El misterio de las puertas rotas

El trabajo de psicólogo en ocasiones recuerda un poco al de los detectives que vemos en las películas, solo que con menos necesidad de gabardinas o siluetas insinuantes a través de un cristal. Se parece en cuanto a que en ocasiones, una mujer entra en el despacho con rostro preocupado y nos presenta un misterio que resolver, un misterio que la atormenta: Dígame detec.., err psicólogo, con lo que yo le quiero, con lo que yo he hecho por él

¿Por qué siempre está enfadado? ¿Por qué parece que me odia? La casa en la que ambos vivimos, tiene todas las puertas rotas, y yo no me explico qué ocurre.

Antes de que comience a desarrollar un misterio, os aclararé otro. Voy a hablar del Trastorno Negativista Desafiante, y aunque se pueda dar en ambos sexos y quien entre por la puerta pueda ser un padre y no una madre, yo he decidido trabajar usando un chico y su madre, pues la prevalencia de chicos afectados es superior a la de chicas, y al menos en mi experiencia, quien suele recibir con más frecuencia el impacto del enfado, es mamá.

Así que permitidme que me aventure con estos personajes y en el futuro, por aclamación del público, si queréis hacemos la segunda parte con nuevo reparto.Como decía, (y aquí imaginadme en color sepia, con tirantes y escribiendo en una vieja máquina de escribir) a menudo nos toca resolver misterios y el método es bastante detectivesco.

Recibimos información de testigos, recopilamos pistas, muestras, pruebas sólidas… Usamos la ciencia para comprenderlas y analizarlas y tratamos de llegar a conclusiones en base a todo ello, nuestra formación y experiencia previa. Aunque todo sin pistola.

Lo que me apetece hacer con vosotros, es resolver el misterio de las puertas rotas juntos. Os ofreceré las pistas e indicios e iremos uniendo las piezas del puzzle hasta que empecemos a verle un sentido. Veamos la lista de sospechosos habituales:

  • La relación entre niño y padres y sus implicaciones biológicas
  • La relación entre niño y padres y la autoestima
  • El trauma
  • La autoreferenciación
  • La disociación
  • La disociación otra vez
  • El ansia de libertad
  • La sociedad y sus opiniones

Antes de lanzarme, recordemos esta pregunta, nos ayudará a pensar:

¿Por qué está siempre enfadado?

La pregunta, para los que no conviváis con un TND (Trastorno Negativista Desafiante), hace referencia a uno de los síntomas más definitorios y observables del trastorno, que es que estos chicos parecen (están) casi todo el tiempo enfadados, o al menos con un nivel basal alto de enfado, es decir, que si el enfado se midiese en números, un sujeto cualquiera podría tener de media un enfado en reposo = 10, por ejemplo, mientras que un TND parece vivir en un enfado base = 40 o más, por lo que si dijésemos que a partir de llegar a 50 está dando voces, basta un pequeño empujoncito para llegar. Lo malo, es que además las personas interpretamos la realidad de formas diferentes en función de la intensidad de nuestras emociones, por lo que a estos chavales es más fácil cabrearlos. Imaginad a dos personas entrando en una habitación oscura, exactamente la misma, una con un miedo = 10 y otra con miedo = 60

¿Cuál creéis que es más propensa a buscar el interruptor de la luz rapidito?

Bien, empecemos a interrogar sospechosos, empecemos por la biología esa.

Por ejemplo ¿Qué supone para un niño de unos meses que mamá o papá se enfaden con él? ¿Qué se disgusta?

La respuesta es algo más dura. Para el cerebro de un bebé, no existe la civilización, no hay servicios sociales, ni biberón. Por lo que al bebé respecta, seguimos exactamente igual que hace 40.000 años, en una cueva rodeados de bichos. Por lo que, para un bebé, las emociones negativas de los padres suponen un posible rechazo, y un posible rechazo es un posible abandono. Un abandono para el bebé y su cerebro de pequeño cavernícola, implica la muerte.

“¡Que exagerado!”

Eh, no. El cerebro del bebé tarda un tiempo en empezar a civilizarse y mientras está en automático, sus instintos como el llanto y su apariencia adorable están diseñadas para comer, absorber información y para no ser abandonado. Esto al principio a un nivel más cerebro lagartija, más básico. Con el tiempo la cosa se vuelve más compleja, pero no se aleja tanto de ese primer dato: Que no te abandonen.

