Definiendo las emociones

Nuestro vocabulario, nuestra lengua y muchas otras están repletas de multitud de palabras que hacen referencia a como nos sentimos, qué emociones experimentamos y que sentimientos percibimos. Todas estas palabras, al analizarlas detenidamente, nos vamos dando cuenta de que nuestro conocimiento emocional es escaso. Por ello, también es difícil poner en práctica la gestión emocional. Para poder identificar nuestro estado emocional y posteriormente definirlo, tenemos que saber definir estas palabras y ponerlas en el contexto adecuado.

Actualmente se ha puesto muy de moda el concepto de inteligencia emocional y se habla de los diferentes procedimientos para aprender a gestionar emociones. Aunque los procedimientos varían según el modelo o autor, todos coinciden en el punto inicial: la necesidad de identificar y darle un significado a la emoción para que, posteriormente, se pueda gestionar. No obstante, antes de identificar una emoción, nos tenemos que hacer la pregunta más concreta:

¿Qué es una emoción?

Una emoción es un estado afectivo de corta duración que tiene un desencadenante claro. Cualquier emoción provoca una alteración corporal a la persona provocada por la segregación de diferentes hormonas a fin de preparar el organismo para realizar una respuesta rápida ante el desencadénante de la emoción. Esta segregación de hormonas provoca diferentes estados físicos dependiendo de la emoción, como, por ejemplo, palidez en el rostro, sequedad de boca, sudoraciones, palpitaciones, etc… Dada esta activación hormonal, las emociones tienen una intensidad emocional elevada, pero de corta duración, ya que hacen una aparición brusca y, por ende, una desaparición también rápida.

Se entiende por sentimiento una reacción emocional que se mantiene en el tiempo después de que el estímulo que lo haya desencadenado haya desaparecido. De hecho, el causante del sentimiento es muy difuso y a veces no es identificable. La intensidad emocional que percibimos ante un sentimiento es baja, la cual perdura en el tiempo. Este sentimiento suele ser más consciente, reflexivo, estructurado y complejo para la persona.

Vamos a ejemplificar estas definiciones mediante un ejemplo que la gran mayoría (por no decir todos) hemos experimentado: el enamoramiento.

La emoción del enamoramiento se suele sentir como muy intensa y haciéndote sentir “mariposas en el estómago”.

Esta sensación tan bonita y citada a lo largo de la historia de la humanidad por diferentes artistas (como poetas) es simplemente una activación elevada del nervio vago (Sistema Nervioso Parasimpático), el cual, se encarga (entre otras funciones) de incrementar los niveles de acetilcolina en el cuerpo. Esta reacción fisiológica, explicada tan fríamente tiene un desencadenante claro (la persona de la cual se está enamorado) y una respuesta fisiológica específica. Todo ello genera la necesidad de ver a esa persona, buscando formas de coincidir y sintiendo un salto en el corazón cada vez que la ves. Esta taquicardia y este pensamiento más obsesivo son los síntomas más biológicos y cognitivos de la emoción del enamoramiento. Una vez esa emoción tan intensa pasa, la persona ya no siente esas mariposas, o esa taquicardia con esa persona, cae “de esa nube” donde se piensa que la otra persona es perfecta, y puede llegar a conocer realmente a esa persona. Al empezarse a conocer, ves que esa persona tiene unas cualidades y unos defectos, tiene diferentes facetas, se tienen ganas de ver a esa persona, describir intereses comunes, sintiéndote cómodo/a, comprendido/a, a gusto con esa persona, te hace sonreír, etc. Todas estas conductas, pensamientos, deseos son del sentimiento del enamoramiento. Estas sensaciones son menos intensas, pero perduran más en el tiempo. Imaginemos que las personas sintiésemos la emoción del enamoramiento en todo momento. La persona sentiría una gran tensión cada vez que se va la otra persona, sintiendo largas las esperas y con ansiedad, deseando hacer y pasar todo el rato juntos/as. No sería deseable ni sano.

Una vez definido que es una emoción y que es un sentimiento, el siguiente paso para poder empezar a identificar emociones es conocer qué tipo de emociones hay a fin de poder identificar qué sentimos en cada momento.

Todos los seres humanos tenemos unas emociones universales, las cuales son independientes de la cultura, el momento histórico y la edad de la persona, teniendo un patrón físico determinado y una expresión facial concreta. Las cuatro emociones básicas más estudiadas científicamente son el miedo, la tristeza, el enfado y la alegría.

