El baile del gorila – parte 6 de 12 – Los brotes de ira

El baile del gorila – Los brotes de ira

¿A qué le llamas «el baile del gorila»?

Las personas con TND suelen tener explosiones semicontroladas de enfado. No son explosiones totalmente descontroladas, como las que ocurren en TEI (Trastorno explosivo intermitente), en otros trastornos de conducta o en otras patologías, sino que tan solo son una expresión parcialmente desregulada de su enfado.

Pongamos un ejemplo. Estamos discutiendo acaloradamente con alguien y, cuando nos vamos de la habitación, cerramos la puerta dando un fuerte portazo. Esta situación es una situación común que todos hemos vivido.

Si no hubiera nadie, ¿daríamos el portazo? O, si la persona fuera sorda, ¿daríamos el portazo?

No.

Claro que no. No damos el portazo porque estemos enfadados, sino para comunicar que lo estamos. Ese portazo representa un aviso emocional, una comunicación de mi límbico a tu límbico, es decir, de mi cerebro emocional al tuyo. Cuando yo lo doy me quedo más a gusto, porque me he asegurado de que tú sepas lo enfadado que estoy. Si por cualquier razón, la puerta no hace ruido, sentiré la necesidad de volver a abrirla y dar esta vez un buen portazo.

Bien, pues es exactamente lo mismo que ocurre en TDN, pero en un nivel más elevado. Eso a lo que llamamos «El baile del gorila» es eso, un baile. Un baile en el que el individuo pretende comunicar a los otros lo terriblemente enfadado que está. Por eso, cuando mamá se va de casa, cuando nadie lo ve, el baile cesa y la persona se queda mal, con un montón de enfado todavía dentro que no ha podido comunicar. Si entendemos bien este baile, nos será fácil abordarlo adecuadamente. Lo primero que debemos entender es que no está realmente fuera de control. No va a agredirnos físicamente, por ejemplo. Un TND no agrede físicamente a su madre en mitad del baile, salvo que esta interfiera en el baile y lo lleve al extremo y, en ese caso, será inintencionadamente. Claro, si en mitad del espectáculo, mamá intenta quitarme el móvil… en ese momento es posible que pierda realmente el control y le dé un empujón. O, si mi padre intenta pegarme en ese momento, intentando demostrar autoridad, es probable que terminemos a puñetazos. Pero estos casos solo podrían llegar a ocurrir si nosotros invadimos su espacio o agredimos de alguna forma a la persona en ese momento tan delicado, en la que ella intenta comunicarnos su sufrimiento.

¿Esto es habitual?

Depende de cómo sean sus padres. Muchos padres de chicos con TND jamás les han pegado a sus hijos y este hecho influye muchísimo en cómo el chico va a reaccionar, si ha aprendido que es válido agredir a quien se quiere, o no. Pero lo que sí es muy habitual es que el chico empiece a romper objetos de la casa. Aunque nunca haya visto este tipo de comportamiento, esto es parte del baile. En ese momento, no rompe cualquier cosa. No rompe su propia Playstation, rompe cosas que sabe que son importantes para sus referentes, para sus padres. Y lo hace porque esta es su estrategia básica.

Cada vez que un TND grita, o rompe una silla, o insulta está haciendo una pregunta, siempre la pregunta:

«¿Qué te importa más?»: «¿Qué te importa más, esta silla o yo?», «¿que los vecinos se despierten a las tres de la mañana o yo?», « ¡¿tu orgullo o yo?», «¿tu honra o yo?».

Saber eso cambia por completo el significado de lo que hace.

Recuerdo en mi unidad clínica que un chico brotó y empezó con su baile del gorila. En ese momento, agarró un espejo enmarcado que estaba colgado en la pared y lo levantó en alto. Yo le respondí muy lenta y calmadamente:

«Adelante, rómpelo. Quizá te ayude. Solo es un espejo, da igual, si eso te va ayudar, hazlo».

El chico dejó suavemente el espejo en el sofá y, rápidamente, se puso a buscar por el salón algo para romper que sí me doliera. Agarró una foto mía con Barkley y me miró, supo leer en mi cara que esa foto me importaba, así que la lanzó contra la pared. Yo sabía que, bajo mi rol de referente, no podía darle más importancia a nada que a él, así que gestioné mis emociones y le dije:

«Sí, esa foto tenía valor para mí y, aun así, me da igual. Mírate, estas sufriendo muchísimo, y eso sí que es importante».

En ese momento rompió a llorar de rabia y el brote cesó. Lo más habitual es que tras un brote de ira, vengan lágrimas, pero no debemos confundirnos, no son lágrimas de tristeza, sino de frustración y culpabilidad.

¿Qué cosas debemos hacer y no hacer durante estas danzas?

Lo primero es comprobar nuestro estado emocional. Si nosotros también estamos desregulados, no podremos intentar nada de lo que viene a continuación; por lo que, si nosotros no estamos en un estado de calma, lo mejor que podemos hacer es irnos de allí, bajar a pasear, o irnos a ver a un amigo. A lo que me refiero es que hay que salir de la zona de la explosión.

¿Y el baile parará cuando nos vayamos?

Si la persona queda sola, sí.

