Bienestar emocional, ¡Sí es posible!

Hoy he buscado en google la frase bienestar emocional y el primer artículo que aparecía en el apartado noticias es el que a continuación paso a comentar y que podéis leer en este enlace.

Tan pronto empiezas a leer la noticia “Bienestar Emocional ¡Sí es posible!” te encuentras con dos párrafos introductorios en los que introducen el concepto de bienestar emocional. Explican primeramente que es algo de lo que últimamente se habla bastante, y por otra parte, que es un término que no se entiende bien.

Efectivamente, y por desgracia, esto es algo que ocurre en nuestra sociedad. En él artículo se comenta, en el primer párrafo, que la salud emocional “no es tener la capacidad de no llorar, pelear, alterarse, o tornarse ansioso en público…” y también que “No significa que nada nos va a afectar, ni lastimar…”. Esta primera parte más referida a permitirse experimentar sentimientos o emociones de valencia negativa tales como la tristeza, la rabia y/o el miedo es más acertada ya que, todas nuestras emociones tanto las de valencia positiva (alegría, amor, ternura, euforia, admiración…) como las de valencia negativa (como las comentadas anteriormente y muchas más) tienen una función muy importante en la vida de la persona. Esta función es protegernos y ayudarnos a dar coherencia a las experiencias a las que nos vamos enfrentando en nuestro día a día.

Hago referencia a emociones de valencia positiva y/o negativa, en vez de emociones positivas y/o negativas porque todas las emociones son positivas. Esta cuestión que parece meramente nominal, es de gran importancia ya que aquello que se expresa va poco a poco “configurándonos” a nivel mental.

Posteriormente, en el siguiente párrafo, se produce una contradicción con lo que se comentó anteriormente. Específicamente se expone que

“la salud emocional es un estado de bienestar en el cual aprendemos a cómo manejar nuestras emociones, logrando exponer o prestándole más atención a nuestras emociones positivas (amor, alegría, buen sentido del humor) y prestándole menos atención o controlar las emociones que resultan algo negativas (odio, ira, celos, culpa, envidia)”.

Esto en sí mismo es contradictorio con lo expuesto anteriormente porque ¿cómo podrías permitirte experimentar emociones de valencia negativa prestándoles menos atención? y ¿acaso aquello que me desagrada es menos importante que lo que me agrada? Si esto fuera así cuando nos sentimos tristes, por ejemplo porque alguien cercano a nosotros ha fallecido, deberíamos no prestarle atención a esos sentimientos intentando únicamente sentirnos alegres, eufóricos… En definitiva, no permitiéndonos hacer el duelo que necesitemos por la pérdida de esta persona.

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Para finalizar el artículo proponen distintas estrategias para “lograr tener una salud emocional”. Sin entrar a valorar la fórmula elegida para el encabezamiento, comentar que en principio las cuatro estrategias propuestas, en sí, podrían ser acertadas para tratar alguna problemática relacionada con el control de impulsos o para problemas afines a este, pero no para trabajar sobre la salud emocional. Estas estrategias propuestas son: “Conócete, aprende a controlarte, busca tu motivación y ten pasatiempos”.

Todas las emociones, desde que nacemos, van ayudándonos a entender las relaciones sociales, hacia qué o quién acercarnos o alejarnos, qué repetir y qué evitar… por tanto, nos protegen y nos proporcionan una información muy valiosa sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno. Así, gestionar y entender nuestras emociones, pueden ayudarnos a adaptarnos mejor a cualquiera de las situaciones a las que nos podamos enfrentar en nuestra vida. Es decir, todo ello nos conduciría a lograr un estado de bienestar emocional porque habría una congruencia entre lo que experimentamos y lo que sentimos.

¿Qué podríamos hacer cuándo percibimos que ante un tipo de situaciones nos sentimos de una manera que entra en contradicción con nosotros mismos?

En primer lugar, podríamos intentar identificar qué emoción es la que me surge al exponerme a tal situación. A veces esto puede resultarnos de lo más sencillo, pero otras puede sernos más difícil, ya sea porque no sé poner nombre a aquello que siento o porque aquella emoción identificada no acaba de ajustarse por completo a aquello que siento. Si nuestro caso coincide con la dificultad por poner nombre a aquello que siento, puedo utilizar un emocionario (listado de emociones, muchas veces acompañado con imágenes identificativas), o también puedo hablar con otras personas con quien me sienta cómodo para poder organizar mi propio pensamiento.

En el segundo caso, hay veces que nos permitimos mostrar una emoción que está “como protegiendo” a otra que nos resulta más difícil a nivel emocional. En estos casos, y si uno nota que no gestiona muy bien sus emociones o que nunca se trabajó en este aspecto, puede ser más útil consultar con un profesional que nos ayude a acoger y generar un lugar seguro dónde poder explorar tranquilamente estas emociones.

Así, a modo de conclusión, podemos ver la importancia que tienen las emociones no solo a nivel afectivo, si no en todas las esferas del individuo. Por tanto, visto que de forma general no hay un conocimiento extendido sobre las emociones, deberíamos de empezar a fomentar ya desde los colegios el interés por este tema, poniendo a profesionales formados en la materia que impartan cursos a nivel emocional y que sepan motivar ya desde los más pequeños hacia algo que es tan importante en el desarrollo y buen funcionamiento del ser humano.

Alberto Rodríguez Beceiro

Psicoterapeuta Oficial Breve Estratégico

Unidad Focus   (C-15-003441)

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