Digamos que para seguir comprendiendo debemos analizar la siguiente pista, eso raro de la autoestima.
Aunque podría seguir con la lectura tipo biológica, diciendo que lo que hace a continuación el niño es interpretar en base a su experiencia el orden en el que va a comer y a reproducirse, si es un macho alfa o un beta, lo que haré es ponerme más psicólogo. Lo que ocurre en la infancia en base a la relación del niño y sus padres, es que influye de forma determinante en la autoestima del pequeño, es decir, en qué grado creerá de ahí en adelante que es digno o indigno de ser amado, primero por sus padres, luego por el mundo entero. Alguno dirá “pero no será tan así, es más si tiene amiguitos en el cole, si es guapo y listo…” Eso influye, pero no es igual de relevante. Uno puede nacer con un cuerno en la frente, que, si se siente querido incondicionalmente por sus padres, hará interpretaciones más adaptativas de su relación con el mundo y sus habitantes que un hijo de Brad Pitt que piense que nunca será suficientemente bueno para su papi.

A estas alturas del interrogatorio parece que empezamos a tener un “móvil para el crimen”, parece que se trata de un crimen pasional.

Vamos a apretarle las tuercas al Trauma, a ver qué le sacamos. Para quien no le conozca, trauma es una vivencia que no hemos logrado integrar, algo que superó las herramientas de las que en un momento dado disponía nuestro cerebro, por lo que se ha quedado atascado en nuestra vivencia, lejos de nuestro alcance incluso y haciendo daño, influyendo todos los días en la forma en la que vivimos. Con todo eso de los abandonos y la autoestima se puede dar la aparición del trauma para el pequeño, una disonancia en la banda sonora del niño, que podría empezar a colocarle en el camino del TND.

A veces Trauma es sutil, se presenta un poquito día a día con disfraces poco llamativos, como por ejemplo “pareces tonto, todos los días te lo tengo que repetir”, haciendo mella poco a poco en la imagen que el peque tiene de sí mismo, porque claro, suele venir de esos seres perfectos y todopoderosos, aquellos llamados PADRES. (Me dio el chivatazo la Autoreferenciación de que los niños son presa fácil para que Trauma les de en la autoestima, porque los niños viven en un mundo en el que todo gira en torno a ellos, por tanto, todo es culpa de ellos, incluso los divorcios). Otras veces Trauma va de cara: Papá me pegó, mamá no hizo nada. Mamá me dio miedo. Me encerraron en la cocina para que no molestase.

En este punto muchos dirán, y más si han oído a adolescentes TND: Esa es la respuesta, están enfadados por venganza, les hicieron daño y ahora toman represalias.

Casi, pero no, en realidad, no. Solo en la superficie del misterio.

Entra en escena alguna de las formas de la Disociación. Esta se da cuando nos separamos de algo, normalmente porque nuestro cerebro, ese dichoso troglodita que insiste en poner la supervivencia por delante de la lógica, decide que ese algo es perjudicial para nuestra capacidad de seguir viviendo (reproduciéndonos). Disociación nos puede separar de un recuerdo, de una emoción o incluso ir más allá, pero eso, es una larga historia. Voy a quedarme con lo que más observo en las calles del TND, la disociación de la tristeza.

Estar muy enfadado no solo implica tener el enfado alto, sino que otras emociones parecen perder fuelle en favor de él. A menudo los TND sienten enfado cuando deberían estar sintiendo cosas como miedo o tristeza, porque su cerebro ha creído oportuno cortar el grifo de esas emociones.

Recuerdo a un chico apretando los dientes como si fuese a darme un puñetazo, cuando le pregunté qué le ocurría me dijo que su perro había muerto dos días antes. Le pregunté si estaba triste, afirmó que no. Le pregunté si estaba enfadado, también lo negó. Para él, estaba como siempre.

Aquí es cuando aquel personaje que salió al principio de la trama y que ya has olvidado, se revela como el culpable del crimen. El miedo a la muerte.

Voy a tirarme a la piscina con una hipótesis detectivesca, tendréis que dejarme espacio:

El chico de nuestra madre preocupada solo siente enfado, rompe las puertas y parece odiar a su madre. “¡Seguro que no siente tristeza!”, efectivamente querido Watson, pero ¿Por qué?

