

¡Es fácil hablar! Pero, si ves a mi hijo, alucinas. ¿Cómo voy a estar en calmada y en paz?

No he visto a tu hijo pero he sido tu hijo y he visto a muchísimos otros hijos haciendo lo mismo que el tuyo. Entiendo perfectamente ese latigazo emocional y tu respuesta. Es natural. Yo solo estoy contando lo que se debe hacer, no digo que sea fácil. Puede que tal y como lo cuento, parezca fácil para un ajeno a la situación pero en realidad nunca lo es. Al principio, es algo que se puede hacer muy grande, pero, poco a poco, se consigue y se cambia el chip. Y, si no es así, si no se consigue la calma por parte de los referentes, será totalmente imprescindible que estos acudan a una terapia individual, ya que, de lo contrario, no será posible ningún tipo de medida. Si un referente no puede gestionar sus propias emociones, jamás podrá gestionar las de otro y el TND irá a peor.

Capítulo 7: Papá oso y mamá oso – Patología parental

¿A qué llamas «patología parental»?

A las psicopatologías que tienen los padres. Es un tema generalmente tabú y son pocos los profesionales que tienen el valor de ser claros con los padres de sus pacientes. Los padres también tienen patologías y, muchas veces, estas les afectan enormemente a sus hijos y, a pesar de esto, la mayoría de los profesionales no se ven capaces de poner encima de la mesa esta realidad hasta que ya no pueden más con el caso, perdiendo un valiosísimo tiempo entre tanto.

Te voy a contar una dura realidad que todos los profesionales que trabajamos con TND sabemos.

La mayoría de casos de TND que no salen adelante es, principalmente, por el fracaso de la intervención sobre los padres y sus patologías.

¿A qué patologías te refieres?

El muestrario es muy variado: TDAH, TND, trastornos del estado de ánimo como la depresión, trastornos de ansiedad, trastornos de personalidad como el límite, dependiente, narcisista o evitativo entre otros. La lista es grande. Casi cualquier patología del DSM.

Y ¿siempre es así? ¿Siempre hay una patología parental?

Bueno, diría que si no siempre, casi siempre, pero no solo en los padres de TND, sino en general en todas las personas. Nadie está totalmente sano de nada, ni de la piel, ni de la vista, ni del alma (la psique), pero lo que debemos ver es cómo afectan esas psicopatologías en nuestro hijo con TND.

Tengo muchos padres de chicos con TND a los que no he enviado a hacer una evaluación e intervención específica, porque no he visto que esté interfiriendo para nada en el caso y, en muchos otros casos, ya desde la primera cita dejo claro que, si los padres no están dispuestos a tratarse no aceptaremos el caso, ya que finalmente no podremos ayudarlos. Habitualmente los TDN iniciados antes de la adolescencia tienen más probabilidades de que la patología parental esté influyendo, ya que suceden más sucesos traumáticos para el chico. Pero también hay casos de inicio infantil donde la patología parental no tiene nada que ver, y donde habitualmente el trauma que desató el TND está bien identificado.

Vaya. ¿Qué complicado es todo no? Creo que necesito un receso para procesar todo esto que me cuentas.

Claro, seguimos luego.

Capítulo 8: La escalera del odio – Curso y desarrollo

Hablábamos de la patología parental y me quedé con un pensamiento. ¿Es por eso que siempre soy yo el objetivo de los ataques de mi hijo? ¿Por mi patología parental?

No, en absoluto. Esto les ocurre a todos los padres de todos los TND del mundo. Es parte de lo que es el TND y de dónde viene.

El TND se origina en mamá. Siempre en mamá, porque mamá es mi figura de apego y referencia y es de ella de quien yo espero algo y llega hasta todo lo que supone autoridad y referencia en la sociedad: profes, jefes, parejas… etc.

¿Por qué? Ahora mismo me vuelvo a sentir culpable.

Piensa esto, si siempre se origina en mamá es porque no tiene por qué tratarse de lo que has hecho tú como madre, le pasa a todas las madres del mundo. Pero eso a él le da igual. Desde su punto de vista, él esperaba que tú le hicieras feliz, le protegieras de todo maltrato, y aun en el caso de que no hubieras sido tú la persona que lo dañó, te culparía. Lo más habitual es que las madres, inevitablemente, dañéis a vuestros hijos, pero, aunque tú no tuvieras ni siquiera consciencia del suceso, a él le daría igual, te culpará igualmente porque tú eras la que genéticamente le prometió protección mucho antes incluso de haber nacido. Es biológico. Esa figura de apego que todos los mamíferos tenemos y que en el humano toma un valor mucho más alto todavía, ya que los humanos nacemos mucho más indefensos que el resto de las especies. Por eso, eres tú ocurra lo que ocurra y él siempre te culpará a ti.

Vaya, parece que él y tú os habéis puesto de acuerdo.

No es solo él y yo. Hubo un tiempo en el que te argumentaría que esta entrevista la estamos teniendo por culpa de mi madre.

«Si ella no me hubiera parido, dado su genética y educado cómo me educó, tú y yo ahora no estaríamos hablando…».

En realidad, todo este discurso es medio verdad…medio falacia. El término «culpa» no significa eso. «Culpa» es un término jurídico pero nosotros lo utilizamos como un término corrupto a medio camino ente la causa y la responsabilidad. Aunque eso tampoco importa realmente. Todas las cosas buenas y malas, todos los éxitos y fracasos de mi vida siempre serán, en una parte, éxitos y fracasos de mis padres. Es así. Si no podemos aceptar esto, mejor que no tengamos hijos ni para lo bueno y ni para lo malo. Lo que pasa es que es más fácil hacerte con los éxitos de tu hijo que con sus fallos, aunque realmente lo ideal es hacer como un entrenador de fútbol: cuando gana, ganan los jugadores, cuando pierde, pierde el entrenador. Tú como madre y referente debes hacer algo parecido. «No aprobamos cariño, aprobaste tú». Sin embargo, «lo siento, cariño, suspendimos, lo volveremos a intentar en el próximo examen». El concepto de responsabilizar y desresponsabilizar según convenga. Si tú eres un referente, debes asumir responsabilidades para ser un modelo a seguir. Asúmelas, no intentes que él asuma ya responsabilidades. Primero, enséñale tú cómo se hace. Sé su capa y su escudo, para que no necesite al TND como defensa.

¿Y qué debo hacer cuando me culpabilice?

Yo te recomiendo que le des la razón, sin darle demasiada importancia.

