Ansiedad infantil

Ansiedad infantil

En la sociedad en la que vivimos y con el año tan diferente y complicado que estamos viviendo, es probable que alguien de nuestro entorno, o incluso nosotros mismos, experimentemos o hayamos experimentado ansiedad.

Puede ocurrir también que la sintamos pero que nos cueste identificarla como tal y lo intentemos con frases como “tengo mucho estrés”o “estoy nervioso últimamente”.

Pero para poder identificarla, primero debemos de conocer un poco más acerca de ella,

¿qué es? ¿Cómo suele reflejarse en el cuerpo?

La ansiedad es la sensación de alerta que aparece cuando percibimos que algo amenaza nuestra integridad y que se encarga de preparar al cuerpo para movilizarse y reaccionar. Es una respuesta emocional derivada del miedo, que actúa como mecanismo de defensa del organismo y que, como todas las defensas y emociones, en primera instancia es adaptativa, pero puede volverse desadaptativa en determinadas situaciones.

Asimismo, sentir cierta ansiedad puede ser un mecanismo adaptativo y funcional que nos ayuda a sobrevivir y por eso es normal que todos lo sintamos en algún momento de nuestra vida. Esta ansiedad adaptativa podemos sentirla como una cierta necesidad de ponernos en marcha, ya que nos invita a la acción, por eso a veces también mejora nuestra concentración. Además, la ansiedad suele ir acompañada de una respuesta fisiológica, como la taquicardia, la opresión en el pecho, la dificultad para respirar, molestias digestivas, tensión muscular, sudoración, etc.

Sin embargo, hay veces que puede ser desadaptativa y generarnos malestar, como cuando aparece sin previo aviso o causa aparente y además de forma intensa. En estos casos estas reacciones fisiológicas se vuelven muy intensas.

ansiedad

La ansiedad deja de ser adaptativa cuando:

  • Genera malestar
  • No disminuye ni desaparece con el tiempo
  • Interfiere en el funcionamiento habitual
  • La respuesta de miedo es desproporcionada ante el estímulo
  • Las conductas que se llevan a cabo para afrontarla interfieren en la rutina y sensación de bienestar

Es importante tener en cuenta que la ansiedad no aparece solo en las personas adultas, también lo hace en los niños, pero de forma diferente.

La ansiedad infantil desadaptativa puede aparecer de distintas maneras:

  • Quejas físicas: puede aparecer en forma de presión en el pecho, corazón acelerado y dificultad para respirar. Además, pueden sentir dolores de cabeza, tripa o estómago sin causa médica que los explique.
  • Ira e irritabilidad: la ansiedad desadaptativa dificulta la regulación emocional, por lo que puede causar un estado permanente de irritabilidad en los niños. Asimismo, el cansancio de sentirse ansioso tanto tiempo les abruma y puede derivar en crisis de enfado o rabietas.
  • Tristeza: puede aparecer en forma de ánimo decaído, poca energía, apatía o llanto inexplicable.
  • Falta de concentración: la fatiga y el cansancio que supone que el organismo esté activado tanto tiempo a niveles tan altos, puede interferir a nivel escolar dificultando o impidiendo la concentración.
  • Preocupación y preguntas: la ansiedad puede manifestarse en forma de preocupación constante acerca de la seguridad de los seres queridos y de uno mismo. Esto hace que los niños a veces realicen preguntas de forma repetitiva, buscando validación y seguridad en la respuesta del adulto. Por ejemplo, preguntas en las que se aseguran todo el rato si estamos bien, si estamos contentos, o si a alguien conocido le ocurre algo o está enfermo pueden aparecer repetidas preguntas sobre si se va a poner bien, qué le va a pasar, etc.
  • Miedo a la separación: sobre todo a separarse de la figura de seguridad. Esto puede presentarse mediante crisis a la hora de separarse o también mediante la necesidad constante de estar en contacto con una figura de seguridad.
  • Evitación: puede producirse la evitación de las situaciones que generan ansiedad, como por ejemplo evitar situaciones sociales, dormir solos o hablar con desconocidos.
  • Problemas para dormir: pueden empezar a tener pesadillas por las noches, insomnio o falta de sueño reparador. También pueden aparecer problemas para el control de esfínteres
  • Tics o conductas repetitivas: como morderse las uñas, pellizcarse, tirarse o retorcerse el pelo. También puede aparecer tos nerviosa.
  • Infantilización: o vuelta a comportamientos más propios de cuando el niño era más pequeño. Como por ejemplo hablar con voz de bebé.

ansiedad infantil

¿Qué podemos hacer nosotros?

Lo primero que podemos hacer nosotros es no minimizar la emoción del niño, sino validarle y buscar qué puede estar provocando dicha ansiedad. Asimismo, en la ansiedad infantil es importante la regulación emocional del adulto o figura de referencia para el niño.

Frente a todo esto, es importante que pidamos ayuda a un profesional si las conductas se mantienen en el tiempo o nos sorprende por lo exageradas que son en el momento.

Eva Mareque, psicóloga en Unidad Focus

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