El miedo es una emoción la cual se desencadena cuando algo se considera amenazante para la persona. Dicha amenaza puede atentar a la integridad física, psíquica o social. La persona suele sufrir tensión muscular, taquicardia, hiperventilación a fin de preparar el cuerpo para la supervivencia del individuo.

La tristeza se percibe cuando la persona ha sufrido una pérdida material, de expectativa o de una persona. La función de esta emoción es poder reflexionar con relación a la pérdida para poder asimilarla y aceptarla. La persona suele sentirse cansado, sin energías, pero con la cabeza con una gran actividad mental.

El enfado es generado en situaciones que se interpretan como una ofensa o una injusticia, teniendo la función de hacerse respetar y poner un límite personal ante la agresión. Suele aumentan la tensión corporal, la frecuencia respiratoria y los ojos abiertos.

La alegría es causada por alcanzar logros o metas propuestos y al recibir una valoración positiva. Su función es de reequilibrar el bienestar de las personas, reparando el posible daño causado por las otras emociones y permitir reestablecer o crear nuevos lazos sociales. En la persona se observa una sonrisa, con tendencia al humor y se facilita la socialización.

Antes de poner los ejemplos pertinentes para comprender mejor las emociones básicas, es importante enfatizar que en ningún momento hemos aportado información sobre la conducta o la reacción que puede tener una persona ante un evento. Un gran número de personas intentan comprender las emociones de los demás a partir de sus conductas, de sus acciones. Si nos fijamos en qué hacen los demás y no nos percatamos en cómo lo viven los demás, será imposible de comprender.

Este error de intentar comprender a los demás según la conducta que tienen suele darse más cuando hablamos del enfado. Es frecuente relacionar el percibir enfado con explosiones de ira, expresado con gritos, rompiendo material o haciendo cualquier conducta agresiva. Estas conductas realmente son de enfado, pero de un enfado desbordado, un enfado sin control. No obstante, hay muchos más enfados no desbordados, no percibidos por nadie y no gestionados. Los cuales, al no ser expresados se van acumulando hasta que la emoción se desborda.

De media, seríamos capaces de identificar enfado un mínimo de 2 veces al día. De hecho, constantemente estamos sintiendo emociones, pero no somos consciente de ellas hasta que nos interfieren en nuestros quehaceres, nos desbordan o aprendemos a identificarlas.

Por ello, repetimos que, para poder empezar a identificar correctamente una emoción, es necesario dejar de pensar en la conducta de la persona o en la situación que ha vivido esa persona y empezar a pensar en cómo esa persona ha vivido la situación.

Vamos a poner un ejemplo de una misma situación, la cual, dependiendo de la interpretación, se puede vivenciar con cada una de las cuatro emociones básicas explicadas.

Imaginemos que estás en clase, justo en ese momento en el que el profesor te da las notas del trimestre pasado y, al mirarlas, ves que has suspendido una asignatura.

Miedo. La persona percibe un peligro en ver una asignatura suspendida, pudiendo pensar que se reirán de él (amenaza a la integridad social), que alguien le dirá tonto o pensando que es tonto (amenaza a la integridad personal).
• Tristeza. La persona percibe como una pérdida no haber aprobado todas las asignaturas, sintiendo que ha fracasado y valorando dónde pudo haber hecho algo diferente.
• Enfado. La persona puede percibir el suspenso como injusto ya que había estudiado lo suficiente, se había esforzado más que las otras veces y merecía haber aprobado.
• Alegría. La persona tenía la expectativa de suspender más y siente satisfacción al ver que únicamente ha suspendido una.

Este ejemplo tiene como objetivo ilustrar la importancia de entender el significado de la emoción y empezar a identificar qué emociones sentimos, darles un significado y otorgarles la importancia que tienen. También es cierto que en una misma situación suelen aparece dos emociones básicas. Siguiendo el ejemplo anterior, la persona podría sentir miedo y tristeza ante el suspenso.

Estos conceptos nombrados en este texto chocan con la normalización de las emociones que tantas veces encontramos inherentes e inconscientes a las personas. Frases como “sí, me enfadé, pero no tiene importancia”, “bueno, si me puse triste, pero se me pasó rápido” son ejemplos de cómo intentamos ocultar las emociones y no darles la importancia que tienen. Esta identificación emocional es necesaria para empezar a identificar cómo nos sentimos e ir reduciendo las veces que la bloqueamos sin darnos cuenta o nos desbordamos sin tener el control de la situación.

Ferrán Vilalta

Psicólogo en Unidad Focus

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