«Sí, vale es mi culpa, si no te hubiera traído al mundo, no podría estar pasándote esto» y fin. Ser el desahogo de tu hijo. «Cariño, si necesitas cargar sobre alguien porque no eres capaz de recibir todos los golpes que te da la vida, gustosamente, hijo mío, los compartiré contigo. Uno tú y uno yo.» Es curioso, cuando intentamos quitarle más la culpa de la que él nos hecha, él no nos lo permite: «No, mamá, todo esto sí que es culpa tuya, pero esto otro no. Mamá, esto sí es culpa mía».

Lo que la persona está haciendo es protegerse. Para poder aprender algo, hay que tener energía para recibir el golpe. Esa frase que dice:

«De los errores se aprende si uno está preparado», pues él la interpreta así: «Si la vida me da demasiados golpes, me tumba. Así que esquivo los golpes y se los paso a mi madre. No aprenderé de los golpes esquivados pero, al menos, me mantendré en pie mientras voy aprendiendo de los que sí recibo y el resto que se los coma mamá, que para eso me parió».

No puedes esperar por su parte verdadera empatía. No estáis al mismo nivel, tú eres el referente y él está en un estado de inferioridad en todos los aspectos, sería como tener empatía por el presidente del gobierno, eso no pasa. Con el presidente solo hay 3 posturas y ninguna es empática: O le sigues fervientemente o pasas de la política o luchas contra su opresión, pero no hay empatía porque para eso es el presidente. Aquí tú eres el presidente y, en este caso, recuerda que desde su punto de vista él está en guerra, una guerra por sus derechos y su libertad y el máximo represor de sus libertades eres tú. Y esta guerra, además, tiene un origen en una serie de sucesos traumáticos o daños emocionales que él sufrió a lo largo de su vida y de los que, sin duda, te culpa a ti de no haberlos podido impedir. Recuerda que pase lo que pase, sea lo que sea, desde su punto de vista él y su bienestar era responsabilidad tuya.

Visto así….

Ya te lo dije, que sea fácil de explicar no quiere decir que sea fácil de hacer.

Hablas mucho de sus derechos y libertades pero tampoco es que respete las de los demás.

«En absoluto. Las libertades de los demás no son respetables, porque la mía no está siendo respetada y los derechos de los demás tampoco son relevantes, al menos, hasta que los míos no lo sean».

Recuerda que hablo desde la boca del TND, no desde la mía. Hoy puedo ver más realidades que por aquel entonces, pero aún sé decirle al chico de 15 años que llevo dentro que responda por mí. Ese niño que tenía una incapacidad para digerir amor y, si soy incapaz de digerir el amor que me dan, ¿cómo podría ser empático con mis padres? Si al no recibir su amor, todo lo que me queda de ellos es su opresión, sus límites, sus normas, etc.

Pues estamos listos. Ya, vale, pero en el caso de mi hijo, no es solo conmigo, a su padre le hace lo mismo.

Claro, es la escalera del odio, el primer peldaño es mamá pero luego empieza a crecer. Rápidamente se contagia por todos los tentáculos de la autoridad de mamá y todo aquello que se me presente en un formato autoritario, que oprima la expresión de mi ser, o lo que considero mis libertades… y habitualmente el primero en caer es papá, con su espectacular entrada en escena titulada:

«a tu madre no le hables así».

Y con esa frase se gana un puesto de honor en la lista de desconfiabilidad de nuestro TND.

Desde su punto de vista las cosas se leen de otra forma y es muy importante para los padres aprender a ponerse sus gafas para ver y oír el mundo como él lo percibe. En su mente, cuando su padre entra en escena con su frase estelar, ellos piensan: «¡Genial! O sea que después de ver durante años como el mundo entero me maltrataba, me presionaba y humillaba no hiciste nada, pero de repente, le grito un poco a mamá porque estoy profundamente desesperado, ¡y te pones todo chulo! ¿Quién te crees que eres para meterte entre mi madre y yo? ¡Tú aquí no pintas nada!». Y esto en los casos donde papá no ha sido parte del daño emocional. Si, además, papá fue agresor, la cosa empeora pero, a pesar de esto, siempre te culpará más a ti que a él. Muchas veces de papá uno no espera nada. Pero de mamá, lo espera todo.

A medida que este papá, del que tampoco se esperaba tanto como de mama, intenta hacer de lomo plateado y macho alfa de la casa, los tambores suenan más y más alto y, cuando el baile del gorila comienza, si papá se las da de macho… la cosa suele terminar en drama, con papá y el chico enzarzándose como si fueran iguales, en lugar de un rol de autoridad. ¿Te imaginas en el fútbol que un árbitro y un jugador terminen a tortas el uno con el otro? Pues esto es igual. Y lo peor es que mamá se mete en medio e intenta parar la situación y, si de cualquier forma sale dañada, la culpa siempre será para el chico. Porque los chicos deben obedecer a sus padres, según dicen dios y la ley. Pero si del árbitro se tratase… no volvería jamás a arbitrar. Porque de un árbitro esperamos «clase y altura», «saber estar» y «tener la capacidad de ser un referente y un modelo». Del árbitro esperamos que esté por encima de las reyertas del campo, que mantenga el orden y la calma… Bueno, pues de los padres también.

Como le das la vuelta a todo, ¿no?

Tu hijo también lo hace, ¿no?

Igualito…

La escalera del odio no termina aquí. Luego va el resto de la familia, los profesores que intenten imponerse sin dar nada a cambio con famosas frases épicas como «tú a mí no me faltas al respeto» o «fuera de mi clase» se ganan todo un curso movidito que no dejará de empeorar la situación cuando del cole llamen a mi madre… y así seguiremos subiendo la escalera, hasta que en última instancia, el odio será a todo lo que se denomine autoridad, llegando al entrenador de fútbol o, incluso, al líder de mi grupo de amigos.

Pero, si en algún momento la escalera sube más y sale de la autoridad, trasladándose también a los iguales y al resto de las personas entonces, ya no es TND y se convierte en otra cosa más grande, ya que salta del odio a la autoridad, al odio a los iguales y a las personas. Y esa es la escalera: del odio a mamá, al odio a toda la humanidad. Una vez arriba de todo de esta escalera ya no hablamos de TND, sino de trastorno antisocial de la personalidad y dentro de este, la sociopatía. Pero, tranquila, tú, ya no entrarás en esta estadística porque vosotros tenéis un diagnóstico y habéis estado haciendo intervención.

Qué miedo

Pues imagínate él…  Paremos un rato hasta estar más en calma. Te vendrá bien.

Seguro que sí.

Capítulo 9: Campo de minas – Sucesos traumáticos

¿Qué son esos disparadores traumáticos o minas de los que tanto hablas?

Son todos aquellos sucesos que desaten un terrible enfado en él. Son detonantes de traumas de su pasado. Sucesos que recuerde o no están escritos en su cuerpo y en su mente y, cuando se da el suceso, reacciona con una ira tremenda.

