El apego y la regulación emocional

El apego y la regulación emocional

Desde hace años se viene hablando de un concepto importante en las relaciones humanas: el apego. Bowlby define el apego como:

Necesidad humana universal de formar vínculos afectivos a los que recurrir en momentos de estrés, como forma de obtener protección y seguridad.

Cuando hablamos de apego no solo hablamos del vínculo que se genera entre los niños y sus padres, sino también a los vínculos relacionales que seguimos manteniendo una vez que somos adultos.

Es a partir de la interacción con figuras significativas que el niño aprende a interactuar con los demás. Ante esta interacción, se internalizan en el niño un conjunto de creencias que van a desarrollar un modelo operativo interno acerca de sí mismo y de los demás:

  • Modelo de sí mismo: se desarrollan una serie de creencias acerca de la propia capacidad para merecer cuidado y afecto. Relacionado con el grado de ansiedad ante el abandono.
  • Modelo de los otros: contiene representaciones acerca de la disponibilidad y sensibilidad de aquellos con los que se interacciona. Relacionado con el grado de evitación a la intimidad.

Así como Bowlby reconoce el apego como una necesidad innata de vital importancia en la supervivencia y el desarrollo del bebé, Ainsworth refiere que lo que determina la seguridad o inseguridad es la calidad de la comunicación no verbal. Es decir, no es tan importante la cantidad como la calidad, no solo es importante el estar disponibles físicamente sino también la actitud de disponibilidad emocional que el bebé puede percibir por parte de sus referentes. Bowlby y Ainsworth clasifican los tipos de apego en los siguientes cuatro:

Apego seguro

La conducta de los referentes reflejaba sensibilidad, aceptación, colaboración y disponibilidad emocional. En consecuencia, estos bebés exploran cuando se sienten a salvo y buscan consuelo en el vínculo cuando perciben una amenaza.

Apego elusivo o evitativo

La actitud de los referentes era de rechazo ante los intentos de conexión, falta de contacto físico, inhibición de la expresión emocional. Por tanto, la actitud de estos bebés es de indiferencia. Exploran el entorno y, aunque perciban una amenaza, continúan con ello. Además, ante la vuelta de la figura de referencia, muestran indiferencia.

Apego ansioso-ambivalente

Los referentes obstaculizaban la autonomía del hijo/a, la disponibilidad era imprevisible y ocasional y se mostraban insensibles ante las señales de los pequeños. Así, los niños se muestran demasiado preocupados como para explorar el entorno y, ante una amenaza, reaccionan con angustia abrumadora. Además, ante el contacto con la figura de referencia, no encontraban consuelo.

Apego desorganizado

Este tipo de apego se genera cuando la figura de referencia no sólo se percibe como refugio seguro sino también como un peligro. Los padres pueden resultar aterradores, estar asustados o disociados. En consecuencia, el niño se encuentra dividido entre el impulso de contacto y de evitación. Ante la ausencia de la figura de referencia se muestran desconsolados. Sin embargo, cuando ésta aparece se muestran confusos, dudosos entre acercarse o alejarse de ella.

Los vínculos de apego

Los vínculos de apego seguro en la infancia nos ayudan a formar una concepción de nosotros mismos como personas que merecemos ser queridos y protegidos; a tener una visión de los demás en la que uno es merecedor de buscar la ayuda y recibirla; así como una actitud reflexiva que favorece la regulación emocional. Esta podría ser definida como la capacidad de darnos cuenta, otorgar un significado, aceptar y cuidar las reacciones emocionales que nos aparecen. En este sentido es muy importante el autocuidado, entendido tanto como la capacidad de cuidarnos a nosotros mismos como de dejarnos cuidar por los demás.

Ya de adultos, estos vínculos establecidos en la infancia van a seguir mediando en nuestras relaciones con los demás y en nuestra capacidad de regulación emocional. En este sentido, se buscará o no la proximidad de una figura de intimidad que proporcione confort y protección.

  • Las personas con un apego seguro buscarán la proximidad, la intimidad y el cuidado por parte de los demás. Además desarrollarán su propia capacidad de autocuidado.
  • Las personas con apego evitativo manifestarán una desactivación de las necesidades de apego. Es decir, un rechazo del cuidado, la proximidad y la intimidad, así como de su propio autocuidado.
  • Las personas con apego ansioso tenderán a la hiperactivación. A la búsqueda de una intimidad, protección y confort con angustia, teñida por el miedo al abandono y a la soledad. Esta focalización en el otro por encima de sí mismos, por ende, hace difícil el autocuidado.
  • Las personas con apego desorganizado se encontrarán entre la hiperactivación y la desactivación de las necesidades de apego. Aparece aquí una ambivalencia entre la búsqueda de apego y el rechazo al mismo. Por tanto, aunque buscarán el establecer un vínculo que les aporte seguridad, a su vez, tenderán a rechazarlo por desconfianza. Por lo tanto, tampoco desarrollarán una capacidad de autocuidado eficaz.

¿Qué ocurre cuando en la infancia no hemos tenido un vínculo de apego seguro? ¿Cómo podemos aprender a vincularnos de forma segura y a regularnos emocionalmente? Si nuestros primeros vínculos han sido inseguros, las relaciones posteriores quizá pueden aportarnos seguridad y adquirirla. Es por eso que la psicoterapia nos puede proporcionar este vínculo reparador. Según Bowlby

el papel del terapeuta es análogo al de una madre que ofrece a su hijo una base segura desde la que podrá explorar el mundo”.

Aurora Veiga

Psicóloga en Unidad Focus

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