¿Qué ha llevado a su cerebro a cerrar las puertas a la tristeza? ¿Qué le ocurre si en lugar de enfadarse y vivir en el presente odiando a su madre se pone triste?

Aquí quizá convendría recordar un par de funciones de las emociones. El enfado nos ayuda a detener injusticias y atropellos, la tristeza, a aceptar la realidad y resignarnos. Nuestro chico arremete contra mamá, aún cuando esta pueda llevar meses o años tratando de ayudar a su hijo, tratando de no darle motivos de enfado, sin embargo, el enfado sigue. El miedo, el miedo sirve para mantenernos lejos del peligro, el enfado suplanta también al miedo ¿Qué está ocultando? ¿Qué hay ahí debajo? Si siento tristeza es que acepto la realidad, pero esa realidad me da miedo, me resulta intolerable ¿Cuál es maldita sea? Esto que oculto no viene de ahora, casi siempre viene del yo niño, de ese yo que creía que todo era culpa suya y que los padres eran dioses, ese yo que creía que era mas digno de ser amado según cuanto de incondicional era el amor… No, hay otro miedo debajo.

Si acepto que no me querían incondicionalmente, acepto que me rechazaban, y hay algo en mí que dice que el rechazo es abandono, y el abandono es la muerte. Jamás cruzaré esa puerta.

Ya os gustaría que la gente hiciese tanto análisis. Todo eso que acabo de poner, no pasa por la cabeza de nuestro chico, no de forma consciente al menos. Pero efectivamente se acerca a una posible verdad. Metamos creencias, a la sociedad y algo que hacen los chicos TND, las pruebas de amor. El TND además de lo que trajese de serie se encuentra con que la situación normalmente empeora más y más, porque para casi todos los padres, la vida se juzga en base a un estándar y unos valores y creencias comunes, en los cuales, comprender que cuando el chico me grita y pega en las paredes está poniendo a prueba mi amor, no está puesto ni en los márgenes ni a pie de página. ¡SI!, poner a prueba el amor.

Si un crío cree en el fondo que no es digno de ser amado y que corre riesgo de rechazo por los que deberían quererle incondicionalmente, está aterrado.

Vivirá constantemente convencido (en el fondo) de que es un hijo terrible y de que alguien se dará cuenta antes o después y le echará de su casa. ¿Y qué pasa a veces cuando algo nos aterra? Que o lo evitamos o queremos que pase de una vez, para dejar de sufrir. Por lo que ese chico enfadado, aparte de tener pobre control de su ira, lo que hace en el fondo es decirte “hazlo de una vez, échame de tu vida, no aguanto más este miedo” y aún más en el fondo “en realidad lo que quiero es dejar de temer, pero siendo querido, muy querido”. ¿Pero seguro que no odia a su padre que le pegó y por eso está enfadado? Oh si, puede estar muy enfadado, sobre todo su versión más adulta, pero en su estructura básica, en los cimientos, el Yo niño siempre prefería que papá le quisiese, incluso cuando papá ejerce mal de papá.

Te faltó eso del ansia de libertad
Ti filtí isi dil insii….. Ya va!

He hablado del TND con más daño emocional, pero este no solo surge de estas percepciones de miedo, a veces aparece como rebelión. Lo que le ocurre a algunos chicos es que sienten grandes deseos de autogestionar su vida, de tomar sus decisiones y riesgos, de ser libres, pero topan con la sobreprotección o sobreinstrucción de un padre o una madre a los cuales no consideran poseedores de La Verdad, por lo que no les siguen a ciegas y les cuestionan.

Este tipo de situación genera también fricción que puede dañar la relación entre hijos y padres hasta el punto de alcanzar ese “enfado crónico rebelde”. Lo que pasa es que con este artículo pretendía sensibilizar a los padres respecto a lo mucho que sufre un TND y si empiezo con esto de la libertad, en vez de terminar de leer blanditos y comprensivos, se colocan su armadura de la paternidad y su espada de “bajo mi techo mis reglas” y ya no escuchan a nadie, así que deja que remate el artículo con una frase que les devuelva más atrás:

Debajo de ese chico, hay un niño, debajo de esa ira, hay terror, tras el LÁRGATE, está el QUIÉREME.

Xabier Pensado

Psicólogo en Unidad Focus

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