Es fundamental encontrar los disparadores de su enfado: la autoridad entendida como imposición, las instrucciones y órdenes directas, no respetar sus tiempos, sus creencias o sus necesidades. Es muy habitual que un disparador sea el no reconocimiento de lo que él es, siente o quiere, aunque diría que el disparador más común de todos es el tono de voz agudo que habitualmente ponen las madres cuando se enfadan. De hecho, si buscamos en el formato de enfado, miedo o ansiedad de una madre podremos encontrar muchos de los disparadores de nuestro chico: la cara, la voz, los gestos…

Si queremos lograr razonar calmadamente con el chico debemos ser muy conscientes de cuáles son esas minas y evitarlas para que el diálogo pueda fluir. Si en algún momento surgen agresiones por su parte, debemos entender que hemos pisado alguna mina o, como poco, la estamos rozando y hay que abandonar la idea de razonar, poner un tono comprensivo y preguntarle qué siente para luego validar su emoción. Una vez se recupere la calma, podremos volver a los razonamientos. Obviamente, para poder hacer esto, nosotros como educadores tenemos que estar muy trabajados, haber adquirido una gran templanza, seguridad y muchas estrategias. Para esto es fundamental realizar una terapia centrada en nosotros desde dos puntos de vista; por un lado, «entrenamiento parental»; por otro, «control y gestión emocional». Es muy probable que necesitemos dos profesionales diferentes, un profesional cognitivo-conductual, cognitivista o conductista para realizar el entrenamiento parental y otro especializado en trauma para la preparación personal en gestión de emociones.

¿Especializado en trauma?

Si, EMDR, sensoriomotor, hipnosis, la caja de arena en niños o cualquier otra terapia basada en el reprocesamiento de la información traumática.

¿No te parece que hay muchos tipos distintos de psicólogo? Es muy complicado para los que no somos psicólogos.

Bueno, en realidad también lo es para nosotros. La psicología todavía no está bien segmentada. Eso mismo pasó en medicina. Había algunos que estaban en contra de la especialización, porque al especializarse dejarían de tener una visión global. Sin embargo, el tiempo nos enseñó que la especialización es fundamental y los cardiólogos necesarios, aunque también son importantes los médicos generalistas e internistas que tengan una visión global. En psicología aún no hemos llegado a ese punto.

Volviendo a los traumas. ¿Qué traumas son los que más habitualmente te encuentras en TND?

Teniendo en cuenta que la mayoría de los TND también tienen TDAH, comparten buena parte de los sucesos traumáticos de las personas con TDAH.

¿Por ejemplo?

El trauma por lo académico, el trauma de sentirse diferente, el trauma de sentir que uno falla y que no sirve, que no termina las cosas, el de perder o romper todo lo que toca, el del miedo a tu entorno, el del nombre gastado, el de ser un cansino que no para quieto y un largo etcétera.

Vale, vale, creo que capto el concepto.

Al final, buena parte de los traumas de las personas con TDAH son el resultado de la criminalización de su sintomatología.

«Eres vago», «no prestas atención», «es que no te enteras de nada», «espabila»,  etc.

Por cada criterio diagnóstico, hay un trauma, aunque hay muchos criterios no escritos en el DMS.

Esto también me hace sentir culpable.

Recuerda que tú desconocías todo esto por aquel entonces y no tenías otra opción.

Ya. ¿Y los TND comparten esos traumas con TDAH de igual forma?

No, de igual forma no. Hay algunos traumas que son los mismos que los que encontramos en TDAH, pero mucho más exagerados, como el trauma de libertad. Esa necesidad de los chicos de correr y esa necesidad de las madres de tenerles de la mano pero que en TDN toma un grado mucho más grande.

¿Y todos los TND tienen TDAH?

No, en absoluto. Sí que es cierto que el porcentaje de TND con TDAH es muy muy elevado y que, en general, son los casos menos difíciles, pero también hay TND con cualquier trastorno del neurodesarrollo o sin él, y directamente detonado por un suceso traumático. Lo que ocurre es que el perfil TDAH suele tener tanto la estrategia que antes explicamos, como la impulsividad como los sucesos traumáticos, por lo que es más fácil que desarrolle un TND.

¿Has dicho que los TND con TDAH son menos difíciles?

Sí, están más estudiados, son más conocidos y los sucesos traumáticos suelen ser menos graves que los que no tienen TDAH.

¿Y traumas más específicos de TND que de TDAH?

Para adentrarnos en esto, primero debemos separar los dos perfiles de TND, el de inicio en la adolescencia y el de inicio temprano, ya que aquí vamos a ver lo diferentes que son.

Los de inicio adolescente, que suelen ser casos más fáciles, suelen tener más o menos traumas comunes y bien conocidos. Todos ellos relacionados con rechazo o decepción de sus padres y las incongruencias parentales comunes en cualquier padre del mundo: sobreprotección, sobreinstrucción, autoritarismo y esa sensación de que hagas lo que hagas, siempre les decepcionarás, siempre te rechazarán y nunca van a sentirse orgullosos de ti.

Por todo eso, las minas más frecuentes son las órdenes o los verbos en imperativo: «tienes que», «haz», «no puede ser que»; la invasión de su espacio: «recoge tu cuarto»; la no aceptación de sus gustos y opciones vitales: «no me gusta cómo vas vestido ni con quién andas» y el respeto a su libertad y a él como individuo, es decir, si tratásemos a nuestro hijo como trataríamos a nuestro hermano. Todo esto no ocurriría si nuestro hermano vive con nosotros porque lo necesita y no recoge su cuarto, le permitiríamos tener su espacio como él quiera mientras no nos afecte al resto de la casa o, como mínimo, le pediríamos que lo recogiera sin exigencias que generaran mal ambiente.

Pero no es nuestro hermano, ni tampoco un adulto.

Bueno, hablamos de chicos postadolescentes de 15 a 25 años. Sí que son adultos, al menos, biológicamente adultos. Que la casa sea nuestra no quiere decir que el hogar no sea también suyo y en tu hogar, nadie debería decirte cómo debes vivir, siempre y cuando no afecte a los demás y, que yo sepa, no hacerse la cama no le afecta a nadie. Debemos aprender a diferenciar entre casa y hogar. Nunca decir: «esta es mi casa», sino «este es tu hogar».

Parece que os habéis compinchado él y tú.

Te juro que no le conozco de nada pero le entiendo y tú necesitas entenderle también. Entender por qué te repite una y otra vez esta frase:

«No me des órdenes como a los perros».

¿Cómo lo sabes?

