El miedo infantil, ayudando a los niños a aceptar el miedo

La palabra emoción es utilizada constantemente en nuestro día a día, pero pocas personas saben lo que significa. Una emoción es un estado afectivo de corta duración que tiene un desencadenante claro. El miedo es una de las 4 emociones básicas. Aparece cuando se percibe un peligro o una amenaza que pueda atentar contra la integridad de la persona y tiene la función de supervivencia.

La sensación de miedo provoca un estado de alerta y la puesta en marcha de recursos necesarios, para afrontar la situación o huir de ella.

Los recursos que una persona activa ante el miedo son comúnmente pensamientos y/o comportamientos. Un pensamiento se puede definir como un proceso mental mediante el cual la persona desarrolla ideas y creencias acerca de los demás, de él mismo y de lo que sucede en el entorno. Asimismo, un comportamiento hace referencia a un conjunto de acciones y reacciones de una persona frente a un estímulo interno o externo.

El miedo está presente desde el nacimiento y constituye un sistema de alarma, en el que están implicadas las partes más primitivas del cerebro, que tiene función de supervivencia por lo que ayuda al bebé a evitar situaciones potencialmente peligrosas.

A lo largo del crecimiento del niño/a aparecen miedos comunes y propios de cada etapa evolutiva, los cuales van cambiando a medida que avanza el crecimiento. La remisión de unos miedos y la aparición de otros nuevos se explica mediante la necesidad del niño/a de adaptarse a las demandas cambiantes del entorno.

Los miedos evolutivos

• 0 – 2 años

Aparece el miedo a animales, oscuridad, ruidos fuertes, heridas, personas extrañas y ansiedad de separación hacia la figura de apego.

• 3 – 5 años

Se mantiene el miedo a los animales, la oscuridad, los ruidos fuertes y la separación. Aparece el miedo al daño físico y a personas disfrazadas.

• 6 –8 años

Disminuye el miedo a ruidos fuertes y personas disfrazadas.  Se mantiene el miedo a la animales, oscuridad, separación y daño físico. Aparecen miedos entorno a los seres imaginarios como los fantasmas y las brujas, las tormentas, la soledad y el colegio.

• 9 – 12 años

Disminuye el miedo a la oscuridad, separación y a los seres imaginarios. Se mantiene el miedo a los animales, daño físico, soledad y las tormentas. Aumenta el miedo entorno al colegio y los exámenes. Aparece miedo hacia el aspecto físico, relaciones sociales y la muerte.

• Adolescencia

Disminuye el miedo a las tormentas. Se mantiene el miedo hacia animales, daño físico y la soledad. Aumenta el miedo relacionado con el colegio, el aspecto físico, las relaciones sociales, el rechazo, el fracaso y la muerte.

Hay que tener en cuenta que estos miedos no se dan de la misma manera en todos los niños/as, ya que cada uno es distinto y sus miedos pueden estar influenciados por aspectos como la cultura de la sociedad en la que vivan, la educación, el entorno familiar y las tradiciones transmitidas de generación en generación en su familia. Asimismo, los miedos evolutivos se consideran adaptativos dado que producen un ligero malestar, pero el niño/a conserva la capacidad de reaccionar ante él y afrontarlo. Sin embargo, si el malestar es intenso, si existe un gran nivel de sufrimiento en el niño/a y le dificulta hacer una vida cotidiana, el miedo se considera entonces desadaptativo, pudiendo ocasionar una respuesta de bloqueo.

Frente al miedo infantil, ya sea evolutivo o cualquier otro, es mejor evitar respuestas como:

“pero no tengas miedo”, “si no es para tanto”, “pero si los fantasmas no existen”, “bueno venga, no pasa nada”, “no seas cobarde”, etc.

Ya que este tipo de reacciones, en vez de ayudarlo y calmarlo, minimizan e incluso niegan la validez o adecuación de lo que está sintiendo. El problema de esta invalidación emocional es que transmite al niño/a que su emoción no es aceptada, que lo que siente no es correcto y que debería sentir algo diferente; el no sentirse aceptado, provoca una sensación de inseguridad, culpa y frustración. Asimismo, al no ser reconocido y validado, se pierde la confianza y afecto con esa persona. Estos sentimientos pueden traer como consecuencia una disminución de su expresión emocional, debido al miedo e inseguridad de sentir algo que no es válido.

Debido a esto, es muy importante validar lo que está sintiendo el niño/a en ese momento, ya que de esta forma puede permitirse sentir ese miedo y después aceptarlo como normal y adaptativo. La validación, implica transmitirle que sus emociones tienen sentido y son entendibles, lo cual supone una ayuda para el autoconocimiento y para la adquisición de herramientas que le permitan gestionar sus emociones.

Esto puede llevarse a cabo ayudando al niño/a a poner nombre a lo que está sintiendo en ese momento, normalizarlo y transmitirle nuestra cercanía y aceptación. Para esto, es importante cambiar el discurso y optar por respuestas más empáticas, por ejemplo:

• “Entiendo tu miedo.”
• “Estoy aquí contigo.”
• “Me da la sensación de que estás asustado/a.”
• “Si quieres puedes explicarme qué es lo que te asusta.”
• “¿Y te ha dado miedo?”
• “¿Quieres un abrazo?”
• “¿Puedo hacer algo por ti?”

No se debe olvidar que el miedo es una emoción necesaria, tanto para los niños/as como los adultos y la necesidad de validación y autoconocimiento es común en todas las personas para que podamos aprender a gestionar nuestros miedos.

“El miedo es la incertidumbre en busca de seguridad.” – Jiddu Krishnamurti

 

Eva Mareque

Psicóloga en Unidad Focus

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