Diario de bitácora -El ancla y la cartografía del proceso terapéutico

Diario de bitácora

En mi trabajo, muchas veces me encuentro con personas que han pasado por varios psicólogos antes de acudir a Unidad Focus. Es entonces cuando les hago las difíciles preguntas de las cuales rara vez obtengo una satisfactoria respuesta respecto a esas terapias:

  • ¿Qué objetivos se marcaron?
  • ¿Qué o cómo los trabajasteis?
  • ¿Desde qué perspectivas?
  • ¿Cuáles eran las premisas o las hipótesis del terapeuta?
  • ¿Qué soluciones se intentaron?
  • ¿Qué pautas se marcaron? Y ¿Cuáles de estas fueron exitosas o fallidas y por qué?

Finalmente termino preguntando

«¿Qué hacíais en esa terapia?» y la respuesta habitualmente es Hablar».

«¡¡Hablar!! No, ya…  Sí, hablar, sí… claro…», pienso yo en la mayoría de las veces.

También podrían responder «respirar, pensar, sentir, estar…». Todas ellas tan ciertas como «hablar» y todas ellas me aportarían información igual de inútil.

Muchas veces, echo de menos una herramienta terapéutica que me haga un historial claro del paciente, pero la realidad es que eso no es posible por muchas razones. Para empezar, las personas solemos salir de una terapia con la necesidad de evadirnos, de no seguir fijándonos en aquello que nos incomoda y, en cuanto ponemos un pie en la calle, olvidamos el 90% de lo hablado en terapia. Muchas terapias cuentan con ello, claro, pero ¡qué desperdicio de tiempo, dinero y energía! Hacer terapia no es, en absoluto, barato y no me refiero solo a lo económico, sino al tiempo y, sobre todo, a la energía, porque la energía que conlleva afrontar una terapia es enorme y, a pesar de esto, nos cuesta sacarle el máximo partido a la misma. Sabemos que las personas se ocultan a sí mismos toda aquella información que podría dañarles o incomodarles y parte de la razón de hacer una terapia es la de destapar esos puntos ciegos de nosotros mismos y, por este mismo proceso, algunas veces salimos de las sesiones con el impulso de olvidar aquello que necesitamos recordar.

Por todo esto, me gustaría recomendar a todas las personas que acudan a una terapia, y a todos los profesionales de la salud mental una herramienta tremendamente útil. Por un lado, informa a los futuros profesionales de lo que se ha intentado en el pasado y de cómo los pacientes lo han vivido. Por otro lado, potencia y multiplica significativamente la eficacia de cualquier terapia, sin importar su corte, estilo o razón. La herramienta se llama «diario de bitácora» y consiste en una simple libreta que llevaremos siempre a nuestras sesiones y a la que le daremos

4 funciones bien diferenciadas:

1º Apuntes de sesión: A lo largo de la sesión, iremos tomando notas de aquello que nos parezca relevante, aquello que pensemos que podríamos querer olvidar, aquello que quizás ya sabíamos, pero que nunca tenemos en cuenta. Además, funciona como un apoyo visual que nos ayude a pensar.

2º Agenda de tareas: En esta sección apuntaremos las tareas, pautas o dinámicas que nos plantee el terapeuta y el resultado de las mismas. Ver una película, realizar un juego, tomar una decisión, hacer un registro…. No importa cuál sea la tarea ni si obtuvo el resultado deseado, registrarla es terapéutico de por sí.

3º Registro de situación: En esta sección apuntaremos todo aquello que ocurra fuera de sesión y que queremos rescatar en la siguiente sesión, ya que fuera de terapia se dan situaciones en las que se nos viene a la mente el proceso terapéutico de forma espontánea, pero que habitualmente se olvidan con rapidez. Vivencias que se repiten, conflictos habituales o, sencillamente, un pensamiento revelador, que no queremos que se pierda de nuevo entre todas nuestras defensas.

4º Diario de terapia: Quizá la más importante de las funciones de nuestro cuaderno de bitácora y quizá también la más difícil de ejecutar. INMEDIATAMENTE después de cada sesión, tendremos que buscar un lugar tranquilo, de paz. Puede ser un banco en la calle, una cafetería o, incluso, una sala dentro de la clínica donde estemos a gusto, en soledad, en silencio y en tranquilidad. Allí debemos esperar 2 o 3 minutos. No hace falta más. En solo 2 o 3 minutos tras la sesión, en silencio, nuestra mente hierve con lo sucedido en la sesión y tras estos 2 o 3 minutos, debemos escribir en nuestro cuaderno un pequeño párrafo. «¿Qué me llevo de esta sesión?» No debemos leer los apuntes de sesión sino intentar recordar «¿qué me llevo de esta sesión?» En la siguiente sesión, el terapeuta podrá pedirte empezar la sesión leyendo tu diario de terapia del ultimo día, ya que, muchas veces, lo que la se ha interpretado y lo que el terapeuta cree que se ha interpretado no tienen nada en común y, otras veces, el terapeuta desconoce lo que el paciente ha sucumbido a olvidar. Con esta dinámica, le será más sencillo, que no sencillo, el poder averiguarlo.

Javier Estévez – Psicólogo y psicopedagogo en Unidad Focus

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