Veo que no terminas de aceptar que lo que le pasa a tu hijo es solo un comportamiento bien estructurado y predecible. Esa frase, la de «yo no soy tu perro» es la forma en la que te pide respeto. Te indica cómo puede que ya no es tuyo, que ya no es una prolongación de ti.

Pues para no ser una prolongación de mí, bien que pide pasta y chupa del bote.

Obviamente, no es solvente y necesita dinero pero lo que ocurre aquí con el dinero requiere de una explicación aparte. El TND y la propiedad de sus padres se rigen, desde su mundo, por unas normas diferentes.

Si, lo mío es mío y lo tuyo también es mío.

Veo que ya conoces la ley principal. Efectivamente, lo mío es mío y solo mío, pero lo tuyo mamá, también me pertenece porque tú y todo lo que de ti emana me pertenece, como durante mucho tiempo yo te pertenecí.

Suena a venganza.

La venganza explica la mitad del suceso. Recuerdo un chico que quería que su padre le comprara un coche, uno carísimo y en un momento de enfado soltó:

«Que me lo compre y, si se arruina por comprármelo, mejor. Me dio una infancia de mierda, pues ahora que me compre el coche que quiero».

Gracias a que él soltó esta frase, pude más adelante hacerle ver esas dos crudas realidades:

1- La realidad superficial: Es por venganza que ahora quieres que ellos te pertenezcan a ti y, si no trabajas esto, terminaras haciéndole a tus hijos lo mismo que te hicieron.

2- La realidad más profunda y cruda: El dinero es lo que puedo interpretar como amor y libertad. El dinero de mis padres significa dos cosas, que me quieren, por eso me lo dan y que, además, me dan libertad, porque el dinero supone libertad para poder hacer lo que quieras.

El problema es que esto es infinito y nunca llegará a saciar. Como quien compra zapatos porque no se siente querido por su familia, por muchos zapatos que compre jamás se sentirá querido. Esto es algo hay que trabajar tanto con el padre como con los hijos, así como todos los protocolos de seguridad antirrobos. Todo lo de valor debe estar o fuera de la casa o en una caja fuerte de verdad. No se lo pongas a su alcance o el responsable serás tú. Es como si le dejas papelinas de heroína a un yonki. Él no podrá hacer otra cosa que robar ese dinero, porque para él eso no es un robo, sino que es suyo por derecho y porque haciéndolo intenta recuperar el amor que no fue capaz de digerir.

Estás hablando solo de los postadolescentes, ¿por qué? Esto no ocurre con los de aparición temprana.

Sí, sí que ocurre, pero ocurren otras cosas también. Verás, para un mamífero preadolescente, el ser abandonado o repudiado por su familia supone un riesgo total de muerte. Los mamíferos no sobreviven sin sus referentes. Que un adolescente que, biológicamente, es un adulto se rebele, es natural. Necesita dejar claro que ya no es una prolongación de sus padres, pero que lo haga un niño no es nada natural. Los niños bajan la cabeza y soportan todo tipo de maltrato y vejación porque saben que, si son abandonados, mueren. Pero esto se rompe en los niños con TND. Lo que esto quiere decir es que el suceso traumático que decanta el TND en niños debe ser muchísimo más grande o, si no, los chicos esperarían cargándose de odio hasta la adolescencia y ahí explotarían, como suele ocurrir.

¿Y qué puede ser tan potente para romper esta ley natural? Situaciones que inconscientemente perciba como igual de peligrosas. Los traumas más habituales son de abandono, pertenecía y rechazo y suelen ser en un grado mucho más severo que los que se ven en adolescentes. Aquí es donde la patología parental tiene siempre mucho que decir. Situaciones de maltrato físico, abusos, chantaje emocional, culpabilización de los hijos de la mala gestión de las emociones de sus padres: «Por tu culpa mira cómo estoy», «yo no quiero pegarte, pero es que me llevas al extremo», «es que me pones loca», etc. Frases como esta nos dan un ejemplo de lo que hablo. Muchas veces la adopción, los divorcios mal llevados o cualquier otra situación dejan claramente de manifiesto que tus padres no son referentes seguros ni confiables y que, ya desde bien pequeño, vas a tener que tomar tus decisiones para sobrevivir.

¿Siempre es todo tan extremo?

Si empiezas una pregunta con siempre, es difícil responder que sí. Te diré que están pasando por mi cabeza montones de casos muy duros con traumas muy duros y que, además, el TND hace que los traumas aumenten. «Como no me soportaban, me llevaron a un internado». Y otro abandono y retrauma. «Como grito, mi madre se vuelve aún más loca» y otra retraumatización. Es como darle martillazos a un clavo. Suceso a suceso se va profundizando más y más en el trauma. «Esperaba sentado a que su padre le viniera a recoger, pero nunca venía».

Dentro de los de inicio temprano existen los de inicio extremadamente temprano, siendo niños de menos de 3 o 4 años. Estos son más complejos todavía, y nos es mucho más difícil llegar al trauma. Muchas veces ocurre en el propio parto o en cómo los papás gestionan que lloró incesantemente los primeros años de vida o muchas otras cosas que ocurren de bebé, pero que no damos importancia porque solo son bebés, y los bebés no recuerdan nada. Y es cierto, no lo recuerdan y por eso el trauma es terriblemente más difícil de superar, porque no hay opción del reprocesamiento de dicha información traumática.

¿Te parece otro café?

Claro.

Siento tener que parar tantas veces.

Oh, no, yo te agradezco que me digas cuándo parar. La información tiene que asimilarse, si nos cogemos una indigestión no aprenderemos nada. Es tan importante avanzar como descansar.

Capítulo 10: Sólo salir del infierno – Recursos de calma

Solo tengo un tema más en mi lista.

Dispara.

¿Cómo afectan el alcohol y las drogas en el TDN? ¿Y los videojuegos?

¡BUM! y suena la sirena. Qué bien guardadita la tenías, ¿eh? Bueno, es un tema complejo. Empezaré por decirte que decir alcohol y drogas es redundante. El alcohol es una droga. Y, si también metes en el mismo saco los videojuegos, hablamos de adicciones y dependencias. Y, si en TDN hablamos de adiciones, estamos dentro del cajón «recursos de calma», pero para poder hablarte de esto, antes tengo que hablar de algunas otras cosas.

Cuéntame.

Todo el mundo conoce una cara de la adicción, la cara en la que tú tomas una sustancia o tienes una conducta y esta te hace sentir bien. Repites la conducta un número de veces hasta que estás enganchado y, luego, tu cuerpo y tu mente te piden que repitas esa conducta, como las ratas que presionan las palancas en los laboratorios. Si es una sustancia, con el tiempo producirá tolerancia y abstinencia pero, en cualquier caso, tú te conviertes en mayor o menor medida en un esclavo de esa conducta. Sea inyectarte quetamina o tirar de la palanca de una tragaperras, el proceso parece similar. Como es idéntico el procesamiento mental que protege a la conducta, todos los autoengaños, las excusas o defensas utilizadas por el individuo adicto, son lo que conocemos como «el mono». Con el tiempo esta conducta nos daña, nos impide un desarrollo adecuado y, en algunos casos como las drogas, nos destruye físicamente. Todo es no es nada nuevo, ¿verdad?