¿Y esa es la solución para que deje de romper cosas?

No pero, si no tenemos autocontrol, seguro que empeoraremos la situación. Por eso, lo primero es ser capaces de tener calma y, una vez tengamos claro que nosotros tenemos el control de nuestros actos, las pautas que hay que seguir serán más fáciles de ejecutar.

¿Qué pautas son esas?

1º Mantener la distancia. Cuando en la selva, el gorila lomo plateado se pone a bailar, yendo de un lado para el otro, agitando las ramas, el resto de la manada permanece quietecita, se mantienen a una distancia prudente y esperan a que termine de dar su comunicado.

Bien, nosotros debemos hacer exactamente lo mismo. Mantener la distancia y aceptar su comunicado. Podemos quedarnos, por ejemplo, en la puerta de la habitación y, en ningún caso, invadir su espacio personal hasta que él nos lo permita.

2º Validar emociones. Debemos comunicarle a la persona que estamos recibiendo su mensaje. Debemos hacerle ver que comprendemos que está enfadado y que entendemos que tiene buenas razones para estar enfadado, aunque realmente desconozcamos cuáles son esas razones o nos parezcan absurdas las razones que argumenta. Recordemos que, la mayoría de las veces, no saben por qué están enfadados. A veces, un disparador traumático, algo que le despertó algún trauma del pasado. Yo los llamo «minas», que cuando las pisas, él explota. Hace 10 minutos se pisó una mina, y ahora está gritando supuestamente porque no encuentra sus zapatillas, y dice que nosotros se las hemos escondido. Pero la realidad no es que esté enfadado por las zapatillas, sino que sentía un terrible enfado por esa otra mina no tan fácil de procesar y de la que no es consciente. Como él no encontraba una explicación válida para su enfado pero encontró algo que lo explicase (las zapatillas) se encendió con ello, como si ese fuese el problema.

Si nosotros conocemos cuál es ese origen, será genial que podamos decirle: «Entiendo que estas muy enfadado por el comentario desafortunado de tu padre y no por las zapatillas. Lo entiendo y lo siento». Claro que esto es algo que, la mayoría de las veces, suele estar, al menos al principio, fuera de nuestro alcance. Uno de los objetivos que se trabaja en las terapias parentales es que los padres puedan identificar esos disparadores, para así poder evitarlos o, cuando sean inevitables, anticiparse a ellos y gestionar la emoción antes de que explote la persona.

3º Evitar a toda costa la confrontación. No discutirle nada en ese momento. Durante ese momento de alta intensidad emocional, no va a ser capaz de razonar ni de ser lógico. Es emoción pura, por lo que no tiene ningún sentido que le discutamos o confrontemos realidades y, por supuesto, la confrontación física va a dar terribles resultados; incluso, cuando el niño sea pequeño y todavía no pueda enfrentarse a nosotros.

4º JAMÁS poner en juego el amor. Cualquier demostración de rechazo es muy contraproducente. «Ya no aguanto más», «me tienes harto», «ya no sé qué hacer contigo», «si me quieres, haz lo que te digo», «no seas así», «mira lo mal que estoy por tu culpa», «nos estás destrozando la vida», etc., todas esas frases esconden una misma realidad. El amor y la aceptación se ponen en tela de juicio y este es, precisamente, el mayor de todos los detonantes.

5º No dar a nada más importancia que a sus emociones. Recordar que todo el baile es un comunicado. «Me invade el odio, porque estoy sufriendo muchísimo al no saber si me quieres y me aceptas tal y como soy». Por eso, jamás debemos poner ningún foco en nada que no sea su estado emocional: «Veo que estás enfadado», «entiendo tu frustración», «lo siento mucho cariño, de verdad, que lo siento».

Evitar confirmar su miedo con frases como «Mira cómo te pones», «estás loco», «vas a pagar de tu bolsillo todo lo que rompas». Todas estas frases lo que comunican es que no hemos captado su mensaje y, entonces, aumentará su virulencia y agresividad.

Por último, insistiré más en que para poder realizar todas estas pautas, lo primero es estar regulados emocionalmente. Estar calmados. No mostrar miedo, ansiedad, rechazo o ira, sino estar en paz. Puedo entender que muchos lectores ahora mismo sientan un latigazo interno.

¡Es fácil hablar! Pero, si ves a mi hijo, alucinas. ¿Cómo voy a estar en calmada y en paz?

No he visto a tu hijo pero he sido tu hijo y he visto a muchísimos otros hijos haciendo lo mismo que el tuyo. Entiendo perfectamente ese latigazo emocional y tu respuesta. Es natural. Yo solo estoy contando lo que se debe hacer, no digo que sea fácil. Puede que tal y como lo cuento, parezca fácil para un ajeno a la situación pero en realidad nunca lo es. Al principio, es algo que se puede hacer muy grande, pero, poco a poco, se consigue y se cambia el chip. Y, si no es así, si no se consigue la calma por parte de los referentes, será totalmente imprescindible que estos acudan a una terapia individual, ya que, de lo contrario, no será posible ningún tipo de medida. Si un referente no puede gestionar sus propias emociones, jamás podrá gestionar las de otro y el TND irá a peor.

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