No, todo el mundo sabe que las drogas son malas.

Claro, pero entonces

¿por qué la gente las toma? ¿Son tontos? ¿Son ignorantes?

Necesitan evadirse.

¿Y eso que quiere decir? ¿De qué se evaden?

No sé. ¿De la vida?

La vida puede ser maravillosa, personas en todo el mundo luchan desesperadamente por sobrevivir para ver el sol un día más; sin embargo, otras personas se evaden de vivirla. Qué raro, ¿no?

Y otras se suicidan.

Así es y otras se suicidan. ¿Sabes cuál es el momento de la vida con mayor riesgo de iniciar el consumo de una droga?

No sé. ¿A los 18 años?

De 15 a 29. ¿Y sabes cuál es el momento con mayor riesgo de suicidio?

¿De 15 a 29 también?

Exacto y a nivel mundial el suicidio es la segunda causa principal de muerte en este grupo de edad. Además, las tasas de suicidio más altas en España son entre los 15 y los 30 años ¿Y por qué será que estos dos datos coinciden?

Me rindo.

Aquí va la otra cara de esa moneda. Las personas se suicidan porque llegan a un punto extremo de desesperación. Prefieren no vivir la vida a tener que sufrirla. Las personas que se suicidan no quieren dejar de vivir, quieren dejar de sufrir.

A las personas que se drogan les pasa lo mismo, prefieren no vivir su vida a tener que sufrirla y, por eso, se evaden. Solo quieren dejar de sufrir.

No todo el mundo se droga para dejar de sufrir. Muchos lo hacen por diversión.

Eso es un error dialéctico. Por definición no es posible. Aquí hay mucha confusión porque se mezclan conceptos, idiomas y estigmas. Al menos en español, «droga» no es una sustancia, sino un uso determinado que se le da a una sustancia. La misma sustancia, pongamos el alcohol, yo lo puedo utilizar como condimento en un guiso, como alimento en un vasito en la comida, como dopaje si bebo para entrarle a la chica que me gusta, como veneno si me intoxico para matarte o como medicina para evitar el dolor si me vas a cauterizar una herida como en las películas. Todos estos usos tienen una cosa en común: son un medio para un fin. Yo lo hago para algo. Sin embargo, cuando hablamos de droga eso cambia, cuando bebo para emborracharme, el fin y el medio son la misma cosa. Bebo para estar bebido. En filosofía se dice que la felicidad es el fin último de todas las cosas, pero en realidad, hay dos excepciones. El suicidio y la droga, porque en ambos el fin no es la felicidad, sino la ausencia de infelicidad. Al hacerlas, ambas me impiden ser feliz, pero la persona en ese momento elige dejar de sufrir, ante todo. Las personas que se suicidan no quieren dejar de vivir, quieren dejar de sufrir. Y las personas que se drogan también.

Cuando dices que hay gente que se droga por diversión. dices que lo hacen con un fin, el fin de divertirse, como cuando los chicos se toman dos copas para poder bailar Bisbal en las discotecas, pero eso no es drogarse, sino doparse. Drogarse es beber para emborracharse. Sin ninguna otra disculpa. Los límites son finos y lo que empieza siendo una cosa puede convertirse en otra. Muchos chicos prueban un porro pero solo algunos se hacen porreros.

¿A dónde quieres ir a parar?

A que la droga salva más vidas de las que se lleva.

¿Estás loco?

Claramente. No es ningún secreto, pero esa no es la cuestión. Sé lo duro de esta afirmación, pero creo que debemos entender toda la película primero. Cuando las personas sufren mucho llegan a un punto de desesperación donde necesitan a toda cosa dejar de sufrir. Y es ahí donde puedes tener la suerte de encontrar una novia, una afición, un deporte o un trabajo que te llena (y, cuando decimos que te llena, nos referimos a que te llena tus vacíos, tus carencias emocionales y afectivas) y, entonces, podemos aguantar un poco más el camino. Algunas veces no tenemos tanta suerte y no encontramos nada que nos llene y seguimos aguantando un poco más ese sufrimiento y, en ese momento, cuando la idea de quitarnos de en medio puede aparecer en nuestra cabeza. Sin embargo, existen ciertas cosas que, aunque no son tan sanas como una novia estable, sirven para cortar ese sufrir, como son las drogas y, en general, todas las adicciones.

No sé qué decir.

Cuando veamos a nuestro hijo enganchado a algo, lo primero que debemos pensar es «está sufriendo un montón». Lo segundo «¿qué lo provoca?» Es posible que jugar a videojuegos sea un mal menor, por ahora, mientras solucionamos lo que está por debajo. En el caso de las drogas es más complicado porque existe una abstinencia fisiológica pero en los videojuegos es simple. Cuando su vida merezca la pena, dejará de vivir siendo Mario Bros.

Bueno, una vez dicho todo esto, creo que ya puedo explicarte el concepto «recursos de calma».

Creo que me hago una idea de lo que son esos recursos de calma

No son solo cosas malas, por supuesto están las drogas, los videojuegos, el deporte, las aficiones, su grupo de amigos… intentemos agruparlos en categorías compatibles:

Espacios seguros: Lugares donde me sienta protegido, donde no tenga la necesidad de defenderme y sienta que nadie me va a dañar.
Actividades de éxito: Actividades en las que obtenga éxitos, refuerzos o reconocimiento social. Pueden ser aficciones, actividades laborales.
Personas seguras: Personas con las que me siento protegido y comprendido por ellos y los siento incondicionales. Hay conexión.

Adicciones: Actividades que me enganchan. Me apagan. Inhiben el sufrimiento y me ahorran pensar en mi vida fuera de la actividad.

Sustancias: Parecidas a las anteriores pero de forma química, mucho más potente y, obviamente, con un mayor potencial adictivo.

Aislamiento: Es una de las más recurrentes. Alejarme de todo aquello que me daña o me recuerda todo lo que siento o lo que ni si quiera puedo sentir.

Sin embargo, todas estas categorías son combinables. Una relación de pareja puede ser una persona segura pero también una adicción. Una actividad de éxito puede ser todas las demás al mismo tiempo. Al final, lo mejor que podemos hacer es buscar en cada persona los recursos de calma que menos dañen en la medida de lo posible. Entendiendo y aceptando que no siempre los recursos que a nosotros nos gustarían van a funcionarle a la persona.

[1] Gabilondo, A. et al. (2007). Prevalencia y factores de riesgo de las ideas, planes e intentos de suicidio en la población general española. Resultados del estudio ESEMeD. Medicina clínica, 129(13), 494-500.

Capítulo 11: La huella del oso – La edad adulta

Veo que podríamos estar hablando de TND todo el día.

Llevamos un rato ya.

¿Algo que te falte por decir?

Me sorprende que no me hayas hecho la pregunta más obvia de todas.

¿Qué ocurre con estos chicos cuando crecen?

Pues es cierto, me da tantísimo miedo lo que pueda ser de él, que se me olvidó preguntarlo.

Fíjate en lo que me acabas de decir, eso es una jugada disociativa de tu mente. «Tenía tanto miedo que se me olvidó» no suena razonable a priori.

Ya veo. Bueno, y… ¿qué ocurre con estos chicos cuando crecen?

Antiguamente, con el DSM-IV-TR no se podía diagnosticar TND adulto, pero ahora desde el DSM-V eso ya no es así. Como ha ocurrido con el TDAH, nos hemos dado cuenta de que la sintomatología se trasforma, se calma, pero no desaparece del todo. En el caso del TND es diferente, no se trata de que una zona del cerebro madure por la edad como en el TDAH. De hecho, la edad no tiene nada que ver, lo que va a determinar este cambio es la emancipación. El trastorno como tal desaparece, en gran medida, con la emancipación pero no en todos los casos e, incluso, cuando es así, no desaparece del todo.

¿Entonces la solución es sacarlos de casa?

No es tan simple porque depende mucho de cómo se produzca esa emancipación y el vínculo que establezca una vez esto ocurra. Piensa que, si no se hace bien, podría ser interpretado como un abandono más, otra no pertenencia a esta familia y a este hogar. La diferencia está en cómo queda ese vínculo familiar.

¿Qué complicado es todo no?

No tanto una vez que lo entiendes, como todas las cosas. Verás, no es lo mismo que me vaya de casa enfadado con vosotros y que me repudiéis a que, por ejemplo, me vaya a estudiar a la universidad en otra ciudad.

Para eso tendría que haber estudiado.

Era solo un ejemplo, siento haber metido el dedo en la llaga. Me refiero a que hay muchas formas de irse de casa y la forma adecuada es en la que llegamos a esta realidad:

«Tú vivirás en otra casa, pero este siempre será tu hogar».

Repites mucho lo del hogar.

Es porque es tremendamente importante: la pertenencia, la aceptación. No he sido repudiado por mi familia, sino que ellos aceptan mi individualidad, aceptan que yo decido mi destino, me apoyan incluso en mis errores. La clave está en cómo se produce la emancipación, y, sobre todo, en la situación que se genera después. Por ejemplo, si el chico encuentra un buen trabajo y tiene éxito laboral, sus padres se calman y empiezan a sentir tranquilidad y orgullo al ver a su hijo encaminado, así el chico puede por fin sentir ese tan deseado orgullo paterno y el TDN remite un montón. Sin embargo, casos donde esto no se produce y no hay reconciliación familiar suelen arrastrar mucho más sufrimiento y aumentar las posibilidades de adquirir nuevas psicopatologías. Pero, incluso en el mejor de los casos, si no se trata, la huella del TND seguirá ahí.

¿Entonces cuál es esa huella?

La tremenda dificultad para conectar con la tristeza… y claro, al no estar triste, algunas veces volverán el baile del gorila. Con muchísima menos frecuencia que antes, pero volverá. Una o dos veces al año quizás, pero volverán.  Además, como parte de esta huella, tendrán problemas para empatizar, sobre todo en todo lo que requiera dosis de tristeza, ya que no pueden ponerse bien en tu lugar cuando estés o necesites sentir tristeza.

¿También contra su madre?

No solo contra su madre, de hecho, no principalmente contra ella. El principal foco se traslada a su pareja, en menor medida a su madre o a alguno de sus hijos, y mucho más excepcionalmente a un jefe, a un policía. etc.

Pero su mujer e hijos no son autoridad.

No, por eso se reduce tantísimo la intensidad y frecuencia; sin embargo, seguirá sin poder resignarse y la frustración seguirá atascada como en una presa. Además, es muy, muy común que su pareja repita patrones de su madre y los disparadores traumáticos seguirán estando ahí. El más habitual es la voz aguda que pone su pareja cuando se enfada, pero existen otros muchos, según cada individuo. Ten en cuenta que en esta historia yo te estoy dando las claves para entenderla, pero en la realidad, uno no es consciente ni de la existencia de estos disparadores, solo reacciona a ellos y luego lo justifica.

¿Y no hay forma de evitarlo?

Claro que sí, pero para eso hay que trabajar esos traumas y, principalmente, reconectar con la disociada tristeza.

Capítulo 12: Amor contra veneno – Intervención

¿Cómo se interviene terapéuticamente?

Es curioso, tras tanto rato hablando de TND, es la primera vez que me haces esa pregunta. Lo más habitual es que los padres te pregunten eso nada más entrar por la puerta.

Es que primero necesitaba entender.

Claro y, de hecho, esa es la forma adecuada. Los padres de mis pacientes siempre tienen mucha prisa por solucionar aunque no entiendan nada y, en este caso, eso no va a funcionar. Primero es entender y esa es la primera parte de la intervención. Si logramos entender al chico, evitaremos los típicos errores terapéuticos que se producen en TND.

Como por ejemplo, la pauta de los psicólogos de: «Imponte, márcale disciplina con autoridad y que no te toree».

Exacto. Ese es el error más habitual de los profesionales. Alguien entra en tu consulta porque está muy gordo y tú le dices: «Haz dieta y vete al gimnasio». Decirles a unos padres de un TND «márcale disciplina» es exactamente lo mismo. Es insultar la inteligencia de la persona.

Ya que me sacas el tema, antes de hablarte de las terapias útiles, te hablaré de las terapias habituales, que curiosamente no son las más útiles. La primera intervención habitual es la intervención conductual sobre el chico. Vamos a poner normas y límites para que entienda quién manda aquí. Esta terapia, no solo no es útil, es que además es muy contraproducente.

Lo sé por experiencia. Nosotros ya pasamos por ahí.

Es como ponerle puertas al campo, como encadenar a Hulk o a King Kong, va a salir mal. Tras estas terapias pueden ocurrir dos cosas: la primera que el chico se rebele más fuerte aunque, dentro de lo malo, pues no es tan terrible, pero la segunda sí que es un problema, porque la otra opción es que nosotros ganemos, que el chico baje la cabeza, es decir, que cambie de estrategia con toda la pérdida de autoestima que esto supone. No merece la pena luchar por ti, ni por tus derechos. Es más importante complacer a los demás, no lo que eres tú y un largo etcétera de posibilidades terribles. En este caso nos enfrentaremos a una nueva ola de psicopatologías, consumos de sustancias y, en el peor de los casos, el suicidio. Y esto es serio, recuerda la franja critica para suicidarse es en la adolescencia y juventud.

Entiendo. ¿Y con fármacos no se puede tratar?

Se puede y, de hecho, se hace. Es el tratamiento más habitual aunque no es de mi total agrado. No es totalmente contraproducente, como en el caso anterior; sin embargo, tampoco soluciona el problema. Es como meter el problema en el congelador y esperar a que pase la adolescencia. Además, los fármacos que se dan en estos casos suelen ser dosis bajas de antipsicóticos o inhibidores del pensamiento. Son fármacos que afectan también a sus capacidades cognitivas en general. Les costará más estudiar y pensar, lo que reduce la adherencia al tratamiento.

Bajo mi experiencia, es mucho más eficaz medicar a los padres. Sé que esto puede chocar, pero te lo digo totalmente en serio. Tengo muchos más padres de TND medicados, que niños con TND medicados y realmente funciona mejor, porque cuando el chico está gritando, si mamá está tranquila y relajada, con una sonrisa calmada en la cara le dice: «Lo siento cariño». El caso avanza mucho mejor.

Entonces estás en contra del uso de fármacos para TND.

No, para nada. No estoy en contra. Estoy en contra de terapias de contención conductual, del uso de castigos y consecuencias negativas no naturales, pero no de la farmacología. En muchos casos, puede ser una ayuda. De lo que estoy en contra es de utilizar el tratamiento farmacológico como única vía de intervención. De eso sí estoy totalmente en contra. Tomar algo, mientras trabajamos para acelerar el proceso, es una cosa, pero tomar algo y no trabajar, es solo congelar el problema.

¿Qué intervención entonces propones como válida?

Te lo enseñaré con el croquis de una casita. Esta casa se construye de abajo a arriba y lo primero es el suelo. En este caso el suelo es una terapia psicoeducativa para los padres. Una terapia no directiva para que estos puedan comprender y sensibilizarse con el problema.

Como lo que estamos haciendo hoy aquí tú y yo.

Sin el «como», exactamente lo que estamos haciendo tú y yo hoy aquí.

Parece que, con la disculpa de la entrevista, me estoy ahorrando horas de terapia.

No te preocupes. Esto va para largo. Continúo. Son muchos los casos en los que el suelo no es necesario, porque los padres ya vienen sensibilizados, ya sea porque han leído información, visto alguna charla, porque lo han vivido en sus carnes o porque tras muchos años han llegado a esa conclusión.

Otras veces, el caso se atasca en el suelo durante un tiempo, pero es muy importante no empezar a hacer la casa si la base no es estable.

Y entonces al terminar esta entrevista podríamos empezar con la casa.

Quizás. La casa consta de 2 columnas principales: una terapia parental directiva y una terapia no directiva con el chico.

En la terapia parental, modificaremos la conducta de los padres, les dotaremos de estrategias, ordenaremos y seleccionaremos las batallas que van a librar y las que no, estableceremos normas más adecuadas para su casa y, en definitiva, limpiaremos todas las incongruencias parentales.

¿Las batallas que van a librar?

Sí, en qué vas a gastar tu energía: en que se lave los dientes, en que haga los deberes o en que haga la cama. No hay energía para las 3 y es fundamental ponderar bien esas «batallas». Además, en TND hay una norma, JAMÁS pierdas un pulso: gana o cede. Por eso, la mayoría de las batallas se ceden, no merecen la pena y, si no podemos asegurar una victoria, es mucho mejor no entrar en esa partida.

Pero así, él gana.

No. Nosotros cedemos. Él hace lo que quería porque nosotros le hemos dejado hacerlo. Es una sutil e importante diferencia.

¿Y los chicos no hacen terapia?

Sí, en este primer piso se inicia esa terapia individual, donde el único objetivo es el vínculo. En esta primera fase, no hay nada que cambiar en él, ni consejos que darle, ni nada de todo eso, tan solo debemos crear un lugar seguro y una persona de confianza.

Es probable que nos ponga a prueba muchas veces, contando sucesos para escandalizarnos, sean verdad o mentira. Realizará todas las pruebas de amor que tenga y, si las pasamos todas, nos convertiremos en alguien de referencia y un lugar seguro para el chico. Y, si lo logramos, que sencillo no es, eso será todo por ahora, al menos hasta que los papás estén listos para subir al segundo piso.

En ambas columnas los terapeutas tendrán que realizar una misma investigación para lograr entender por qué está enfadado. Y no me refiero a un suceso en concreto, sino en general. Cuando las personas lloran, lloran por lo que lloran y por todo lo que no pudieron llorar en su momento. Cuando las personas se enfadan, se enfadan por lo que se enfadan y por todo lo que no se pudieron enfadar en su momento. Casi todos los enfados de un TND tienen un denominador común y están relacionados entre sí. ¿Qué es? Evitemos los moralismos, las frases cerradas de «tiene que» y «es que». Debemos cuestionarnos todo desde un punto de vista mucho más ajeno a nuestra labor como educadores y dar prioridad a comprender al chico, a entenderle, a respetarle y a validarle para luego llevarle a un lugar donde sea posible un encuentro. Si no logramos que él se sienta comprendido, respetado y validado, nuestros esfuerzos tendrán que ser muchísimo más grandes y menos productivos al focalizarse en la contención, en lugar de en la reparación del daño.

¿Y si el chico no quiere hacer terapia?

Bueno, este es nuestro pan de cada día, pero tampoco diría que es un gran problema o un impedimento. Si el chico no quiere hacer terapia, que no la haga por ahora. Hay que darle tiempo y empezar por los padres. Habitualmente hacer la primera columna de los papás es mucho más largo y costoso que la de los hijos y es positivo que el chico tarde más en comenzar. Si los dos padres están implicados en la terapia y logran avances, antes o después el chico aparecerá. Hay muchas dinámicas que le llevarán a ello.

¿El cuadrado de encima de la puerta donde pone «patología parental» está dentro del primer piso?

Así es y suele ser el más difícil. Pero, si queremos que nuestra casita sea un hogar, tendremos que trabajar las patologías parentales si las hubiera y las resistencias de los padres son titánicas. «Prefiero invertir el dinero en él», «no tengo tiempo», «no lo necesito», «es que yo no quiero cambiar», «a mí con que él sea feliz me llega». Podría estar una tarde entera diciéndote las más variopintas disculpas para no hacer esto. Como te decía antes, esta es la razón mayoritaria por la que las terapias fracasan Resulta irónico ver a padres que no entienden que su hijo no acepte acudir a una terapia y luego ese mismo proceso les ocurre a ellos y según el momento de la terapia es terrible, porque si hemos invertido mucho esfuerzo en que el chico acepte ayuda, ahora el chico da sus primeros pasos y justo ahí resulta que ahora alguno de los papás es quien no la acepta. Pues como te imaginarás, esto a los hijos triste no les pone… y el enfado además en este caso esta multiplicado por la traición.

Para evitar llegar a este punto y darle al chico aún más razones para confirmar su enfado, solemos anticipar esto a los padres, porque si alguno no está dispuesto, mejor no empezar la terapia. Algunos padres deciden no hacer la terapia porque se ven incapaces de afrontar su propio tratamiento; otros comienzan con mucha energía su terapia, pero en cuanto se toca algo que duele… se escurren como el agua y otros aguantan su terapia hasta ser capaces de gestionar sus emociones y poner en práctica todo lo que han aprendido en el suelo y el primer piso y es, entonces, cuando el éxito está prácticamente asegurado.

¿Y los casos donde la patología parental no afecta?

Esos son mucho menos difíciles, sobre todo, son incluso fáciles. Los casos de TND de inicio en la adolescencia y sin patología parental son muy agradecidos. Todo es un éxito constante. Generas cambios enormes en muy poco tiempo. Son casos donde en un año o, incluso menos, el caso ha dado un giro de 180º.

¿Y estos son mayoritarios?

No sabría decirte la verdad. Supongo que no.

Sigamos con la casa. ¿Qué viene después?

En el segundo piso se realiza una terapia de mediación familiar con todos los miembros de la familia en la sala pero, aquí, ya se respira otro ambiente, los conflictos en casa han cesado. Los papás dominan las técnicas, comprenden al chico y conocen las minas. Apenas hay bailes del gorila ni grandes crisis, ya que todos están en el mismo equipo. Puede que para muchos esto ya sea más que suficiente, pero para evitar retroceder en esta terapia el terapeuta media entre los conflictos familiares, ya no de una forma directiva como lo hacía antes, sino que poco a poco va reduciendo su directividad. Es decir, si en el primer piso el terapeuta desempodera a los padres, asume responsabilidades, autoridad y marca las pautas de hogar; en este segundo piso, el terapeuta, poco a poco, va devolviendo a los padres el mando, empoderándoles, a medida que ellos van ganando criterio y autoridad frente a su hijo. En este piso, el terapeuta va dejando de establecer las rutas y va acompañando a los padres en sus decisiones. Funciona más como un faro que como vía de tren. En ocasiones, ocurre que los chicos no quieren iniciar esta terapia, sin que su terapeuta anterior esté presente, ya que él es su ancla, su figura de seguridad, criterio y autoridad, pero tras unas cuantas sesiones, el anterior terapeuta puede retirarse y dejar que todo fluya. Al terminar esta terapia el TND queda reducido a la mínima expresión.

Y entonces ¿por qué hay un tercer piso?

El tercer piso es la terapia que verdaderamente va a funcionar. La terapia que hace que el chico reconecte con la tristeza y es cuando el TND quede totalmente erradicado. Muchas veces este piso no se hace nunca, por resistencias, o por diferentes motivos. Nosotros intentamos siempre que se haga cuando sean adultos y estén completamente emancipados, aunque no logramos que ocurra todo lo que nos gustaría, porque este tipo de terapias centradas en trauma y disociación remueven mucho y, al igual que nos ocurría con los papás, podemos encontrar importantes resistencias.

¿Qué? Pero si esta es la terapia eficaz ¿por qué no empezáis por ahí?

Eso mismo se me ocurrió a mí en su día y el fracaso fue estrepitoso. La persona que disoció tristeza lo hizo por necesidad, si se la volvemos a conectar cuando ni él, ni el ambiente está preparado, no le estamos haciendo ningún favor y finalmente volverá a disociarla, pero esta vez, no volverá a confiar nunca en un psicólogo traidor que le dejó desprotegido sin su espada en mitad de la batalla. Esto no se puede hacer a la ligera. Además, este tipo de terapias son largas, duran de uno a tres años y en ese tiempo, si no paramos el maltrato que el chico recibe, no tendrá sentido trabajar. Es como hacerle las curas a una herida cada día, sabiendo que al salir del médico te la van a volver a abrir día tras día. Lo primero es poner freno al maltrato.

Cada vez que dices maltrato me erizas los pelos.

¿Yo te los erizo?, ¿o a ti se te erizan?

Es lo mismo.

¿Estás segura? Si lo miras con lupa, es el típico lenguaje que podría dañar, porque me estás responsabilizando a mí de lo que te ocurre a ti. Como «me sacas de quicio», «mira lo que me haces hacer», «me das asco», «por tu culpa estoy así». Todas estas frases repiten lo mismo, otro es el responsable de tus emociones. No es lo mismo «tú me das asco» a «yo siento asco al verte» o «tú me molestas» a «a mí me molesta tu comportamiento».

Creo que lo entiendo.

En cuanto a lo del maltrato, puedo entenderlo. Pensar en maltrato y pensar en que, sin querer, sin poder evitarlo e, incluso, sin ser consciente maltratas a lo que más quieres es muy duro. Si lo prefieres puedo decir tratar mal, aunque tratar mal y maltratar no dejan de ser la misma cosa. En realidad, prefiero el término maltrato porque es mucho más incisivo y lo que busco es la sensibilización frente a esos sucesos que dañan a la persona. Entiendo que al hacerlo levanto ampollas pero el tiempo corre siempre en mi contra.

¿Qué quieres decir?

Bueno, hay otros tipos de terapias y otros tipos de patologías donde el tiempo corre a favor. Si tenemos una paciente de 35 años con una sintomatología pero se resiste a aceptar tratamiento, puedo esperar. Dentro de 5 años este paciente estará más o menos igual que a los 35 y antes o después caerá por su propio peso y aceptará ayuda pero ese no es mi escenario. Yo trabajo con chicos de 15 años y dentro de 5 años su vida puede ser diez mil cosas diferentes y lo que ocurra en este tiempo es crucial, por eso no puedo andarme tan ligero como otros.

Lo entiendo. Ya nos hemos excedido con la entrevista y te he robado más tiempo del que te pedí. ¿Algo que quieras decirme como colofón final?

No sé, desde dentro uno nunca sabe si desde fuera se le está entendiendo lo que intenta decir aunque creo que toda esta entrevista se puede resumir en una frase: «Necesitan parecer monstruos pero en realidad solo son ositos.»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *